Del amor a los abusos

Hay lugares donde las mujeres se han convertido en “fábricas” de bebés

Del amor a los  abusos
Pattaramon Chanbua besa a Gammy. Una pareja gay de Australia dejó al niño, que la mujer tuvo para ellos, porque nació con síndrome de Down (APICHART WEERAWONG. AP)
Mundo 08/05/2016 01:45 Jerónimo Andreu / Corresponsal Madrid Actualizada 11:29
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En Australia, en Israel, en la mayoría de estados de Canadá, Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Holanda y Bélgica se acepta la gestación subrogada siempre que se realice con fines altruistas, aunque los niveles de restricción varían de acuerdo con cada nación (en Bélgica en la práctica es casi imposible, por ejemplo). “Veo la subrogación como 'compartir mi fertilidad' y, en mi caso, 'devolver un regalo'”, cuenta en la web de Surrogacy UK Jayne, una de las fundadoras de esta ONG de mujeres que quieran albergar el embarazo de otra pareja.

Jayne tuvo por este sistema a su primera hija, Abi, cuando pensaba que era estéril, pero luego parió dos niños propios por método natural. En “pago por aquel regalo”, fue gestante subrogada tres veces. Al principio cuenta que tuvo que vencer las reticencias de algunos familiares que temían que ella se arrepintiese al ver al recién nacido que debía ser para otra pareja, pero ya en su primer parto disfrutó dejando que los padres de intención cortaran el cordón umbilical y se sacaran fotos junto a ella y el bebé como si fueran todos miembros de un mismo clan. Varios de los embarazos que intentó fueron complicados y tuvo dos abortos, pero describe el conjunto de su experiencia como de una gran felicidad. “Estoy en contacto con las tres parejas a las que ayudé y también con la gestante subrogada por la que tuve a mi hija Abi. Quedamos juntos a menudo en nuestras casas. ¡Somos como una gran familia!”.

Casos tan armónicos como éste contrastan con los aspectos menos humanizados de la gestación subrogada, que coinciden siempre con procesos comerciales y, muy a menudo, con las agencias que ofrecen gestantes en el extranjero para parejas europeas y estadounidenses. La más grande del sector en España, muy criticada por sus planteamientos agresivos, vende un “seguro de vida de la madre subrogada, y reinicio del programa en caso de fallecimiento del bebé, tras su nacimiento”. Su web explica en qué consiste: “Garantiza el pago de una indemnización a la familia de la gestante sustituta en caso de fallecimiento de la misma, por causas derivadas del proceso de gestación subrogada. La garantía de reinicio cubre el deceso del bebé, tras haber nacido, cubriendo desde el 7º mes, hasta 20 días después de la semana 36. En el caso de producirse tan lamentable suceso, la compañía le ofrece un programa idéntico al que tenía contratado, totalmente gratis”.

Los casos de abusos o falta de sensibilidad palmaria se repiten periódicamente. Tailandia cerró la subrogación comercial a extranjeros en 2015 después de que en 2014 una pareja australiana dejase abandonado con la mujer gestante a Gammy, uno de los dos gemelos que había tenido para ellos, porque el niño padecía síndrome de Down. Eso sí: se llevaron a Australia a la niña sana. Y en 2015 India prohibió la subrogación comercial para extranjeros —un negocio de 2 mil 300 millones de dólares anuales— porque detectó que cientos de mujeres iletradas estaban siendo usadas con procedimientos casi fabriles en auténticas granjas de gestación.

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