San José.— La majestuosa serenidad del campus Rodrigo Carazo de la Universidad para la Paz —apacible rincón montañoso en las afueras de Ciudad Colón, suburbio de Costa Rica ubicado unos 20 kilómetros al oeste de la capital costarricense— contrasta con sus turbulentas disciplinas de estudio, que contemplan asuntos tan volátiles como derechos humanos, cambio climático, gobernanza, conflictos militares y construcción de la paz.

En aquella privilegiada atalaya bautizada en honor de un costarricense ya fallecido que fue presidente de Costa Rica de 1978 a 1982, el chileno Francisco Rojas Aravena, de 66 años, doctor en Ciencias Políticas y rector de la U-Paz, desgrana, en entrevista con EL UNIVERSAL, los desafíos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a 70 años de su fundación.

Aunque fue creada en 1980 e instalada en Costa Rica por acuerdo de la Asamblea General de la ONU, la universidad no está sujeta a las reglas de Naciones Unidas, pero defiende los principios de su carta fundacional.

¿Cómo enfrentar la imagen de que la ONU es un gigante burocrático?

—Es la institución multilateral más importante y al surgir de la Segunda Guerra Mundial con millones de fallecidos por las más grandes atrocidades, ha logrado un equilibrio y una estabilidad que difícilmente se hubieran conseguido sin su existencia. En la Guerra Fría fue bloqueada por las superpotencias —Estados Unidos y la Unión Soviética—, pero logró evitar el conflicto nuclear, como lo evita hoy. Toma decisiones esenciales para el futuro de la humanidad, como los nuevos objetivos del milenio post-2030 para erradicar la pobreza mundial con desarrollo sostenible y armonía con el medio ambiente. Pero todo depende de la voluntad política de cada Estado.

¿La institución es lo que sus miembros quieren que sea?

—Así es. Al cumplir 70 años busca modernizarse institucionalmente para asumir nuevos retos y que las decisiones sobre desarrollo social sean generadas desde los Estados y no de arriba hacia abajo.

Cuando hay graves violaciones a los derechos humanos en algún país y se generan las alertas, Naciones Unidas carece de instrumentos para actuar o tomar acciones preventivas.

Al llegar a Cuba el pasado 19 de septiembre, el papa Francisco alertó del peligro de una Tercera Guerra Mundial. ¿Es correcto?

—Es una advertencia notable. Se mantienen problemas atómicos tradicionales, como en la península de Corea o las dificultades de acuerdo entre Irán con Estados Unidos, Rusia, Francia, Reino Unido y China, como cinco grandes miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

La situación geopolítica más tradicional está en Europa, con la crisis (militar) en Ucrania por la tensión Rusia-Unión Europea-Organización del Tratado del Atlántico Norte. En América Latina hay tensiones que corren el riesgo de militarizarse aunque otras bajan, como Colombia, a las puertas de un gran acuerdo de paz. Pero las guerras civiles en África generan más muertos que las tradicionales, porque afectan a millones de civiles. Por eso es que esta Tercera Guerra Mundial afecta a la gobernanza básica de las distintas sociedades e involucra una acción de un terrorismo internacional que no respeta la vida humana ni la dignidad de ninguna persona.

¿Y el desarme mundial?

—El desarme es la gran asignatura pendiente en todos los terrenos, pero la responsabilidad del desarme es de quienes producen la mayor cantidad de armas y de quienes transfieren esa mayor cantidad de armas, que son a su vez los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

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