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Probando a Macron

Los franceses que eligieron a Macron no pueden acusarlo de mentirles. En su programa la reforma laboral es la más relevante
24/09/2017
02:16
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Nos dicen que la popularidad del presidente francés bajó tan rápidamente como había subido: como un soufflé si recurrimos a una metáfora de la cocina francesa. Y eso que Francia estaba de vacaciones, veraneando, del 14 de julio hasta el 31 de agosto. Ahora que Emmanuel Macron lanza su apuesta de reforma laboral, las cosas se van a poner serias y la famosa popularidad seguirá bajando. ¿Y qué? El elegido por los franceses tiene casi cinco años por delante y no puede dar golpes de timón en función de los sondeos, tampoco pensando en una reelección en 2022.

En su discurso del 3 de julio, frente a diputados y senadores reunidos, detalló la reforma institucional que desea hacer en un año, con reducción del número de curules e introducción de una dosis de proporcionales; luego dijo que “en materia económica, social, territorial, cultural, nuestro deber es emancipar a nuestros conciudadanos”. ¿Emancipar? se trata de favorecer “la movilidad económica y social por el trabajo y por el esfuerzo de todos … es el combate por la igualdad plena entre hombres y mujeres”. La palabra clave era “movilidad” y anunciaba la reforma laboral prometida durante la campaña electoral.

El País comenta, con razón, que lo que propone Macron obedece a la lógica que dictó “las reformas en casi toda Europa desde hace décadas… una propuesta en línea con la española” que se aprobó hace cinco años. La meta es “liberar las energías” de Francia para disminuir el paro (es de 9.5%) y “renovar profundamente” el modelo social. Concretamente eso significa quitar los frenos —algunos llegan a ser candados— al despido, para fomentar la contratación (que se volvería menos burocrática, más flexible). Los logros prometidos (más empleos, más inversiones) compensarían la reducción de seguridad en el empleo. Esas promesas no bastan para tranquilizar a los trabajadores y a los sindicatos que se sienten amenazados por la reducción de las negociaciones colectivas: en lugar de darse por sector de actividad, se negociaría con las empresas, lo que daría más fuerza a los empresarios.

A lo largo del verano se conversó intensa y discretamente con sindicatos y empresarios; el Consejo de Ministros aprobará el proyecto de reforma, antes de someterlo al Parlamento en octubre o a principios de noviembre a más tardar. No debería tener problemas en esa etapa, porque el presidente goza de la mayoría en el Congreso, pero falta ver que pasará en la calle. Bien lo dijo el gran Raymond Aron: “Francia, de vez en cuando hace una revolución, pero nunca reformas”. El gobierno socialista, por una reforma menor que aquella, tuvo que enfrentar a “la calle” y fue una prueba bastante dura. Hace quince días hubo una “jornada de acción y huelga” y ayer marchó la “Francia insumisa” de Jean-Luc Mélanchon, candidato a la presidencia y solidario con la revolución bolivariana, no sólo de Chávez, sino de Maduro. Mélanchon denunció la reforma como un “golpe de Estado social”. Se quedó sólo con su gente, sin los grandes sindicatos.

Los franceses que eligieron a Macron no pueden acusarlo de haberlos engañado. En su programa figuraba claramente la reforma laboral como la primera, la más importante y simbólica, anunciada en su libro Revolución; Revolución y no Reforma, porque pasar ese tipo de reforma en Francia es realmente algo revolucionario. Por cierto, los mexicanos vivieron en el siglo XIX, bajo la presidencia de Benito Juárez, una Reforma que pasó a la historia como La Reforma, con R alta. Esa Reforma fue más revolucionaria que las “revoluciones” de 1810 y de 1910. Le deseamos a Emmanuel Macron que logre semejante Reforma, sin guerra civil ni intervención extranjera.

Cajón de sastre: Los Zetas operan en Estados Unidos, a lo largo de nuestra frontera. Sé de un trabajador mexicano que pagó 2 mil 500 dólares para cruzar el Río Grande; tan pronto como pisó tierra, aparecieron Los Zetas, que les pidieron 3 mil 500 dólares a cada uno. Mataron a cinco que no podían pagar. Él se salvó porque logró, por celular, que sus parientes de Chicago depositaran el dinero en la cuenta indicada.

 

Investigador del CIDE

Jean Meyer
Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne. Es profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia...

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