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José Luis Martínez S. se ha impuesto contar la historia festiva de la Ciudad de México y contarla desde los pequeños personajes que muchos desdeñan porque creen que no dejaron huella en esta urbe que vivió tiempos mejores. “No veo una ciudad diversa donde haya un montón de discos gays, haya hoyos fonquis y piano bares donde estén las viejas estrellas de la canción. Veo todo muy acotado y una ciudad demasiado insegura para disfrutarla como se disfruta la noche”.

El periodista y editor que ha escrito sobre música, literatura, espectáculos y sociedad, ha echado mano de la memoria, de sus recuerdos, sus nostalgias y de sus textos publicados en sus primeros años en el periodismo para recrear la historia nocturna de nuestra urbe. Así lo hace constar en su libro El día que cambió la noche. Memorias de un noctámbulo en la Ciudad de México (Grijalbo, 2016).

Esta vez, el autor de La vieja guardia. Protagonistas del periodismo mexicano recupera la vida festiva de una urbe que se derrumbó con el terremoto del 19 de septiembre de 1985 y que al tiempo acabó con una intensa vida nocturna. Pero ese evento trágico fue la más simbólica de las causas, a las que se sumaron la crisis económica, la inseguridad y que no hubo relevo generacional en las estrellas y vedetes.

“A mí me gusta contar un poco la historia de estos personajes que son vistos un poco al margen, de lado, como si no hubieran contribuido a una atmósfera o a un tiempo de esta ciudad, eso es lo que pretendo. No es un libro que sea sobre el sismo; no me interesa escribir sobre un tema que ha sido muy bien abordado, me siento incapaz de volver a contar muertos y edificios caídos, toda esta tragedia que fue la destrucción de la Ciudad de México, me interesa recuperar una parte festiva de la ciudad. Por eso ahí están las voces de Luis Alcoriza, la de Margo Su y la Vicente Ortega Colunga”, señala Martínez S.

El director del suplemento cultural Laberinto asegura que, entre esos personajes, Don Vicente Ortega Colunga y Renato Leduc le enseñaron mucho y por eso están en su libro La vieja guardia y vuelven a estar aquí.

“Esta es una serie para ir recuperando a mis maestros. Yo he cometido muchos errores en la vida, pero de los que más me arrepiento es que durante muchos años tuve la oportunidad de convivir con estos personajes de la vieja guardia y nunca les hice una entrevista, todo era en las comidas, las borracheras, el trabajo; y también que viví muy de cerca el sismo del 85, pero nunca escribí una línea, no pude, siempre que quería hacerlo terminaba llorando, no sabía por dónde, no fui profesional en ese sentido, me ganó el sentimiento, pero tampoco tomé apuntes de tal lugar era así o ese otro así”, afirma.

Luego José Luis reconoce que posee algunos materiales que publicó en esa época, aunque muchos otros se han perdido. “Asumí un ejercicio de memoria en el que tal vez no todo sea exacto, no todo ocurrió de esa manera pero así lo recuerdo. Entonces para mí es verdadero”, afirma.

Su interés en El día que cambió la noche es recuperar esa ciudad que ya no existe para que no muera del todo. “Dice Gonzalo Celorio que México es una ciudad de papel, es decir, una ciudad cuya historia está en el papel. Los españoles destruyeron la ciudad de los mexicas, después la Independencia destruye parte de la ciudad, la Reforma destroza templos, con el porfirismo también se acaba otra urbe; la ciudad ha cambiado; sin embargo, permanece en las Crónicas de Bernal, en las Cartas de relación, en las crónicas de Salvador Novo, en las de Héctor de Mauleón, en todos los que la hemos habitado y de alguna manera buscamos en libros su historia, o contamos el pedacito de historia que nos ha tocado vivir”.

Sentado en el Café La Habana, donde escuchó cientos de historias contadas por Leduc y Ortega Colunga, José Luis Martínez afirma categórico que hoy vivimos en una ciudad oscura. “Vivimos en una noche oscura. La noche perdió su fulgor, perdió sus reflectores, perdió sus candilejas, ya no están esas marquesinas donde se anunciaban las grandes estrellas, ya no hay centros nocturnos como El Patio, donde tú podías ver a José José, a Juan Gabriel o a Samy Davis Jr. y cenar y bailar y a veces convivir con esos personajes”.

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