¿Cuántas posibilidades existen de que una persona, cuya niñez se desarrollo entre carencias, logre superar un panorama con pocos augurios para tener un mejor futuro? ¿Quién imaginaría que un joven de origen mexicano, que miraba los campos de California, donde recogía fresas, pepinos, cerezas y jitomates, más tarde contemplaría las estrellas y la tierra desde el espacio? ¿Cuál es la dimensión y fuerza del espiritu de un joven que gracias a su determinación estaría formando parte de un grupo de élite con los que desarrollo alta tecnología?

La vida de José Hernández Moreno es una clara muestra de que las posibilidades de que toda persona supere sus carencias para alcanzar sus sueños son infinitas. Con una niñez llena de carencias, hijo de una familia de trabajadores agrícolas mexicanos, con todo en contra para tener un futuro promisorio, creció viajando con su familia desde México hacia California, Estados Unidos, para la cosecha de productos del campo. A pesar de ello, alcanzó su sueño.

Ese niño que contemplaba los campos de California, con largas jornadas de trabajo bajo el sol, sembró en su espiritu guerrero la fuerza de los cohetes que un transbordador necesita como impulso para llegar al cielo y lograr al fin, sentado en la cabina del Discovery con la mirada perdida frente a una de sus ventanillas, contemplar la inmensidad del cielo estrellado y la magia de la tierra cubierta del azul bañado con la blancura de las nubes.

Fue esa misma fuerza la que le permitió vislumbrar el andar de sus pasos, superando las dificiles jornadas de trabajo entre las parcelas del campo para entender que solo con preparación y perseverancia lograría ser parte de un grupo selecto de profesionistas e investigadores para el desarrollo de alta tecnología. Su elección fue prepararse para ser parte de los mejores.

Esa visión de grandeza, de soñar en grande, se acuñó en su interior gracias a la influencia de su padre, quien le enseñó los cinco ingredientes de la receta para lograr sus sueños. José los ha comentado en sus libros y conferencias:

“Primero, decide que quieres ser en la vida, cuál es tu meta. Después, reconoce que tan lejos estás. Entonces, crea un plan o una ruta para alcanzar tu objetivo. Luego, preparate, estudia. Finalmente, dedicale la misma cantidad de esfuerzo que pones diariamente en el campo. Si mezclas esto tienes la receta para triunfar en la vida”. Y agregó uno más de su propia cosecha: La perseverancia. Este último ingrediente fue clave para que pudiera llegar al espacio.

De muy pequeño José descubrió a lo que se quería dedicar: Sentado frente al televisor junto a su familia, vió a un astronauta caminar sobre la luna. Esto le permitió a los seis años no medir su estatura de la cabeza a los pies, siempre lo hacia mirando al cielo pues soñaba con tocar las estrellas, recuerda ahora, pues quería ser como Gene Cernan, el último astronauta que ha caminado en la luna. El mismo que veía en la televisión.

Alcanzar las estrellas, que en el fondo era su sueño, significaba muchas cosas. Para lograrlo, como le explicó su papá, implicaba estudiar mucho y eso es lo que hizo. Entendió que un joven “puede alcanzar sus propias estrellas”, si estudia y si tiene clara su meta, crea un mapa para llegar a esa meta y sazona la ruta con las ganas y constancia, como le dijo su padre.

Por ello, creció entendiendo que su gran sueño ameritaba esfuerzo y preperación. Siguiendo el consejo de su padre, curso la Licenciatura en la Universidad del Pacífico de Stockton y el Posgrado en Ingeniería Electónica y Computación en la Universidad de California, Santa Bárbara. Ya preparado, trabajó en el laboratorio Nacional Lawrence Livermore, donde participó en el desarrollo de técnicas de análisis de imágenes en Rayos X cuantitativos, que sentarían las bases del primer sistema de mamografía digital de campo completo para la detección temprana de cáncer de mama.

El ingrediente adicional que comprendió se requería para alcanzar su sueño, la vida se lo demandó a los 30 años. A esa edad, realizó por primera vez su éxamen a la NASA, sin éxito. 11 veces más hizo su éxamen hasta que lo escogieron. La perseverancia ha sido clave en su vida. Por eso piensa que “no hay que darse por vencido, porque todo es posible en la vida”.

En la actualidad, aun tiene fresco el recuerdo de como en 2004 formó parte de la generación 19 de astronautas de la NASA, que le exigió prepararse durante dos años más para poder viajar al espacio. Nuevamente ese espíritu que se aferró siempre a su sueño, le exigió que aprendiera buceo, sobrevivencia en el mar, paracaidismo, entrenamiento físico y mental, y memorizar los 18 sistemas del Transbordador.

Finalmente, el 28 de agosto de 2009, realizó su sueño al viajar al espacio, cerca de las estrellas, con dirección a la Estación Espacial a bordo del Trasnbordador Discovery, como ingeniero de vuelo. Es el primer astronauta en enviar mensajes desde el espacio a la tierra en idioma español. Es un ser humano ejemplar, cuyo lema inspira y es toda una lección de vida: “Se vale soñar en grande”.

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