El Chelsea

afronta una temporada de lo más peculiar. Maniatados en el mercado de fichajes tras su sanción por parte de UEFA, en Stamford Bridge decidieron dar un golpe de mano recuperando jóvenes cedidos –aparte de la incorporación de Pulisic antes de que se hiciera oficial la sanción– y poner todo en manos de una leyenda blue: Frank Lampard.

La apuesta no está mal tirada, con una plantilla limitada a la hora de luchar por títulos, el inquilino del banquillo debía ser alguien que conociera la casa y al que la presión de una afición acostumbrada a ganar no le devorase.

Hay un famoso cuadro de Goya donde vemos a Saturno devorando a su hijo, Stamford Bridge no hace eso con los suyos. Con un inicio basado en dos derrotas ligueras y la pérdida de la Supercopa de Europa a manos del tirano Liverpool, no se encendieron las alarmas en la zona acomodada de Londres.

Lo cierto es que las sensaciones que el Chelsea dio en esos partidos no fueron malas… o mejor dicho, no fueron malas del todo. El equipo de Lampard salía ofensivo y jugaba de una manera vertical, llevaba peligro pero no remataba sus ocasiones. Eso sí, las segundas partes todo el planteamiento del técnico se diluía como un cubito de hielo en el desierto del Sáhara. Las dos caras de la moneda, el Doctor Chelsea y Mr. Hyde.

La tercera jornada liguera la escuadra blue visitaba Norwich y por fin Frankie respiró. La imagen que nos muestra lo que es el Chelsea a día de hoy la vimos cuando los londinenses se adelantaron en el marcador y todo el equipo corrió a abrazar a su entrenador. Este Chelsea es una piña, un bloque que está a muerte con su director de orquesta.

Esa será la clave para el éxito en un año complicado, que los jugadores crean en su entrenador y que éste siga otorgando galones a futbolistas jóvenes como Mason Mount o Tammy Abraham. La victoria llegó en un momento clave, en ese en el que la confianza pende de un hilo.

Porque es muy difícil hacer creer a un grupo de profesionales que el trabajo que se está haciendo es el correcto si los resultados no acompañan, pero en momentos de tribulación es cuando los grandes líderes emergen. Cuando eso sucede, curiosamente, la esquiva señorita fortuna suele guiñarnos un ojo cómplice y las cosas comienzan a fluir.

La primera victoria ya llegó, respira Frankie , respira…

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