Vamos a pensar, en el lado de la imaginacion, si un Extraño Enemigo, como indica el Himno Nacional invadiera nuestro país. Terrible, ¿verdad?

Y vamos a suponer que vence el EE y nos sojuzga. Y el invasor y el presidente (o presidenta) se sientan para acordar los términos de la ocupación. Los mandatarios delimitan uso de suelo, valores económicos, territorialidad, distancia. Siendo muy generosos, acuerdan hasta la integridad física de los mexicanos.

Lo que no acuerdan es la protección a la obra de arte porque, en el terreno de lo imaginario, al presidente mexicano no le interesa esa parte de la Historia de nuestro país. Al EE sí. Él de inmediato, al no mediar un acuerdo sobre piezas de arte, históricas o monumentos, se da a la tarea de saquear museos, galerías, a desmontar estatuas, piezas de arte, obras de los grandes maestros mexicanos.

Bien, ahora le toca a usted, lector, decir qué piezas protegería del amplio catálogo de nuestro país. El calendario azteca, por supuesto. La Coyolxauhqui en el terreno de lo prehispánico, evidentemente. ¿Qué cuadros de Roberto Montenegro? O qué murales de Siqueiros o de Orozco. Qué obra de Rufino Tamayo o de Sebastián. ¿El mural de Diego Rivera, Sueño de una tarde de verano en la Alameda? O qué obras de otros autores importantísimos para la consecución del pensamiento mexicano.

De todas estas cosas se ocupa la película Operación Monumento del director/actor George Clooney y dice la leyenda del principio basada en una historia verdadera.

De qué va, dicen ahora los modernos.

En 1943,ya casi al final de la Segunda Guerra Mundial, los Aliados hacen progresos conteniendo el avance de las potencias del Eje en Italia. El teniente Frank Stokes advierte al presidente Roosevelt que la victoria tendrá muy poco significado si los grandes tesoros artísticos de la civilización occidental se pierden en la contienda. Stokes recibe entonces la misión de formar una unidad del ejército, bautizada como los Monuments men (que así se titula el libro en que está basada la cinta del autor Robert Edsel) y compuesta por directores de museo, conservadores, historiadores de arte y arquitectos, para localizar y rescatar las obras de arte robadas por los nazis y devolverlas a sus legítimos propietarios.

Una frase que dice Goerge Clooney es la que define la cinta. Nadie tiene porque ser el dueño del pensamiento universal. Y en eso tiene mucha razón el autor del libro, el guionista y hasta Geroge Clooney, vamos. La cinta se desarrolla entre rescates óptimos y muertes de algunos de los Monuments men. Se gozan las actuaciones de Bill Murray, George Clooney, Matt Damon, Cate Blanchet, John Goodman y las de muchos otros que aparecen en este film que será emblemático, no lo dude el lector.

Pero, siguiendo la línea imaginaria que se da a través de nuestro relato. Realmente, en estos tiempos de mendacidad electoral, ¿de verdad alguno de los candidatos a cargos públicos se interesa por el patrimonio cultural de México? Mire que hablamos de uno de los más grandes, no solo en calidad sino en cantidad.

Si ocurriera algo como lo que se plantea en la cinta aludida, ¿nuestros políticos estarían a la altura defendiendo lo que cientos de años significan para el arte y la cultura? Habría que verlo. La realidad es que ante la presencia infame del EE, México debería poner a salvo, antes que nada, la obra artística, histórica, arqueológica que dignifica el espíritu, la mente, la veracidad del ideario mexicano. En verdad lo creemos. ¿Qué pasó con los Monuments men?

El propio Clooney declaró que, el 80 por ciento de la historia es completamente real y verídica, y casi todas las escenas ocurrieron en realidad. El relato de algunos de los eventos fue alterado para darle un mayor nivel dramático a la recuperación de estos tesoros. Iré un poco más lejos que el actor y director de la cinta. ¿Qué es realmente una obra de arte?

Una obra de arte es un objeto físico que puede tener un valor estético o conceptual. Puede ser una pintura, escultura, fotografía, instalación, un dibujo, un collage. Muchas leyendas se cuentan alrededor de ellas. Por ejemplo, el caso en otra cinta, Un novato en la mafia dirigida por Andrew Bergman donde un anonadado Matthew Broderick ve cómo la hija del jefe mafioso le muestra que su papá tiene en su sala la Monna Lisa.

La hija, la actriz Penelope Ann Miller le dice de la admiración que profesa el padre por la obra es inmensa, tanto es así que en la gira por Estados Unidos, la cambió por una réplica idéntica que es la que se exhibe en el Louvre. La original se quedará en casa, termina la hija del mafioso, porque aquí estará mejor resguardada.

Esa es la tesis de la otra cinta, Operación monumento. La obra de arte es pública, humanitaria, democrática porque está ahí, en su nicho, pedestal, marco o pared, para que la vea todo el mundo. No es propiedad de nadie. Su valor es universal porque sus creadores así lo quisieron. Tenerla un solo hombre, un solo partido es aberrante, indecente, prepotente.

Ahora bien, no todo es fácil para estos rescatadores de arte. Los primeros en oponerse a la empresa son precisamente los militares. En una escena, un coronel niega darle hombres al teniente Stokes para el rescate de las piezas.

No le voy a decir a una madre que su hijo murió por rescatar un cuadrito, dice el airado coronel desdeñando la instrucción del propio presidente de los EE UU. Algún otro general da su apoyo, pero la constante de la cinta es precisamente el desdén por la creación artística. Los alemanes se hicieron con más de 5000 obras de arte, todas para nutrir el museo del Führer. El imperioso Hitler mismo fue estudiante de artes plásticas en Viena. No fue muy bien recibida su obra, quizá por eso la pretensión de apropiarse del patrimonio artístico y cultural de la Humanidad.

Las reflexiones podrían seguir y seguir porque Operación monumento (2014) es un privilegio porque nos hace entender que no solo existe la Mona Lisa o la Última cena, que no solo nos debemos al David o a las Meninas sino que existen muchas otras, miles, de obras que deben ser resguardadas en museos, galerías, salones donde todos podamos verlas, apreciarlas, estudiarlas y conocerlas. Las generaciones venideras tienen ese derecho, esa obligación, ese deber.

Con su misión concluida, los Monuments Men regresan a sus vidas civiles junto a sus familias. Stokes (George Clooney) informa al nuevo presidente, Harry Truman, de las grandes cantidades de obras de arte y otros elementos de importancia cultural que se han recuperado, y pide quedarse en Europa para supervisar más búsquedas y restauraciones. Truman le pregunta si cree que todos sus esfuerzos han valido realmente la vida de los hombres que ha perdido, y Stokes responde con firmeza que sí.

Truman le pregunta entonces si cree que, treinta años después, alguien recordará que esos hombres dieron su vida por salvar una obra de arte. En la escena final, y perdón el spoiler, ambientada en 1977, un anciano Stokes responde afirmativamente mientras lleva a su nieto a visitar la Madonna de Brujas, rodeados de visitantes que admiran este y otros tesoros artísticos de la Humanidad que los Monuments Men lucharon por proteger durante la guerra.

Interesante propuesta. Hombres que dan su vida por proteger obras de arte. Reflexionemos en ello, porque es quizá la única esperanza que nos quede.

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