Los gobiernos morenistas han dominado con excelencia el camino para evadir sus responsabilidades. Pueden estar en medio de una crisis, pero a través de su calculadora narrativa se exculpan y justifican sus errores garrafales, los cuales no han sido pocos ni menores. Su capacidad de absolverse la vemos, por ejemplo, en las costosas megaobras que realizó a capricho el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Se hicieron a las prisas y sin rigor técnico y hoy estamos viviendo las consecuencias. Lo más grave es que han cobrado la vida de personas y han tenido altos costos económicos y ambientales sin que haya consecuencias para los verdaderos responsables. Mencionaré tres casos.

La refinería Dos Bocas no opera al 100 por ciento como asegura la presidenta Claudia Sheinbaum. Su costo ha triplicado el presupuesto original sin que esto haya garantizado las metas de producción. Para los especialistas, el sistema de la refinería está bajo un alto estrés operativo porque están forzando las instalaciones.

A pesar de ser nueva, Dos Bocas ha sorteado en los últimos dos años fallas, fugas de crudo y gas, así como incendios. El más grave, registrado el pasado 17 de marzo, donde murieron cinco personas. Pese a lo serio de los hechos nadie resultó responsable.

El Tren Interoceánico es otra obra hecha al “ahí se va”. Desde su ejecución, la obra estuvo inmersa en escándalos de opacidad y corrupción. Una investigación periodística hizo pública una conversación atribuida a Pedro Salazar Beltrán, primo de los hijos del expresidente López Obrador y Amílcar Olán, empresario que fue beneficiado con contratos en el proyecto. En la llamada se hace referencia al pago de sobornos, sin embargo, no se realizó investigación alguna.

El pasado 28 de diciembre, el tren se descarriló en Oaxaca. El saldo fue la muerte de 14 personas y un centenar de heridos.

En el resultado de la investigación no mencionaron los presuntos actos de corrupción. La Fiscalía General de la República culpó al maquinista y a los trabajadores por exceso de velocidad, pero nunca mencionaron que el sistema de intercomunicación, las cámaras y el velocímetro estaban fuera de operación. Hicieron uso de su narrativa y de las instituciones para exculparse.

Por último, el Tren Maya. Su mala cimentación de pilotes en el tramo cinco presenta hundimientos. Personal del ejército ya realiza apuntalamientos, mientras organizaciones no gubernamentales advierten de la vulnerabilidad del suelo por cavernas y cenotes. Alertan que la situación puede agravarse si lo convierten en un tren de carga. De la brutal contaminación de cenotes y el derribo de millones de árboles para su construcción, nadie se ha hecho responsable.

Las tres obras se distinguen por la improvisación y son ineficientes. Dos de estas ya cobraron la vida de 22 personas, y la tercera es vulnerable y requiere altas inversiones para su reparación. Si la presidenta Sheinbaum no realiza auditorías e investiga seriamente estas obras, pasaría de ser víctima a cómplice de López Obrador.

Comentario final: Aunque los morenistas intenten adjudicarle al Poder Judicial la entrega de permisos de casinos a la familia de Hernán Bermúdez, lo cierto es que cercanos al líder del cártel La Barredora fueron beneficiados.

Por cierto, semana treinta: ¿Cuándo terminará la impunidad de Adán Augusto López?

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