El futbol es parte de mi identidad al igual que para muchos mexicanos. Varios de nosotros hemos crecido siendo aficionados a una camiseta. Nunca he negado mi amor por mi Azulceleste aunque cada temporada me haga pegar tremendos corajes. Asistir al estadio a apoyar a mi equipo, ya sea al Cruz Azul o a la Selección Nacional, es una moneda al aire: es vivir la euforia o sentir tristeza profunda.
Esa pasión me ha llevado a asistir a diferentes mundiales de futbol: México 86, Italia 90, Estados Unidos 94, Francia 98, Alemania 2006 y Brasil 2014. La emoción de echar porras al Tricolor produce adrenalina pura. Es encontrarte con mexicanos fuera de nuestro país y sentirte como en casa. Es experimentar el cobijo por el entusiasmo que provoca cantar el “Cielito lindo”.
En unas semanas se celebrará el Mundial 2026 en México. En esta ocasión, los estadios estarán llenos de suertudos y de aquellos que pudieron comprar boletos costosísimos en reventa. Pocos podrán ser los mexicanos pamboleros de hueso colorado que tendrán acceso a los partidos de futbol en nuestro propio país.
El proceso para comprar entradas a esta Copa del Mundo se ha convertido en un camino largo y desgastante para los que somos asiduos seguidores del futbol.
Lo que antes dependía de ahorrar, buscar agencia de viajes, comprar una serie de partidos y, en algunos casos, comprar boletos hasta en taquilla. Ahora, depende de sorteos, algoritmos y filas virtuales que pueden durar horas sin garantizar la compra de un solo boleto.
He vivido este recorrido tortuoso y se los comparto. En septiembre del año pasado me inscribí al primer sorteo para tarjetahabientes del patrocinador, pero como muchos aficionados no fui seleccionada. En octubre lo volví a intentar en el sorteo anticipado y tampoco lo logré.
¡No me di por vencida! En diciembre pasado participé ahora con más claridad sobre las sedes y los partidos. Busqué boletos en distintas ciudades, desde fase de grupos hasta eliminatorias directas, incluida la final. Sin embargo, me quedé con las manos vacías, no sirvió de nada que eligiera 20 partidos.
Mi último intento fue este mes, en la venta de última hora, ¡una tomada de pelo!
En una fila virtual esperé más de ocho horas, pero cuando fue mi turno los boletos ya se habían agotado.
Se acerca el día y todo indica que a los estadios irán los influencers, los suertudos y los que podrán pagar los codiciados boletos en la reventa, que se cotizan entre 50 mil a un millón de pesos. Algunos son inalcanzables. Bajo estas condiciones, los estadios de futbol pasarán de ser generadores de adrenalina y celebración popular a ser impulsores de las grandes corporaciones y del negocio millonario. Somos muchos los desilusionados.
Comentario final
Lamentable lo sucedido en las Pirámides de Teotihuacán en donde un hombre disparó contra turistas, resultando una mujer canadiense asesinada y 13 personas heridas. ¿Falta de seguridad en la zona turística? ¿Resultado de impunidad en nuestro país? ¿problemas psicológicos del tirador? Lo cierto es que la seguridad sigue siendo un gran pendiente del gobierno morenista de cara a la celebración del Mundial de futbol.
Semana veintinueve: ¿Cuándo terminará la impunidad de Adán Augusto López?
Ciudadana
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

