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Determinismo geopolítico

21/12/2019
02:20
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El polémico y fugaz asilo de Evo Morales dio pie para que algunos afirmaran que, con ello, recuperamos liderazgo en América Latina. En realidad fue lo contrario: como otras veces en el pasado, México se aisló por tomar posiciones contrarias a la mayoría de los países de la región. Se agudizó el aislamiento del gobierno de la 4T iniciado con la postura asumida respecto al ilegitimo presidente venezolano, igualmente repudiado mayoritariamente. El supuesto liderazgo no ha existido, pues amén de ser imposible una misma orientación político-ideológica entre las más de 40 naciones de Latinoamérica y el Caribe, la omnipresencia de Estados Unidos siempre ha sido polarizante, e históricamente hemos antagonizado con regímenes de derecha y de izquierda. Adicionalmente, el elevado número de pobres, la perversa distribución de la riqueza, la desbordada violencia (97 asesinatos diarios), los feminicidios (9 cada día), el que compartamos con Siria el primer lugar en asesinatos de periodistas, la corrupción sistémica, la deficiencia educativa, los altos índices de obesidad, etc., nos descalifican para ser líderes de alguien. Como todo ello es cortesía de nuestros pésimos gobiernos, es risible que pretendan ser líderes de algo.

Al margen de lo anterior, el que México sea el único latinoamericano ubicado en el norte del continente, obliga a que las prioridades no estén en el Sur. Bien decía Napoleón que geografía es destino: el geodeterminismo que nos vincula a la superpotencia es abrumador, y nos ha forzado a inventar fórmulas para estar más cerca de AL, como la de dicho liderazgo. Venustiano Carranza fue quién priorizó los nexos con A L mediante la doctrina que lleva su nombre enunciada en 1918. Pero más que una directriz de política exterior, tuvo el propósito de allegarnos un nuevo contrapeso a EU. Como las reivindicaciones nacionalistas de la Revolución de 1910 nos contrapuntearon con los dos socios históricos fundamentales, Europa y EU, el viejo continente ya no pudo seguir desempeñando el papel que, ahora, se asignó a AL. En lo sucesivo, nuestra región hermana formó parte del discurso oficial, aunque, como lo demuestran datos duros, ello fue más retórico que real.

En 2018-2019, nuestros grandes socios comerciales fueron EU, China, Canadá, Alemania, Japón y España, quedando en un séptimo lugar el principal socio —y rival— sudamericano: Brasil. A mayor abundamiento, América del Norte concentra el 80% de los intercambios: Brasil apenas el 1.5%. No solo son rubros materiales —el comercio con el Norte supera los 500 mmd— sino también muy humanos: alrededor de 35 millones de mexicanos viven en EU, y diariamente cruzan la frontera un millón de personas. En suma, las regiones con las que tenemos más nexos son, en orden de importancia: América del Norte, Europa, Asia y América Latina.

Esa agobiante realidad geopolítica explica la enorme importancia que se ha dado a la aprobación del T-MEC. Como la economía mexicana ya está integrada a la de EU, nuestro gobierno de izquierda ha hecho obsecuentes concesiones a Washington, que ni los neoliberales hicieron. Cabe preguntarse qué piensan los pocos “aliados” de izquierda que le quedan a la 4T como Cuba, Venezuela y Argentina —y también los ideólogos radicales de Morena— sobre el muy pragmático nuevo liderazgo mexicano. Frente al ineludible determinismo geográfico, los gobiernos priistas recurrieron a gestos retóricos y simbólicos, a artificios y posturas latinoamericanistas como contrapeso a la imparable integración con EU. Sus descendientes de derecha (PRIAN) y de izquierda (PRIMOR) continuaron la misma estrategia para no verse tan proclives hacia el imperialismo yanqui. Todo cambia para quedar igual.


Internacionalista, embajador de carrera y académico

Walter Astié-Burgos
Estudió en la FCPyS de la UNAM y cuenta con posgrados en Londres, Bruselas y Caracas. Adscrito a misiones de México en Roma, Londres, Bruselas, embajador alterno en Washington y titular en Dinamarca...