En artículos anteriores destaqué la tragedia de que, en el siglo XXI, confrontamos graves amenazas globales, pero no contamos con el único medio capaz de encararlas: respuestas igualmente globales diseñadas multilateralmente. Ese problema lo han agudizado los gobiernos populistas, pues por ser nacionalistas, unilateralistas, nativistas, aislacionistas y xenófobos, están minando el poco efectivo multilateralismo existente. El mejor ejemplo de esa tragedia es la pandemia del Covid-19, ya que las acciones tomadas han sido individuales, surgiendo un poco solidario “nacionalismo sanitario”, formulado conforme a egoístas intereses localistas y, peor aún, de acuerdo a conveniencias políticas personales. Como ello provocó el recrudecimiento y letalidad de la pandemia, de remate se sabotea aun mas la indispensable cooperación multilateral trasladando la culpa a otros países o a la propia OMS.

En vista de que de esa forma se ha enfrentado la pandemia, el encontrar la solución mediante una vacuna no es diferente. Aunque hay cierta cooperación internacional, el principal esfuerzo está a cargo de pocas naciones que tienen la necesaria capacidad científica y financiera, que no solo buscan solucionar el devastador problema que afecta a la humanidad y a la economía mundial, sino también triunfar en la contienda geopolítica por la supremacía en el siglo XXI. Quien se convierta en el “salvador del mundo” se anotará un notable triunfo, pues no solo adquirirá enorme prestigio y un fabuloso mercado de mas de siete mil millones de usuarios, sino que contará con una poderosa arma biológica para poner a salvo a su población, y decidir que pueblos pueden evitar la plaga.

De la misma forma que en la Guerra Fría se registró una frenética carrera armamentista y para explorar el espacio, actualmente EU, Europa y China compiten por la vacuna. Trump ha presionado y otorgado considerables recursos a las farmacéuticas -principalmente a Moderna- para producirla, con lo que afianzará la posición de EU como principal potencia, encubrirá su pésimo manejo de la pandemia que convirtió a su país en el epicentro mundial de la misma, e incrementará la posibilidad de reelegirse en una contienda que va perdiendo. Para China -que asignó la responsabilidad al ejercito y a 1,000 científicos- será un paso mas en su imparable ascenso a la supremacía, el desquite contra su antagonista estadounidense, y borrará la mala imagen de haber iniciado el contagio planetario. La Unión Europea y algunos de sus miembros en lo individual -Alemania, Francia y España- buscan hacer sentir su peso en el juego geopolítico, recuperar pasadas glorias, y minimizar el duro golpe del BREXIT. En atención a que los principales avances son de la Universidad de Oxford conjuntamente con los laboratorios AstraZeneca (3OO científicos en acción), la ahora solitaria Gran Bretaña demostraría puede ser gran potencia fuera de la UE. Otro contendiente que busca desempeñar el papel de primer nivel que antes tuvo, es Rusia, por lo cual Putin presiona fuertemente a sus científicos para que aprueben la vacuna en agosto, aunque tengan que ignorar indispensables protocolos de seguridad. En esa misma tesitura se encuentran Irán, Israel, India y Australia.

Pese a todo lo negativo de dicha competencia, que no solo se conduce por motivos altruistas y humanitarios, sino por mezquinos intereses materiales y políticos, no puede ignorarse que la muy humana competencia para triunfar y recibir reconocimiento, favorece encontrar soluciones a los grandes problemas. En suma, la infame pandemia trastocó todo el sistema mundial, y su solución mediante la codiciada vacuna, igualmente creará un nuevo equilibrio geopolítico.

Internacionalista, embajador de carrera y académico

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