Todo inició con Bosman

Víctor Alvarado

Con equipos plagados de estrellas, los más importantes empezaron a llamar la atención más allá de sus zonas de influencia natural

Mucha polémica, especialmente en España, se ha desatado por el cambio de sede y formato de la Supercopa. Revisemos, se juega en Arabia Saudita, y para muchos puede sonar ilógico, pero también suena global y acorde al mundo del siglo XXI. No es mi intención juzgar o argumentar a favor y en contra de este tipo de acciones. Naturalmente, suelo tener una mirada desde los negocios y la mercadotecnia deportiva, pero estas disciplinas no logran su propósito cuando tampoco preservan ciertos valores y esencias.

Hay una lógica que puede parecer simple: si quieres a los mejores jugadores en tu equipo, se requieren inversiones. Para invertir, requieres obtener capital, y para obtener más capital, requieres ampliar tu negocio o producto. Y eso es lo que estamos viendo en el mundo deportivo: FIFA está estudiando una Copa del Mundo cada dos años, la NBA colocó marcas en sus uniformes y juegan partidos de Liga fuera de Estados Unidos, la NFL lo mismo. Por eso, ciertos defensores de estas nuevas experiencias, dicen: “¿Quieren tener a Mbappé? Tenemos que abrirnos a esto”.

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Lo importante aquí es visualizar que es una consecuencia de la globalización del deporte. Algo que sucedió derivado de un evento que las nuevas generaciones no conocen lo suficiente: el “caso Bosman”. Jean-Marc Bosman demandó al RFC de Lieja (Bélgica) por un traspaso que no le permitieron hacer a un equipo francés, alegando que se estaba violando un tratado que establecía la libre circulación de trabajadores en la Unión Europea (UE). El resultado fue que el Tribunal de Justicia de la UE declaró ilegales las indemnizaciones por traspasos y los cupos de extranjeros entre ciudadanos de la Unión.

Esto transformó al futbol. Derivado de esta resolución es que empezamos a ver a estos equipos con jugadores de muchas nacionalidades. Una especie de “selección de selecciones europeas”. Básicamente, los extranjeros en Ligas europeas eran americanos, asiáticos y africanos. Fue la época en la que se le denominaban a esos jugadores como “no comunitarios”. Además de provocar una vorágine de traspasos, equipos de estrellas, también se propició un éxodo de jugadores a temprana edad y las famosas naturalizaciones.
 

Con equipos plagados de estrellas, los más importantes empezaron a llamar la atención más allá de sus zonas de influencia natural. Se globalizaron, adquirieron mayor notoriedad, más valor y fueron capaces de generar más negocio. Mantener ese nivel competitivo y de atención requiere recursos; por eso, estamos viendo estas nuevas “líneas de negocio-espectáculo” que buscan atraer ingresos, pero también acercar a los equipos globales con sus audiencias de otras regiones. Bosman nunca pensó todo lo que se derivaría por su caso, en 1995. Los románticos quizá tendrían que reclamarle, pero otros agradecerían la oportunidad que surgió para ver equipos plagados de estrellas.

@vic

 

 

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