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Las brechas de la educación a distancia

Verónica Irastorza

En México la educación parece no importar. En semáforo naranja abren los restaurantes y casinos mientras las escuelas se mantienen cerradas. El aumento en inequidad de este país será brutal. La brecha entre hombres y mujeres se amplía y también entre ricos y pobres. En Europa, la educación es prioritaria y mientras prohíben reuniones de adultos en espacios públicos cerrados, los niños y niñas siguen yendo a la escuela.

Si los niños y niñas no van a la escuela, alguien tiene que cuidarlos y son las mujeres quienes mayoritariamente lo hacemos. Según la ONU, las mexicanas dedican el triple de tiempo que los hombres a realizar trabajo doméstico y de cuidados. El Secretario General de la ONU advirtió que el Covid podría revertir el progreso que se ha logrado en igualdad de género y derechos de la mujer.

Además de tener un alto costo para las mujeres, tomar clases en la casa no es un buen sustituto de las clases presenciales. Las escuelas no solo son para aprender sobre matemáticas y español, sino también para aprender habilidades sociales y emocionales. El costo puede resultar en problemas de salud distintos de la infección, como angustia y miedo. Para muchos niños y niñas, la escuela es el lugar donde pueden estar seguros mientras sus padres trabajan, donde reciben alimentos saludables y donde aspiran a ser mejores. En México más de 30 millones de estudiantes se han mantenido fuera de las aulas desde marzo. Muchos de ellos, abandonaron la escuela pese a los esfuerzos de la educación a distancia. El PNUD estima que 1.4 millones de estudiantes no regresarán la escuela, esto, en un país donde el promedio de escolaridad son solo nueve años.

De acuerdo con el INEGI, menos del 20 por ciento de los hogares de estrato bajo tiene conexión a Internet. Siguiendo las clases solo por televisión será muy difícil que aprendan. En el salón de 1º de secundaria de Bosenchebe, menos de la mitad han entregado sus tareas. En contraste, prácticamente todos los hogares de estrato alto tienen internet y pocos dejarán la escuela. Sin embargo, este grupo está pasando muchas más horas frente a la pantalla, lo que también tendrá consecuencias. La brecha entre niveles de ingreso se amplía y todos saldrán afectados por la pandemia.

Con el Covid aún hay mucho por entender, pero hasta ahora los científicos estiman que la niñez tiene alrededor de 50% menos probabilidad de contagiarse que los adultos y si se enferman, generalmente no son casos graves. Diversos estudios muestran que en las primarias ha habido muy poca transmisión del virus. En Inglaterra, donde han estado abiertas las escuelas, menos del 0.2% de los niños de kínder y primaria se han contagiado. Pareciera que el costo que la sociedad está pagando no es proporcional al riesgo.

Así como hay incertidumbre sobre el virus, las mejores soluciones no son blanco ni negro. Para la educación, un sistema hibrido con menos aforo en las escuelas y en lo posible, clases en espacios abiertos, podría ser una solución. Obviamente se deben incluir también protocolos de buenas prácticas de higiene como lavado de manos, uso de cubrebocas, desinfección de superficies y sana distancia.

Un año escolar sin clases presenciales es un año perdido para muchos. Meses sin ver a sus amigos. Meses donde muchas mujeres apenas podemos seguir trabajando y tratando de mantener la salud mental de nuestra familia. Un gran impacto económico para el país ¿De verdad estamos dispuestos a asumir estos enormes costos de tener las escuelas totalmente cerradas solo porque las mujeres y la niñez pagamos los costos inmediatos? Veamos las experiencias internacionales para buscar la mejor solución para la sociedad mexicana que, sin duda, no es la que tenemos hoy.

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