La inclusión de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo, presentada recientemente por la revista Time, puede leerse en distintas esferas. Pero, en todas debe estar presente el reconocimiento —y no el regateo— a su estilo personal, a la conducción y a la estabilidad en el gobierno, en uno de los momentos de mayor zozobra mundial.

​Hoy más que nunca, el mandato que ejerce la Jefa de Estado tiene el foco en lo que pasa más allá de nuestras fronteras, manteniendo al mismo tiempo el mando interno. Y justo, esta es una de las razones que ha valorado la publicación estadounidense.

Time lo explica así: “La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum comenzó su primer año completo en el cargo bajo presión de todos lados. Donald Trump, entonces presidente electo de Estados Unidos, había amenazado con imponer aranceles a México y lanzar ataques militares estadounidenses en su territorio. Bandas criminales violentas controlaban el tráfico de fentanilo y personas a través del Río Bravo. Y sus críticos internos afirmaban que quedaría eclipsada por su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, conocido por su activismo”.

Es decir, la mandataria enfrentó un escenario de riesgos complejos que sorteó durante 2025, periodo al que corresponde su inclusión en la lista, pero que día a día le demanda mayor claridad y esfuerzo, que es precisamente lo que nos deja ver la Presidenta en su trabajo.

Cada uno de estos rasgos es conocido por los mexicanos y, desde luego, observado en el extranjero. En ambos escenarios se evalúa cada uno de los obstáculos que ella enfrenta para lograr y mantener la estabilidad, un rumbo definido y al mismo tiempo innovar en la práctica.

​Por eso decía, no se puede regatear la valoración realizada por Time, editorial con más de dos décadas elaborando la relación de personajes, y que este año, como lo mencioné, atinadamente incluye a la presidenta Sheinbaum en el rubro “Líderes”.

Visto desde una esfera superficial, se trata de un logro meramente personal. Nada más simple que esa mirada. En realidad —y esta es otra esfera de análisis— es signo de un cambio profundo en los criterios de influencia y en el tipo de liderazgo que se requiere en este siglo, y esa proyección no escapa a Time.

​Si entendemos que en el rubro de “Líderes” se encuentran aquellos personajes que actúan desde el poder formal, entonces la inclusión no puede ser un reconocimiento automático al cargo que ya desempeñan. Para mí, representa validar la capacidad de conducción en contextos altamente complejos.

Time ha experimentado sus propias disrupciones en la presentación de las listas que publica año con año. Recuerdo allá en 2011 cuando eligió como personaje del año a “El manifestante”, por la legitimidad de la protesta como motor de cambio y búsqueda de la justicia.

Hoy tenemos en México a una Presidenta que da certeza bajo las actuales circunstancias del orden nacional y mundial, que tiene un proyecto y un rumbo, vale la pena también decir, que tiene una sobreobservación de tirios y troyanos. En ese estado de cosas, la Presidenta merece apoyo, insisto, sin regateos y con reconocimiento. Es lo justo.

Abogado y activista, maestro en Ciencias Penales. Autor del libro ”El ciudadano republicano y la cuarta transformación"

@UlrichRichterM

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