La semana pasada escribimos sobre la sospecha como estrategia, esa forma deliberada de intervenir en la conversación pública sembrando dudas, amplificando rumores, fabricando escándalos y comunicando mensajes a través de figuras públicas para debilitar la confianza social. El tema despertó interés entre muchos de los lectores de esta columna, por lo que toca cerrar la conversación atendiendo una pregunta fundamental: ¿cómo se mantiene la confianza cuando la conversación llega contaminada desde las redes y los medios corporativos, con rumores y sospechas?
La primera idea es salir a desmentirlo todo, pero justamente esa es la ruta que quieren que se use. Correr detrás del escándalo, aceptar sus tiempos y dejar que el ruido decida de qué se habla. Sin embargo, luego de décadas de lucha, y gracias a la decisión de millones de mexicanos, desde el año 2018, vivimos una transformación que cambió el equilibrio político del país. Millones de personas que durante años fueron tratadas como espectadoras y ciudadanos de segunda o incluso de tercera, entraron al centro de la decisión pública.
Ese cambio incomodó y sigue incomodando a sectores acostumbrados a explicar la realidad desde sus medios, sus intereses y su idea de orden. En democracia, la oposición tiene derecho a criticar, señalar errores y ofrecer alternativas. La prensa crítica y los contrapesos son parte de la vida pública. El problema aparece cuando aquellos que se asumen como dueños del país, intentan a través de los medios sustituir el debate y transformarlo en instrumentos de generación y bombardeo permanente de sospechas con el objetivo de erosionar la legitimidad del actual proyecto de transformación.
Es entonces donde la respuesta aparece a través de lo que llamamos y entendemos como “el territorio”, ese el lugar en donde la política deja de ser ambigua y se materializa a través de la experiencia cotidiana. Ahí donde la gente evalúa el ejercicio público a través de sus ingresos, la seguridad en las calles, la calidad de la educación en las escuelas públicas a la que acuden sus hijos, la atención y disponibilidad en los centros de salud, el costo del transporte y la facilidad para realizar un trámite. Eso será lo que se evaluará en 2027, en particular en las 17 entidades donde habrá cambio de gobernadores.
Quienes vienen de la lucha social, de los movimientos estudiantiles y populares y, ahora del servicio público saben que las personas escuchan cuando se sienten respetadas. Preguntan cuando no se les ridiculiza, cambian de parecer cuando reciben una explicación seria y razonable, pero rechazan la burla o la ofensa a la persona, por eso no han prosperado las campañas sucias.
La oposición conservadora se esfuerza todos los días para que el país amanezca discutiendo el escándalo que ellos mismos pusieron a circular. Si aceptamos ese ritmo, los temas de fondo quedan arrinconados. Hay que volver a lo que organiza la vida pública: justicia, seguridad, salud, educación, salarios, transporte, servicios públicos, derechos y trato digno.
Por eso, la comunicación desde los medios alternativos se ha vuelto más una clase que explica el acontecer del país, rechazando una y otra vez la invitación a una pelea permanente sin sentido que no construye. Pues la transformación nació de una conversación larga con el pueblo. Se caminó durante años, se escuchó, se discutió y se construyó confianza donde otros solo veían clientelas o masas manipulables. Esa conversación sigue siendo una de las mayores fortalezas de este gobierno.
La derecha puede invertir en rumores, personajes, campañas y estridencia; pero la democracia tiene mayor fuerza cuando se organiza desde abajo, con personas que se escuchan, comunidades que preguntan y reciben respuestas, o instituciones que explican y atienden con respeto y dignidad. Ahí donde la palabra viva toca tierra y la política recupera su sentido más importante, se hace lo que se ha venido haciendo, servir a la gente.
Por eso el territorio y la palabra viva se necesitan mutuamente. El territorio sin palabra se vuelve presencia muda. La palabra sin territorio se vuelve discurso flotante. Cuando ambas se encuentran, la política baja del ruido, vuelve a la vida y construye comunidad. El próximo domingo, la presidenta rendirá un informe con motivo del segundo aniversario de su triunfo electoral. Una oportunidad para todas y todos de hacer un balance serio de los avances y los retos pendientes; con objetividad y una clara conciencia de la importancia de lo que hoy, más que nunca significa “soberanía”.
Nos leemos la próxima semana.
Académico

