La economía suele ser explicada con indicadores, porcentajes y proyecciones que muchas veces parecen lejanas a la vida diaria. Sin embargo, para millones de familias mexicanas, se traduce en la sabia manera de administrarse para pagar la renta, comprar alimentos y transportarse. En ese contexto debe leerse la renovación del Paquete Contra la Inflación y la Carestía, PACIC, firmado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo con 32 empresas proveedoras y tiendas de autoservicio. Se trata de un acuerdo para mantener en 910 pesos, durante seis meses, el precio de una canasta básica integrada por 24 productos de consumo cotidiano. Acuerdo que demuestra un gobierno capaz de convocar, dialogar y construir compromisos con el sector privado frente a un problema sensible para las familias.

Dicho sea de paso, este hecho desmiente una de las caricaturas más repetidas por los medios corporativos, la idea de que el gobierno actual está enfrentado con la iniciativa privada. La realidad es más compleja e interesante, ya que una parte importante del sector privado productivo ha mostrado ahora, así como en distintas ocasiones, la disposición para dialogar con el Estado, asumir compromisos y participar en medidas orientadas a proteger el poder adquisitivo de la población, lo que se conoce como fortalecer el mercado interno.

Hagamos un poco de memoria, el PACIC surgió en 2022, cuando México y el mundo aún enfrentaban los efectos económicos y sociales de la pandemia. En ese momento, el paquete fue parte de la respuesta del Ejecutivo a una crisis global para proteger mercados sensibles (suministro, alimentos, energéticos) mediante medidas de producción, distribución, comercio exterior y concertación con empresas, sin imponer una economía administrada.

Cuatro años después, este paquete tiene un significado adicional, representa una señal de coordinación política y económica, para proteger el poder adquisitivo y el bienestar familiar. Punto que merece destacarse, sobre todo en tiempos en los que ciertos discursos intentan presentar cualquier intervención del Estado como amenaza, imposición o fracaso anticipado.

Desde luego, el acuerdo tiene límites y éstos deben ser medibles para poder evaluar sus resultados, en este caso mantener una canasta de referencia en 910 pesos es el más visible, pero lograrlo implica mantener la política integral de ingresos, tasas de producción, redes de abasto seguras, generar competencia leal sin perder de vista la seguridad alimentaria y el fortalecimiento del mercado interno.

Por ello debemos reconocer su importancia a pesar de sus límites. El PACIC es un instrumento acotado y temporal, cuyo principal mérito está en la capacidad de sentar en la misma mesa al gobierno, productores, comercializadores y tiendas de autoservicio para intervenir sobre un problema que las familias viven todos los días.

Ahí se encuentra una de las dimensiones más importantes de este acuerdo, pues la estabilidad económica cobra sentido social cuando se traduce en precios comprensibles, abasto suficiente y protección del ingreso familiar. Un país puede hablar de finanzas sanas, indicadores estables y crecimiento, pero si todo eso no se percibe en la vida cotidiana, se debilita su efecto social. Por eso, proteger la canasta básica es una condición mínima para que el crecimiento económico tenga sentido.

En el pasado reciente, la evaluación positiva de la economía tenía que ver con el pago de deuda y los indicadores macroeconómicos, porque lo importante era tener tranquilos a los grandes capitales. Hoy lo importante es la alimentación, la higiene personal, el acceso a productos básicos y la posibilidad de planear el gasto familiar. Todo esto forma parte de una economía con rostro social.

Cuando el Estado participa moderando presiones de precios en productos esenciales, orienta la economía hacia un sentido más responsable, y el mercado funciona sin abandonar a quienes enfrentan mayores restricciones.

El reto hacia adelante será sostener el cumplimiento, ampliar la transparencia y evaluar sus efectos reales. También será necesario fortalecer la producción nacional, mejorar la logística, combatir prácticas abusivas, asegurar condiciones de competencia y atender los factores que encarecen los alimentos desde su origen hasta el anaquel.

La renovación del PACIC muestra una forma de gobierno que administra la economía cotidiana mediante acuerdos y no mediante imposiciones. En tiempos de incertidumbre económica global, cuidar la canasta básica es cuidar algo más que una lista de productos, es proteger la posibilidad de que las familias mexicanas organicen su vida cotidiana con mayor estabilidad, mayor confianza y mayor dignidad.

Al final, la pregunta que debemos responder como ciudadanos es si debemos fomentar esa relación entre Estado, empresas y sociedad. Una relación capaz de reconocer que la cooperación y la colaboración son más eficaces que un modelo del que solo una parte se beneficia. Debemos buscar acuerdos en más temas que nos permitan generar instrumentos que por sus resultados nos den credibilidad, con el objetivo de mantener la gobernabilidad con una buena gobernanza.

Académico

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