Esta semana circuló un video del podcast Pláticas del Mal que generó indignación y que algunos quisieron reducir a una “broma de mal gusto”.

Pero no. No fue solamente una “broma de mal gusto”. Fueron comentarios repulsivos, indignantes y profundamente misóginos que como sociedad tenemos que cancelar. Porque lo que no señalamos, lo terminamos normalizando.

Eran hombres adultos sexualizando, denigrando y burlándose de mujeres futbolistas que llevan años peleando por tener un lugar en un deporte históricamente dominado por hombres. Hoy el futbol femenil crece, tiene más audiencia, más reconocimiento y mujeres que se han ganado, a pulso, un lugar que nadie les regaló.

¿Qué es lo que les molesta tanto?

Una cosa es criticar cómo juega una futbolista. Otra completamente distinta es necesitar sexualizarla o disminuirla para hablar de su trabajo.

Pero el problema va mucho más allá de los hombres sentados frente a esos micrófonos. Están los miles de niños y adolescentes del otro lado de la pantalla escuchándolos y aprendiendo que así hablan los hombres de las mujeres.

Datos de UNICEF señalan que más del 95% de los adolescentes en México utiliza internet. El internet está educando a nuestros hijos y les está dando acceso a todo tipo de contenidos, muchas veces sin un adulto explicándoles qué están viendo.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿por qué existe este nivel de machismo entre tantos jóvenes? ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad?

El machismo se aprende, se normaliza y se reproduce. En casa, entre amigos, en la escuela y, cada vez más, frente a una pantalla.

Un adolescente que vea un video misógino no se va a convertir automáticamente en un agresor. Ese no es el punto. El problema es cuando escucha esos mensajes una y otra vez y el algoritmo se encarga de seguir poniéndoselos enfrente.

Porque alguien está educando a nuestros hijos sobre qué significa ser hombre. La pregunta es quién.

La llamada “manósfera” encontró precisamente ese espacio. Andrew Tate, El Temach y otros han construido comunidades enormes de hombres, muchos muy jóvenes, que buscan respuestas sobre rechazo, autoestima, sexo, relaciones y masculinidad.

Las preguntas son válidas. El problema son algunas de las respuestas.

Cuando un adolescente inseguro, confundido o con el corazón roto encuentra a alguien diciéndole que el problema son las mujeres, el feminismo o una sociedad que quiere quitarle su lugar, tenemos un problema.

ONU Mujeres ha advertido que estos discursos ya están saliendo de internet para llegar a escuelas, trabajos y relaciones de pareja. Una investigación publicada en 2025, realizada con adolescentes de seis estados mexicanos, encontró también influencers que refuerzan actitudes misóginas y modelos dañinos de masculinidad.

Lo ocurrido con el futbol femenil lo retrata perfectamente.

¿Qué amenaza puede representar una mujer jugando futbol? Ninguna.

A menos que hayas aprendido que hay espacios que pertenecen a los hombres y que una mujer entrando, destacando y teniendo éxito en ellos amenaza tu lugar.

El hombre que necesita disminuir a una mujer para sentirse más hombre. El que frente a su éxito responde sexualizándola. El que interpreta la igualdad como una pérdida personal. Eso también es machismo.

Durante décadas enseñamos a las niñas a protegerse.

Cuídate. No salgas sola. Mándame tu ubicación. No tomes demasiado. Avísame cuando llegues. No regreses sola.

¿Y los niños?

¿Quién les enseña a manejar un rechazo? ¿Quién les explica que una mujer no les debe atención, sexo ni afecto? ¿Quién les habla de consentimiento y frustración? ¿Quién les enseña que ser vulnerable no los hace menos hombres? ¿Quién les explica que el éxito de una mujer no amenaza el suyo?

Si nosotros no tenemos esas conversaciones, alguien más las va a tener. Y hoy ese alguien puede ser un algoritmo.

Prevenir la violencia contra las mujeres no puede empezar cuando una mujer llama a una línea de emergencia, presenta una denuncia o llega a un refugio. Para entonces, muchas veces, ya llegamos tarde.

La prevención empieza cuando un niño aprende qué hacer frente a un “no”. Cuando entiende que querer no significa poseer. Que ser vulnerable no significa ser débil. Que una mujer teniendo éxito no le quita absolutamente nada.

Tenemos que seguir enseñando a nuestras hijas a cuidarse.

Pero ya es momento de invertir la misma energía en enseñar a nuestros hijos a no convertirse en aquello de lo que llevamos generaciones pidiendo a las mujeres que se cuiden.

Presidenta de Reinserta. @saskianino

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