Un árbol en el bosque tupido

Sara Sefchovich

Transcribo un correo electrónico enviado por una amable lectora de ésta columna:

“Han pasado las elecciones, cumplimos con ir a votar y ahora volvemos a la realidad, esa realidad que venimos arrastrando desde que comenzó esta pandemia. A todas las familias nos ha pegado, hemos sufrido pérdidas de miembros de familia cercana o lejana, de trabajos, de patrimonio, de salud, etc. Pero creo que la pérdida más dolorosa y que acaba más, es la imposibilidad de que nuestros hijos vuelvan a estudiar. Tengo mucho miedo que sea mi caso, pero creo que no soy la única.

En abril perdí mi trabajo. También mi esposo perdió el suyo un poco antes, por lo cual quedó sin la protección de seguridad social y no pudo continuar con sus tratamientos por asma y apnea del sueño. Con mi liquidación pudimos seguir viviendo y comprar algunos de sus medicamentos pero no todos. Afortunadamente volví a emplearme en agosto con la prestación del IMSS, pero al haber suspendido tratamientos, él acabó intubado a principios de octubre por asma e infección en vías respiratorias. Estuvo 5 días así y salió, pero en noviembre volvió por asma y neumonía, otra vez fue intubado, y en esta ocasión salió en 10 días. La recuperación ha sido lenta y dolorosa.

Agradezco tener un trabajo que me permita tener un ingreso para cubrir los gastos básicos, pero nada más. Perdimos el coche que estábamos pagando porque o daba de comer a la familia o pagaba los recibos.

Vas estirando los gastos, das de comer lo mejor que puedes, ya no compras milanesa de pollo, pero compras nuggets, en lugar de hacer albóndigas compras 300 gramos de carne molida y haces yakimeshi; vas toreando el gasto, pero ahora que volvamos a clases se tienen que pagar inscripciones de universidad, preparatoria y secundaria, además de zapatos, útiles, etc. ¿Con qué?

¿Cómo le voy a hacer para poder enviar a mis hijos al siguiente ciclo escolar? ¿Cómo es posible que después de tener un hogar estable económicamente, hayamos pasado a estar sobreviviendo mes a mes? Es la primera vez que no tengo la capacidad de cubrir mis gastos ¿cuántas familias están así? Lo más doloroso para un padre es no poder enviar a estudiar a sus hijos.

No hay acciones gubernamentales para apoyar a la población, seguimos pagando agua, luz, gas e internet (sino ¿cómo estudian?), al no haber políticas públicas en favor de la población, este Gobierno nos está acorralando y tratamos de agarrarnos con uñas y dientes para que nuestros hijos no se vean afectados en los más valioso para ellos en este momento que es seguir estudiando.

Le expongo mi punto de vista porque creo que no han visto la deserción que viene. El futuro de una generación está en juego”.

Esta es la historia de una familia mexicana, un árbol en el tupido bosque de quienes perdieron su estabilidad y ven en riesgo el futuro que se estaban forjando a golpe de esfuerzo y trabajo. Ese bosque abandonado por el gobierno, que afectará (triste pero inevitable predicción), el futuro de México.

Porque para que eso no suceda, habría que hacer lo que han hecho otros países: subsidiar a las familias para que puedan cubrir la renta y servicios como luz, gas, agua, internet y sobre todo, la educación de sus hijos; apoyar a comercios y empresas para que no despidan a sus empleados; bajar impuestos. En una palabra, habría que ayudar (en vez de agredir) a los ciudadanos en esta hora difícil.

 

Escritora e investigadora en la UNAM.
[email protected]
www.sarasefchovich.com
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