Si de escandalizar se trata...

Sara Sefchovich

No digo nada que no sepamos los ciudadanos: al Presidente le gusta mucho decir cosas que escandalicen. Y los funcionarios de su gobierno y los miembros de su partido lo emulan con fruición. Allí están las frases célebres de Hugo López-Gatell acusando a los padres de los niños con cáncer que exigen medicinas, de querer dar un golpe de estado; de Marx Arriaga diciendo que leer por placer es un acto de consumo capitalista, algo que según él, es muy malo; de Manuel Barttlet y Gerardo Fernández Noroña burlándose de los tapabocas; de Ana Elizabeth García regañando a los medios porque si bien “no es falsa la noticia de que habrá un aumento del 20% en las tarifas eléctricas, ellos lo cuentan por puro amarillismo”. Y ni qué decir de las “propuestas” de algunos diputados como la de despojar de sus derechos al propietario de una vivienda arrendada si el inquilino no paga y él insiste en cobrar o la de castigar el misticismo. Todas estas expresiones darían risa si no es porque dan vergüenza.

Pero nadie como el Presidente para salir con declaraciones destinadas a escandalizar, como aquella de que gobernar no requiere ninguna ciencia, o aquella de que el pueblo sabe más que los expertos, o aquella de que quienes estudian en las grandes universidades del mundo solo aprenden a robar, o la más reciente sobre cómo los españoles en tres siglos de colonia no fueron capaces de inventar una vacuna contra la viruela y hoy se inventó rapidísimo una contra el Covid.

Como bien saben quienes gustan de escandalizar para mantener el interés, cada vez hay que hacer y decir cosas más fuertes o más extrañas o más locas, porque de lo contrario, ya no llaman la atención. Esto lo sabe don Andrés Manuel, quien hace lo indecible por superarse a sí mismo cada día.

Ahora bien, como sabemos que este esfuerzo va a continuar, le hago aquí una propuesta a nuestro Mandatario, de algo que podría decir en alguna de sus mañaneras, para realmente escandalizarnos a los mexicanos y ¿por qué no?, de una vez al mundo entero. Es una historia que me mandó una lectora por correo electrónico:

“Anoche asesinaron a la señora Claudia Maya Cruz en el Municipio de San José del Rincón, Estado de México. Ella llegó a la Ciudad de México en 1998, buscando mejorar su situación económica. Se regresó a su pueblo en 2004 y volvió a acá en el 2010, con un bebé que hoy tiene 16 años. Madre soltera, trabajó duro para hacerse su casita en un terreno que les repartió su padre a sus hijos, son cerca de dos hectáreas.

Había ido de visita y estaba con su hermana, cuando decidieron hacer un flan y como no había leche bajaron a la tiendita que queda a unos 20 pasos de la casa de ella. Estando allí, decidió aprovechar para prender las luces mientras la hermana seguía su camino.

Unos minutos después se escuchó un grito y varios balazos. Cuando la encontraron, tenía tres tiros por atrás de la cabeza y dos en el tórax. En la escalera quedaron dos bolsas llenas de las cosas que no se pudieron llevar los ladrones y asesinos. La policía quería poner que fue feminicidio, pero no, fue un homicidio”.

Señor Presidente: si este relato, que es solo uno de los muchos que suceden todos los días y en todas partes de nuestro país, no le parece a usted suficiente para escandalizarnos, quiere decir que los mexicanos estamos perdidos. Completamente y sin remedio.
 

Escritora e investigadora en la UNAM.
[email protected] www.sarasefchovich.com

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