Metáfora 5: Emergencia y oposición

Sara Sefchovich

Venezuela tiene dos presidentes, Nicolás Maduro, designado por el extinto Hugo Chávez, y Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional.

Según el médico Franz de Armas, no es lo único que está bifurcado: toda la vida, incluso los aspectos más cotidianos, está polarizada entre chavistas y opositores: “Son dos bandos que no admiten detractores o críticos y cuyos distintos intentos de negociación y diálogo han fracasado reiteradamente”.

La llegada del Covid 19 encontró al país en esa situación de división, la cual aunada a la caída de los precios de petróleo, la escasez de combustible para trasladar enfermos y alimentos y las arcas vacías para adquirir los insumos necesarios para atenderlos, afecta de manera muy severa a una población en la que más del 80% de los hogares se encuentran en inseguridad alimentaria y el sistema de salud pública está muy deteriorado, siendo que un alto porcentaje de la población depende enteramente de él. Por eso, dice Armas: “Buscar maneras de darle recursos a los hospitales y a los trabajadores de la salud para manejar la crisis es un imperativo de vida o muerte”, y por eso les propone a ambos bandos: “Hacer un paréntesis en su confrontación para lidiar con todos los esfuerzos y recursos posibles, pues de no hacerlo, tendremos en nuestras manos una catástrofe. Toda la clase política, oficialistas y opositores, debe hacer una pausa a las rencillas para atender en conjunto planes de contingencia y asignación de recursos a nuestro arruinado sistema de salud”.

Sin embargo, no parece que esto vaya a suceder. Como afirma Pedro Benítez: “Hay un abismo de desconfianzas mutuas de tales dimensiones, que impide que aun en una situación límite como la que se encuentra Venezuela, cualquier posibilidad de acuerdo político sea posible”.

De hecho, parece que sucede lo contrario, pues según el opositor Leopoldo López, Maduro ha convertido al coronavirus “en excusa para aumentar el control social y la represión, metiendo presos a médicos y periodistas que se han atrevido a alzar la voz”.

¡Qué diferente de la situación en Alemania!

Según cuentan los periodistas Ana Carbajosa y Marc Bassets, en ese país el gobierno central y los gobiernos regionales sí pusieron pausa a sus rencillas para antender la emergencia: “Desde que estalló la epidemia, la canciller alemana, Angela Merkel, preside la videoconfererencia con los jefes de gobierno de los estados, en la que ellos tienen la responsabilidad crucial en sus propios territorios, de tomar las decisiones”. Es decir, el gobierno central no decide ni ejecuta unilateralmente las medidas de contención del virus, sino que hace recomendaciones y coordina, mientras que cada estado decide cuándo y cómo las ejecuta.

Por supuesto, un proceso como éste es mucho más complejo y dilatado que si un ejecutivo centralizado diera instrucciones, pero permite no solo que quienes conocen mejor su región con sus necesidades particulares hagan las cosas adecuadamente, sino también que distintos poderes ejecutivos “ejerzan de contrapeso, se controlen los unos a los otros y aporten distintas perspectivas en la toma de decisiones”. Esa cooperación se traslada también a la política, donde hasta ahora, ha imperado un pacto de no agresión y de apoyo a la labor del gobierno central.

Así pues, aunque los jefes regionales sean de partidos diferentes, están trabajando coordinadamente para atender la crisis y todo gracias a que “Angela Merkel ha mostrado capacidad para forjar consensos”, según sostiene Constanze Stelzenmüller, de la Institución Brookings.

Viendo lo que sucede en nuestro país entre el gobierno central y los gobernadores de oposición (“No me toma las llamadas ni siquiera el subsecretario de salud” ha dicho el de Jalisco), uno admira a quienes han sido capaces de pasar por encima de sus diferencias para manejar esta crisis y ¡ay! quisiera que así fuera.

Escritora e investigadora en la UNAM.
[email protected]
www.sarasefchovich.com

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