Claudia tiene mi voto

Sara Sefchovich

En este país donde todo es y todo se hace por motivos y con razones electorales y electoreras, escuché la siguiente frase de un joven que llevó a su mamá a vacunar en la Ciudad de México: Claudia tiene mi voto.

Y es que estaba tan contento, que aún siendo panista y de una familia panista de toda la vida (así lo dijo), hizo esa afirmación, refiriéndose a la próxima elección para la Presidencia de la República.

Por supuesto, la vacunación cuenta mucho en la reacción social y eso lo saben bien el Mandatario y la Jefa de Gobierno y no cabe duda de que por eso la han hecho como la han hecho.

El gobierno federal fue muy claro: las vacunas las distribuimos y aplicamos nosotros, y quienes organizan el asunto son los así llamados Servidores de la Nación, que sin embargo, no pudieron con el paquete. El desorden fue tremendo en los lugares de vacunación.

Cuando la Jefa de Gobierno se dio cuenta de eso, tomó el asunto en sus manos: contrató y capacitó a su propia gente, algo para lo que se requiere contar con los recursos, poder usarlos para ese objetivo, y, paradójicamente, disponer de gran número de empleados que pudieran acudir al llamado. Pero sobre todo, se requiere aprobación de arriba. Y como consentida que es del Presidente, la tuvo. Entonces pudo organizar su propia vacunación, algo que no le permitieron a ningún otro gobernador ni alcalde del país.

Nada de esto demerita la excelente organización, solamente explica por qué pudo suceder y lo importante que es para aquello de “tiene mi voto”.

Sheinbaum está propuesta para el premio como la mejor alcalde del mundo precisamente por el manejo de la pandemia. Y a decir verdad, tienen razón quienes la propusieron, pues hizo un buen trabajo con los hospitales, los cementerios, la entrega de oxígeno, equipo de protección y medicamentos, todo lo que se desbordó en varios momentos pero luego se controló. Además tapizó la ciudad de anuncios sobre medidas de protección, las cuales, siendo como somos los mexicanos, muchísimos no obedecieron (hicieron fiestas, se apeñuscaron en mercados y terminales de transporte), publicó videos y dio conferencias de prensa para insistir en que las personas debían cuidarse, y dio el ejemplo usando siempre el cubrebocas.

Esto se notó mucho y permitió ocultar otras cosas: la falta de apoyos prometidos a los pequeños y medianos negocios, la inacción frente a la educación escolar, la continuación y hasta incremento de robos y homicidios, las calles llenas de baches y basura.

Sheinbaum ha sabido capotear al gobierno federal y al mismo tiempo quedar bien con el Jefe Máximo y con los ciudadanos, dándole la vuelta retórica y práctica a ciertas decisiones: que si el semáforo está en naranja pero debemos entenderlo como rojo, que si se negocia con los restauranteros que están desesperados por abrir, que si se permite que funcionen las tiendas (pero las personas compran desde la calle) y los gimnasios (pero con menos aforo), que si se viene encima la escasez de agua justamente cuando las recomendaciones durante la emergencia sanitaria son de lavarse contínuamente y sanitizar lo que se usa y consume.

Así que yo también le daré mi voto a Claudia Sheinbaum. No para la Presidencia de la República para la que falta mucho y para la que habrá que ver cómo la hace cuando pase la pandemia, pero sí para que gane como la mejor alcaldesa del mundo por su manejo de la misma.

 

Escritora e investigadora en la UNAM.
[email protected]
www.sarasefchovich.com
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