Adiós, para siempre adiós

Sara Sefchovich

Termina el año con una realidad muy triste: miles de muertos por enfermedad y por violencia y una difícil situación económica para millones de compatriotas.

Sobre aquello, ya he dicho en este espacio lo que tenía que decir. Sobre esto, dejaré hablar a los lectores, no sin antes agradecerles una vez más, que me escriban. Respeto mucho a los ciudadanos de a pie, esos que como me escribe uno de ellos: “Estamos exponiéndonos y literalmente sobreviviendo en lo económico, psicológico y de salud”.

Van dos testimonios: “Soy comerciante, y durante la pandemia sin apoyo del gobierno. Siguen cobrando los impuestos, el famoso crédito a la palabra nunca llegó, ventas bajas, y casi pierdo el local que me rentan”; “Tengo negocio en el área metropolitana y estoy padeciendo el cierre de mi tienda, este mes pensaba recuperarme y también poder sobrevivir  al año 21, y sucede que así como pasó en mayo, en esta etapa de nuevo encierro no nos apoyarán las autoridades”. Así lo resume otro: “Da una tristeza por el concepto de que trabajaste tanto y todo se echó a perder”.

Lo terrible es que se les obliga a cerrar pero no se les dan apoyos a los comerciantes y empresarios que crean fuentes de trabajo y pagan impuestos, y en cambio no se obliga a los informales a cumplir con las disposiciones: “Como siempre, los comercios formales somos los cautivos que obedecemos y que hemos cumplido todas las medidas de seguridad, mientras que los informales rompen con todos los protocolos y son a los que apoyan”.

En efecto, declarado el semáforo rojo, los informales (“ilegales en términos de las propias leyes” según los define el gobernador de Guerrero), allí seguían ofreciendo sus productos como si nada.

¿Para quién son entonces las disposiciones de la autoridad? ¿Para las minorías cuyos votos son menos?

Una lectora lo relata así: “En la pandemia son los choferes y los checadores de los camiones los que no usan cubrebocas, gritan, dejan subir a vendedores, cantantes y a usuarios sin cubrebocas, además de que van cruzando los semáforos rojos o son de los que tienen vidrios polarizados, y lo mas riesgoso: van llenísimos”.

Esta es nuestra realidad, con ella cerramos el 2020. Dos comentarios la resumen con claridad: el primero fue dicho por el familiar de un enfermo de Covid que no logró conseguir oxígeno para su paciente, a pesar de recorrer media ciudad buscándolo: “Presidente, ya no aguantamos”. El segundo fue expresado en Tabasco cuando las recientes inundaciones: “Ojalá haya la posibilidad de poder hacer posible la ayuda”.

En efecto, es difícil seguir aguantando esta situación. Y en efecto, hace falta ayuda (porque los 10,000 pesos ofrecidos como crédito a las pequeñas empresas o los 2,200 pesos ofrecidos a los trabajadores de restoranes son paliativos que no resuelven la situación y solo sirven para conseguir votos), que le permita a las personas no perder sus negocios.

Las ayudas en tiempos de crisis son fundamentales, pero el tema es cómo y a quién se las debe dar. Ayudar a los pobres es un gran paso que ha dado la 4T, pero ningún país aguanta que el Estado mantenga a millones de ciudadanos de manera permanente. Lo que se necesita es que ellos tengan forma de mantenerse solos con su trabajo y paguen al erario los impuestos correspondientes. Esto es lo que hay que apoyar.
 

Escritora e investigadora en la UNAM.
[email protected]
www.sarasefchovich.com
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