Sesenta segundos representan la frontera matemática entre la supervivencia y la fatalidad y en ellos hay todo un entramado institucional diseñado específicamente para ganar la carrera a las ondas sísmicas. La estampa revelada a partir de ese momento, tanto en un simulacro de sismo como en un temblor real, muestra la capacidad de coordinación interinstitucional alojada en el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México.
Desde la sala de crisis, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, lidera el gabinete local junto a mandos federales, en un contraste radical con aquel vacío operativo del siglo pasado.
El sociólogo Ulrich Beck acuñó el término de la sociedad del riesgo para describir cómo las naciones modernas deben definir su legitimidad a partir de la prevención y la gestión de catástrofes previsibles.
En 1985, la ausencia absoluta de alertamiento técnico condenó a la población a enfrentar el colapso de las estructuras sin un solo instante de preparación. Ahora, la activación automatizada de 28 mil 287 altavoces y el protocolo de difusión celular —cell broadcast— otorgan hasta 60 segundos de margen antes del arribo de las ondas sísmicas superficiales.
Este margen temporal representa la frontera entre la salvaguarda de la vida y la tragedia urbana. Un estudio del Instituto de Tecnología de California documenta cómo la implementación óptima de sistemas de alerta temprana reduce entre 30 y 80% la mortalidad en zonas metropolitanas densamente pobladas.
Cuando el C5 procesa las señales de los sensores de la costa del Pacífico, operados por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), la activación simultánea de los altavoces democratiza el derecho a la prevención. El sonido de la alerta concede un tiempo precioso impensable en el siglo pasado.
La eficacia de los simulacros masivos encuentra sustento en la automatización de la respuesta humana ante el peligro y demuestra que la repetición constante de protocolos de desalojo reduce los tiempos de salida de los inmuebles habituando a las personas a reaccionar bajo condiciones de estrés sin caer en la parálisis.
Durante las jornadas del simulacro nacional, la presencia coordinada del gabinete local y los altos mandos federales en las instalaciones del C5 permite ensayar la logística de despliegue de los planes militares DN-III-E y Plan Marina, reduciendo el proceso de instalación del consejo de emergencia a escasos minutos.
En 1985, el sismo desnudó el colapso del viejo régimen centralizado, obligando a la sociedad civil a autorganizarse ante la ausencia de una autoridad operativa; 41 años después, la comunidad encuentra en el alertamiento y los simulacros una arquitectura institucional y cívica frente a los sismos.
@guerrerochipres
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