Detrás de la detención y procesamiento del fiscal de Justicia de Morelos, Uriel Carmona, a quien el pasado sábado le dictaron la vinculación a proceso en un juzgado capitalino, hay toda una operación política no sólo para salvar al gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, de las acusaciones y las carpetas de corrupción y vínculos con el narcotráfico que le tenía abiertas el detenido fiscal y que le había documentado incluso la Sedena, sino también para garantizar que el ídolo exfutbolista y seleccionado nacional le pueda servir a la 4T y al presidente López Obrador para tratar de mantener el poder en la Ciudad de México y evitar una derrota en su bastión electoral histórico en los comicios de 2024.

Porque el impresionante operativo con el que se detuvo al fiscal el pasado viernes, en su casa de Cuernavaca, donde se mandó a toda la fuerza del Estado con el Ejército, la Marina y la policía estatal —algo que no se ha visto en este gobierno para detener a delincuentes peligrosos o capos del narcotráfico— solo se explica por el interés político que representa en estos momentos la figura pública del ídolo popular que representa Cuauhtémoc para el actual partido gobernante. Detener y neutralizar al fiscal Uriel Carmona, a partir de una acusación que puede o no ser legal —eso lo determinará el juez que lleva el caso— es un movimiento político que busca limpiarle el camino al polémico gobernador de Morelos y permitirle que, en medio de su cuestionada y polémica gubernatura, pueda salir libre y listo para brincar a otro cargo público de elección en los comicios de 2024.

Y es que en esta columna ya le habíamos comentado lo que afirman fuentes muy cercanas del gobierno federal y de Morena, que señalan que hubo un acuerdo y una negociación política con el gobernador de Morelos para que, a cambio de postularlo como candidato plurinominal al Senado de la República en las listas del partido gobernante, y con ello garantizarle fuero y protección ante cualquier acusación futura por sus documentados vínculos con el narcotráfico, Cuauhtémoc Blanco aceptara hacer campaña en la Ciudad de México en los próximos comicios locales, acompañando en todo momento la campaña de quien resulte el candidato o canditata a sustituir a Claudia Sheinbaum en la Jefatura de Gobierno de la CDMX.

El cálculo para esa negociación, en la que Blanco pidió como condición la detención y encarcelamiento del fiscal Uriel Carmona para que se lo quitaran del camino, fue que las encuestas pronostican una elección más que complicada para Morena en la capital de la República. Porque después de la estrepitosa derrota que sufrió la 4T en 2021, cuando perdieron 9 de las 16 alcaldías capitalinas y la mayoría del Congreso local, todo bajo el mando de la entonces jefa Claudia Sheinbaum y sus fallidos operadores, la probabilidad de que el lopezobradorismo sufra una nueva y dolorosa derrota en 2024 y pierda la CDMX es muy alta y eso sería un golpe letal para el movimiento político de López Obrador que además pondría en riesgo su triunfo en la Presidencia de la República y su objetivo prioritario de ganar una mayoría absoluta en el Congreso de la Unión.

Ese acuerdo y negociación de proteger y respaldar a Cuauhtémoc, a cambio de que aporte su carisma y popularidad a Morena en la CDMX, lo avaló directamente el presidente López Obrador que es finalmente el gran estratega de Morena para los próximos comicios federales y estatales. Y es que AMLO tiene muy claro que perder la CDMX significaría poner en riesgo la continuidad y fortaleza de su movimiento político. Eso fue lo que en 1988 provocó la primera gran derrota del PRI cuando Cuauhtémoc Cárdenas arrasó en la capital de la República y en otras ciudades importantes del país provocando la oscura “caída del sistema” que instrumentó el hoy purificado obradorista, Manuel Bartlett Díaz, y eso es lo que López Obrador no quiere arriesgar a que se repita.

En este mismo espacio le contamos también que en el año 2020 el gobernador Cuauhtémoc Blanco fue recibido en Palacio Nacional por el presidente López Obrador, a quien acudió a solicitarle encarecidamente que le ayudara a remover al fiscal estatal Uriel Carmona, porque según el mandatario estatal seguía “protegiendo a Graco Ramírez” y no le daba curso a las denuncias de corrupción que su administración había presentado ante la Fiscalía de Justicia de Morelos. En aquella reunión Blanco pidió algo que no estaba en las manos del presidente, porque al no tener mayoría en el Congreso local, ni el gobernador ni Palacio Nacional podían remover al fiscal que estaba apertrechado y protegido por la mayoría de oposición.

Eso no evitó que, como lo documentó ayer en estas páginas el columnista Héctor de Mauleón en su columna “En Tercera Persona”, no hubiera varios intentos y presiones desde el gobierno federal, el último de ellos encabezado por el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, para presionar y coptar a diputados del PRI, PAN y PRD a que cedieran su voto para una remoción del fiscal Carmona, algo que, por más que lo intentaron, no pudieron lograr ni a nivel federal ni a nivel estatal.

Incluso, el propio Cuauhtémoc intentó negociar políticamente con el titular de Fiscalía Morelense, para tratar de restablecer la relación política entre ambos, pero en un encuentro que sostuvieron en 2021, en donde se suponía que limarían asperezas, el inexperto y torpe gobernador arruinó la conversación cuando le soltó a quemarropa a fiscal: “Yo necesito que me metas a la cárcel a todos estos”, le pidió mientras le mostraba una lista que llevaba preparada con nombres de políticos opositores a su gobierno. “Yo no puedo hacer eso, si me presentas las denuncias y me pruebas los delitos, con gusto lo hacemos”, le respondió el fiscal, lo que motivó que el impulsivo exfutbolista se levantara de la mesa y diera por terminada la fallida negociación.

Así es que, sin meternos en honduras de si el fiscal Uriel Carmona incurrió o no en un delito en el presunto feminicidio de la joven Ariadna Fernández, porque eso tendrán que probarlo el MP y la Fiscalía capitalina y valorarlo el juez de la causa, lo que sí podemos afirmar de manera contundente en este espacio, con base en la información que aquí mismo documentamos, es que detrás de la aparatosa e inédita detención del fiscal morelense, con un despliegue que no hemos visto en este sexenio para el narcotráfico y el crimen organizado, hay toda una estrategia política y una operación que buscar allanarle el camino a Cuauhtémoc Blanco, darle el fuero senatorial para el próximo sexenio y, sobre todo, utilizar al futbolista y su popular “Cuauhtemiña” en un intento desesperado de evitar una derrota que sería muy costosa para Morena y la 4T en la CDMX.

Los dados mandan Serpiente Doble. Primera caída de la semana.

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