El pacto que hicieron Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal en septiembre de 2021, cuando los dos políticos se reunieron en Zacatecas y se comprometieron a apoyarse mutuamente en la contienda interna de Morena, podría haber cambiado a partir de las negociaciones que tuvo el senador tras volver a ser recibido por el presidente López Obrador. Y no es que Monreal vaya a traicionar a Ebrard, sino que las prioridades para el zacatecano cambiaron y hoy, aunque dice que se inscribirá para participar en la elección interna (por encuesta) para la candidatura presidencial, en las cúpulas de la 4T se afirma que la nueva aspiración del coordinador senatorial, es ser candidato a jefe de Gobierno de la CDMX.

Como el animal político que es, Ricardo Monreal sabe muy bien que sus posibilidades para la grande se diluyeron, tras la molestia del presidente que lo marginó por más de un año de la cercanía con Palacio Nacional y cuestionó su lealtad al movimiento. Y aunque analizó y coqueteó con la posibilidad de renunciar a Morena e irse como abanderado de la oposición al 2024, al final no se atrevió a dar ese paso (que él mismo había planeado para febrero de este año) y el acercamiento que tuvo con el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, lo llevó finalmente a reencontrarse con López Obrador en la reunión del pasado 28 de abril en Palacio Nacional, lo que lo hizo reordenar su estrategia y prioridades.

Sin romper formalmente su pacto con Ebrard, Monreal se volvió muy cercano a Adán Augusto y gracias a la mediación y los oficios del titular de Segob ―que le prometió que lo volvería a acercar a AMLO― pudo volver a ver y hablar con el mandatario, lo que lo llevó a buscar una negociación y a dejar atrás la rebeldía y las amenazas de ruptura con el movimiento lopezobradorista. Según afirman cercanos a dichas negociaciones, el líder del Senado habría pedido ser considerado para la nominación a jefe de Gobierno con Morena, a cambio de participar y validar el resultado de la encuesta interna y levantarle la mano a quien resulte candidata o candidato.

Esa negociación pasó por un acercamiento con la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, con quien tuvo fuertes diferencias desde 2018, cuando desconoció los resultados de la encuesta que la hicieron candidata a la CDMX. Incluso, en aras de la unidad morenista, los dos políticos habrían acordado dejar atrás el rompimiento de 2021 cuando Sheinbaum culpó a Monreal y lo acusó con el presidente de haber “traicionado” al movimiento y de ser el responsable de la estrepitosa derrota que sufrió Morena en la ciudad que gobierna la doctora.

Y es que si Monreal quiere llegar a ser candidato y defender los colores morenistas en la elección capitalina del 2024, que todas las encuestas anticipan como una elección muy disputada en la que el lopezobradorismo corre el riesgo de perder la capital de la República, tendrá que tener obligadamente el visto bueno de Claudia Sheinbaum y por supuesto la autorización del presidente. Y como la política, decían los clásicos, es el arte de comer sapos, el zacatecano no tuvo empacho en deglutir algunos batracios.

Así que mientras Monreal ya empezó a recorrer la Ciudad de México con eventos de campaña, como el que tuvo el sábado pasado en Iztacalco, su alianza con Marcelo Ebrard cada vez se ve más difusa, pues ahora se le ve mucho más cercano a Adán Augusto y con Sheinbaum, si bien nunca serán cercanos, sí parece que ya hicieron un pacto de no agresión y la citada negociación para permitir que compita por la candidatura a jefe de Gobierno.

Y el canciller, que sabe bien que se puede quedar solo en la lucha por la candidatura, jugará su última carta en su intento de garantizar que el proceso interno de Morena sea limpio, con reglas claras, piso parejo y, sobre todo, sin “dedazo” ni favoritismos por ninguna de las corcholatas. El anuncio que hizo desde la semana pasada de que presentará una propuesta para un “método que garantice la unidad y al mismo tiempo muy transparente”, ha despertado expectativas por saber qué va a plantear Marcelo Ebrard y, sobre todo, qué tanto le harán caso desde la dirigencia nacional, las otras corcholatas y, sobre todo, el gran elector de Palacio Nacional.

De entrada, hasta ahora ninguna de las propuestas que realizó públicamente Ebrard para pedir reglas claras, renuncias de los aspirantes y otras condiciones, fueron escuchadas por sus compañeros de partido que incluso rechazaron públicamente cada uno de los planteamientos que hizo el canciller. Y ahora que dice que estuvo pensando y que presentará un método “basado en innovaciones tecnológicas que ya ha utilizado Morena”, no se ve que pueda ser distinta la reacción de Mario Delgado ni de sus colegas corcholatas porque ayer mismo, antes de que Marcelo haga su propuesta, Claudia Sheinbaum ya dijo públicamente que para ella el mejor método para elegir al candidato presidencial sigue siendo la encuesta.

“Todos los candidatos a gobernadores desde antes del 18 fueron electos por encuesta y nos ha ido bien. Si eso se quiere cambiar, se tendría que ver. Pero si ha funcionado bien ¿para qué se cambia?”, dijo la jefa de Gobierno en clara alusión al anuncio de Marcelo para proponer un nuevo método de elección en su partido.

La gran incógnita que siempre ha rodeado a Marcelo Ebrard Casaubon en toda esta sucesión anticipada vuelve a surgir, ante su anuncio del próximo 5 de junio: ¿qué hará el canciller si el método que proponga “para garantizar la unidad” no es aceptado ni tomado en cuenta por el CEN morenista, por las otras corcholatas o, principalmente, si no lo acepta el presidente López Obrador? ¿Aun así participará en una encuesta y un proceso en el que no confíe? ¿O finalmente tomará una decisión para buscar una ruta alterna en lo que, sin duda, es su última oportunidad de buscar ser presidente de México? Y cuando decimos ruta alterna todo apunta a que Movimiento Ciudadano podría ser esa opción para Ebrard y, tal vez por eso, Dante Delgado mandó a deslindarse del PRI y a marcar su distancia del viejo partido, aunque no del PAN ni del PRD. ¿Será que si Marcelo decide romper podría concitar a una alianza de partidos de oposición en torno a su proyecto? Ahí dejamos la pregunta.

NOTAS INDISCRETAS… Por cierto, el que ayer aclaró que aún no lo consideren “corcholata” es el senador del Verde, Manuel Velasco. Si bien el aspirante presidencial del PVEM agradeció el gesto público de Mario Delgado para invitarlo a que se convierta en una más de las tapaderas morenistas, dijo que su partido aún tiene que definir si mantendrá su alianza con Morena para el 2024 y que eso se definirá en una “mesa de negociación” que los verdes le pedirán al partido de López Obrador a partir del 5 de junio. “Son diferentes etapas, primero tenemos que definir si continuamos la alianza que hoy tenemos con Morena y a partir de eso, ver si nuestro proyecto logra crecer para competir por la candidatura presidencial, ya sea en nuestro partido o dentro del proceso de Morena”. Velasco reconoció que sus niveles de conocimiento a nivel nacional aún son bajos, de cerca del 26%, contra los altos niveles que manejan las corcholatas de Morena “que tienen un año haciendo campaña y recorriendo el país”. Dijo que él iniciará un recorrido nacional para dar a conocer su proyecto presidencial y que si este prende y logra al menos duplicar su nivel de conocimiento entre la población, entonces decidirá si competirá o no en 2024. “No se trata solo de decir ‘yo quiero ser candidato’, sino de demostrar que se tiene apoyo y propuestas y en nuestro caso, más que posiciones o candidaturas con Morena, lo que vamos a exigir es que se tome en cuenta nuestra Agenda Verde que estamos elaborando en este momento con propuestas de ambientalistas de todo el país”, dijo ayer el coordinador de los senadores verdes. ¿Será entonces que a las corcholatas morenas se les suma una verde?... Para que no queden dudas de quién mandó a sus huestes a bloquear la Suprema Corte de Justicia de la Nación y a amedrentar e intimidar a los ministros con mensajes de muerte y agresiones a los ministros cuando entran en sus autos al Palacio de Justicia, ayer el presidente López Obrador se quejó amargamente de “lo violentos y prepotentes” que fueron los ciudadanos que marcharon el domingo en defensa de la Corte. Al mismo tiempo que acusaba a los ministros de querer darle un “golpe de Estado técnico” por los fallos constitucionales en contra de las violaciones legales y ambientales en sus obras, el mandatario se lanzó contra los ciudadanos que defienden a la Corte, como si ellos no fueran sus gobernados, y defendió como víctimas inocentes a los que tienen sitiado el edificio judicial desde hace tres semanas. Y apenas había hablado el presidente y minutos después los manifestantes lopezobradoristas reaparecieron afuera del edificio de la SCJN y volvieron a instalar el plantón que les habían retirado el domingo. Para que quede bien claro quién los manda y los azuza a la violencia contra la ministra Norma Piña y el resto de ministras y ministros… Se agitan los dados. Capicúa. Repetimos el tiro.

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