El presidente que no oye denuncias sobre sus cercanos

Salvador García Soto

Quienes intentan denunciar corrupción se topan con un “no, no, no, de eso no quiero saber nada”

 

Les ha pasado lo mismo a secretarios de Estado que a gobernadores, a empresarios y a otros personajes que, cuando han intentado denunciar ante el presidente algún caso de corrupción, de conductas indebidas o de traiciones políticas de los hombres y mujeres cercanos al primer círculo presidencial, invariablemente se topan con un “no, no, no yo de eso no quiero saber nada”, una forma en la que López Obrador rechaza a cualquiera que intente darle información sobre comportamientos indebidos, irregularidades o ilegalidades cometidas por algunos de sus personajes más cercanos y de mayor confianza.
 
La respuesta del presidente es siempre la misma y corta de inmediato la comunicación cuando alguien intenta revelarle “información comprometedora” sobre actos de corrupción o violaciones legales que estén cometiendo algunos de su círculo de mayor confianza. Es como si el presidente no quisiera enterarse de cosas negativas que involucren a sus hombres y mujeres de mayor confianza y que, lejos de escuchar o investigar si lo que le dicen es cierto y sus más cercanos están metidos en actos ilegales o de corrupción, López Obrador prefiriera no enterarse como una forma de justificar el que su gobierno no actúe en contra de aquellos que traicionan los principios de la 4T.
 
El presidente no quiere enterarse de algunas cosas y siempre que alguien, con quien él habla en privado, comienza a darle quejas o a denunciar a algún miembro prominente de su gobierno por alguna conducta o actitud ilegal, él los va a detener con la expresión de “a mí no me interesa saber eso” o “esas cosas a mí no me las digas”, con las que el mandatario decide no enterarse de ciertas cosas negativas que involucran a colaboradores de su confianza, a quienes busca proteger a toda costa aun cuando haya denuncias detalladas en las Fiscalía de Justicia, o que bien acusaciones serias que se realizan contra sus hombres de confianza.
 
El caso más reciente de esa “negación” del presidente para escuchar señalamientos y acusaciones concretas contra miembros de su gobierno, ocurrió apenas hace unos días cuando un gobernador de oposición visitó al presidente en Palacio Nacional y, en medio de los temas de colaboración y cooperación entre la Federación y su estado, el mandatario estatal aprovechó para deslizarle a López Obrador una acusación grave en contra de unos de sus hombres más cercanos: “Su consejero –le dijo el gobernador— apoyó a la candidata de otro partido y jugó las contras al candidato de Morena a la gubernatura”.
 
Todavía no terminaba el gobernador de darle los detalles de la “traición” de su muy cercano colaborador en Palacio Nacional durante las pasadas elecciones estatales, cuando el presidente lo cortó de tajo y sin dar oportunidad a que le explicara la delicada denuncia que llevaba preparada contra uno de los hombres más cercanos del primer círculo presidencial: “No, no, no, a mí esas cosas no me interesan, hablemos de otros temas”, le respondió López Obrador al gobernador de oposición que no tuvo más remedio que guardar sus pruebas y señalamientos sobre el colaborador del presidente que jugó en contra de Morena en las pasadas elecciones en su estado.
 
Como ese ha habido muchos otros casos y cada que alguien que habla con él en las audiencias presidenciales en su despacho e intenta darle una queja o una denuncia con pruebas de alguna actitud irregular o algún acto de corrupción de su gobierno o gabinete, ya sea alguien de casa, de oposición o de cualquier otro sector de la sociedad, López Obrador siempre se niega a escuchar los señalamientos y prefiere permanecer ignorante o ingenuo, sin dar siquiera oportunidad de escuchar o de investigar si lo que le quieren denunciar sus interlocutores es cierto o tiene alguna manera de ser probado o documentado.
 
“El presidente no ve lo que no quiere ver y si alguien intenta hacerle algún señalamiento delicado sobre sus colaboradores de confianza, prefiere no escucharlo y de esa manera evita también tomar decisiones o acciones para poner fin a la corrupción o las traiciones que ocurren no sólo a escala pequeña sino también en ocasiones entre los hombres más cercanos a su despacho y su confianza”, nos dijo un integrante del gabinete lopezobradorista que en alguna ocasión intentó comentarle algo al presidente sobre un tema delicado que involucraba a uno de sus colaboradores cercanos y recibió por respuesta un “no, a mí no me digas esas cosas, a mí no me interesan esos chismes”.
 
Así que, con un presidente que no quiere escuchar denuncias sobre sus cercanos y prefiere mirar hacia otro lado cuando uno de los suyos está corrompiéndose, haciendo negocios millonarios o de plano jugando en contra de Morena en los recientes comicios, es fácil entender por qué Andrés Manuel López Obrador ha defendido y sigue defendiendo a personajes como el director de la CFE, Manuel Bartlett, con una actuación tan mediocre y un pasado tan cuestionable, o más recientemente a Félix Salgado al que protegió a capa y espada, a tal grado de que, ante la decisión del INE y del Tribunal electoral federal, le permitió salirse con la suya y gobernar Guerrero a través del nepotismo de su hija, Evelyn Salgado.
 
Eso confirma, una vez más, que la admiración y el fervor que el actual presidente dice sentir por el gran benemérito de las Américas aplica tanto en lo negativo como en lo positivo que tuvo don Benito Juárez durante cinco periodos entre 1857 y 1872. “A los amigos justicia y gracia, a los enemigos la ley a secas”, solía decir Juárez, y hoy López Obrador aplica esa máxima al pie de la letra, pero además con un añadido: “y si los amigos con mis colaboradores más cercanos, ni siquiera quiero enterarme de sus trapacerías”.
 
NOTAS INDISCRETAS… A propósito de Félix Salgado, que hoy regresa al Senado desde donde gobernará a Guerrero a distancia, una de las que vivieron en carne propia el desdén del presidente cuando se le quería informar de “asuntos negativos” de sus amigos y colaboradores cercanos, fue la exsecretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval. La recién despedida del gabinete intentó alguna vez convencer al presidente de que Félix no podía ser candidato por las denuncias y acusaciones de violación que pesaban en su contra ante lo cual López Obrador fue enfático: “No me interesa enterarme de esas cosas”. El error de Irma Eréndira fue haber insistido y no haber escuchado la orden del presidente de que su hermano, Pablo Amílcar Sandoval, no sería candidato de Morena al gobierno de Guerrero y que quien debía representar al morenismo era Salgado Macedonio porque “Pablo es joven y puede esperar a más adelante”. Esa fue la orden clara que dio el presidente y que desoyeron Irma Eréndira y su hermano que primero se aferraron a sabotear las encuestas internas de Morena y después, cuando no lo lograron, emprendieron una “campaña negra” en contra de Félix al que le dispararon varias cargas de “fuego amigo” tratando de tirar su candidatura, algo que finalmente logró el INE y ratificó el Tribunal Electoral por el asunto de los gastos de precampaña. El desafío de Irma y de su familia fue abierto y, aunque ya el presidente había dado la “línea” en Guerrero, la secretaria de Función Pública llamaba a integrantes del gabinete para pedirles abiertamente que apoyaran la candidatura de su hermano Pablo Amílcar. Con ese contexto se entiende muy bien el video grabado en el despacho presidencial en el que López Obrador quería dar una imagen de “normalidad” elogiando el trabajo de Irma Eréndira, mientras esta reprochaba el ser despedida aduciendo sus grandes “logros” y recordándole al presidente, en su cara, que su abuelo y su padre “lo acompañaron en su lucha”… Hablando de los que regresan al Senado, este fin de semana el priista Mario Zamora anunció que regresa a su curul, tras su derrota en Sinaloa, en la que acusó intervención del narcotráfico en las recientes elecciones para favorecer a Morena. Con la reincorporación de Zamora se tuvo que despedir de la senaduría su paisano sinaloense, Heriberto Galindo, quien en su breve paso de apenas unos meses por la Cámara Alta dejó varias propuestas interesantes como la declaratoria del 18 de diciembre como “Día del Migrante Mexicano”, además de proponer la inscripción en letras doradas en el Patio del Federalismo del recinto senatorial de la expresión “A los migrantes mexicanos, héroes de la Patria”, y la propuesta de instaurar la entrega de la medalla “Jorge A. Bustamante” para los mexicanos migrantes más destacados por su labor en beneficio del país. Así que varios derrotados volverán al Senado a lamerse las heridas y, de paso, a cobrar sus jugosas dietas… Los dados mandan Serpiente Doble. Mal empieza la semana.

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