El presidente está furioso. Hasta consigo mismo. Y es que su estomacal cambio de operadores no le funcionó y se tradujo en su primer gran fracaso político. Morena y sus aliados no lograron integrar la mayoría calificada necesaria para aprobar un periodo extraordinario en el Congreso, a fin de discutir las leyes reglamentarias de la obsesión presidencial: la consulta para la revocación de su mandato en marzo o abril del año próximo.

Aunque el mismo López Obrador impulsó la iniciativa en el 19, la realización de este ejercicio inédito le representa una oportunidad irrepetible de reafirmarse en el cargo y ganar en todos los escenarios probables:

-Una derrota en las urnas es una posibilidad remota. Tendrían que votar 37 millones de mexicanos, o sea el 40 % del padrón de 93 millones, para que la consulta fuese vinculatoria. Si promediamos las encuestas más confiables, AMLO trae todavía un 52% de aprobación y aunque va a la baja, le alcanza para llegar con mayoría al 2022.

-Algunas voces opositoras dicen que es posible decirle no a su mandato. Se ve difícil armar una campaña del estilo de “es un peligro para México”, que además le daría la opción de victimizarse ante los neoliberales, conservadores y corruptos.

-Si tomamos en cuenta que a la consulta para enjuiciar a los expresidentes acudió solo 7% del electorado, es muy probable que esta sea un presidencial fracaso en cuanto al número de votantes. Pero López Obrador tiene ya desde ahora el discurso para culpar al INE de boicotear el proceso y exigir su extinción absoluta.

-La posibilidad mayor es que, con muchos o pocos votos, al presidente le alcance para ganar en números relativos. Dirá entonces que pese al INE y sus adversarios, el pueblo bueno quiere que, no solo siga en el cargo, sino que continúe gobernando como lo ha hecho hasta ahora.

Eso es exactamente lo que pretende Andrés Manuel López Obrador. Y lo da por seguro. Y es que su gobierno se debilita, poco a poco es cierto, pero inexorablemente. A ver: la economía en el pésimo manejo de la pandemia no va a recuperarse en el corto plazo; el Covid-19 seguirá contagiando y matando gente; sus obras faraónicas como el aeropuerto de Sedena and Company, el tren a su rancho y el lodazal de Dos Bocas, auguran un fiasco mayúsculo e histórico; y lo más grave, seguirá fomentando el odio en un país ya de por sí desgarrado por una polarización criminal.

Por ello, al Presidente le urge su consulta de revocación de mandato. Está cierto de ganar y justificar así el endurecimiento de su gobierno —todavía más— en medidas desesperadas durante la segunda mitad de su mandato. Su objetivo paralelo no es menor: de cara a 2024, derrotar anticipadamente a los partidos de oposición, a los empresarios, a los medios de comunicación y a todos quienes considera sus adversarios, mediante una doble legitimidad que le devuelva la fortaleza del principio, Por eso la llevará a cabo “llueva, truene o relampaguee”.

La consulta será además un gran distractor de la triple pandemia que nos agobia: la sanitaria, la económica y la social. Un acto brutal de ceguera injusta hacia los millones de pobres, hambrientos, desempleados, enfermos y muertos. Dicen que costará cuatro mil millones de pesos. Yo creo que mucho más: una zanahoria… y un garrote.

Periodista. ddn_rocha@hotmail.com

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