El extraño caso de Florencia Serranía

Nación 23/06/2021 02:14 Actualizada 14:33
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“Yo soy la directora del Metro, solamente”. Fue la frase por la que pasará a la historia, cuando intentó justificar el incendio en el cerebro del Sistema de Transporte Colectivo, en enero del 21. Dos meses antes, respondió con un galimatías a la pregunta clave de porqué el Metro llevaba más de un año sin responsable de la tarea vital de mantenimiento: “yo soy la Subdirectora General de Mantenimiento; el Metro tiene tantos problemas que decidí este año asumir esta posición doble para poder instrumentar integralmente lo que requiere el Metro… porque ni modo que me quite a mí misma…”

Si ustedes y yo creíamos que Florencia Serranía es ahora un fantasma porque los gobiernos de Claudia Sheinbaum y de López Obrador tienen miedo a que vuelva a salir con frases bobaliconas, déjenme decirles que tal vez estábamos equivocados. El temor es que se desenrede la increíble madeja de conflictos de intereses financieros en torno al Metro y que involucran a los gobiernos de la CDMX y Federal. La señora Serranía no es boba. Es más viva que el hambre. Una de las más habilidosas funcionarias, que llegó al Metro no por casualidad, sino por causalidad. Que, efectivamente, sabe demasiado. Y es por eso que está desaparecida desde el día siguiente a la tragedia negligente de la Línea 12. Su última aparición pública, cuando declaró que se había tratado de “una falla estructural”. No se le ha vuelto a ver. Y, según sus cercanos, por órdenes expresas de Sheinbaum fue la gran ausente en el evento encabezado por la Jefa de Gobierno en junio 16, cuando se presentó el Informe Preliminar dado a conocer por la empresa noruega DNV, que no difirió mucho del de la propia Serranía de que se trataba de una falla estructural.

Y es que ella, algo sabe de eso. Es Ingeniera Mecánica por la UNAM y tiene maestría y doctorado en el área de Ciencias Materiales por la Universidad de Londres. Pero, sobre todo, ha hecho una carrera fulgurante tanto en el servicio público como empresaria.

A ver: es dueña de Urban Travel Loghistic; controla la mitad del capital accionario de Operadora de Trenes Mercurio; y socia de ejecutivos de conocidas firmas del sector ferroviario como Mercurio Leasing, Audimex, AudingIntraesa, Didimex, Grupo Prodi y hasta de la multinacional energética Poyry.

Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto obtuvo contratos por más de 100 millones de pesos. Tan solo uno de ellos por 33 millones con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a cargo entonces del fallecido Gerardo Ruiz Esparza.

Un dato que poco se menciona es que su multifacetismo ya la había hecho Directora del Metro del 2004 al 2006, cuando casualmente era Jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador, para el que Florencia es más que conocida. A propósito, Serranía es socia del empresario favorito del presidente, Carlos Slim, de Grupo Carso, ahora involucrado en el embrollo de la Línea 12. Pero más aún, doña Florencia es socia también de José Miguel Bejos, mayoritario de Mota Engil México, la cual construye el Tramo 2 del Tren Maya de la 4T. Un contrato por más de 12 mil millones de pesos.

En su declaración patrimonial de 2018, estableció que había adquirido una casa en Coyoacán con un valor de 31 millones 400 mil pesos; 350 metros de construcción en un terreno de 1249 metros.

Es probable que esté allí, encerrada. Y tal vez sonriendo ante la pregunta que nos hacemos muchos: ¿Qué sabe Florencia Serranía que los gobiernos de la Ciudad y el Federal no quieren que se sepa?

 

Periodista. [email protected]

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