Con toda mi solidaridad para Peniley Ramírez

El texto es demoledor y a veces escatológico hasta la náusea: “Casi todos los 43 normalistas que desaparecieron el 26 de septiembre de 2014 fueron asesinados, descuartizados y enterrados esa misma noche. A una de las células criminales le encomendaron disolver a 10 jóvenes en ácido. No tenían material suficiente. Disolvieron a cinco. A los demás los cortaron en trozos, con machetes y los enterraron. Criminales, funcionarios y militares hablaban de cómo desenterraban cuerpos para llevarlos al 27 Batallón de Infantería. Allí no entraría nadie. A mediados de noviembre seguían desenterrando y moviendo cuerpos”.

Esto es solo parte del estremecedor relato que hace la periodista Peniley Ramírez en Reforma el sábado pasado, que sacudió las redes y a buena parte de la opinión pública. Refiere que se trata de un informe oficial sin testar —es decir, sin censura— y que la fuente que se lo compartió lo hizo porque considera “que es vital que se investiguen estas nuevas pistas”. Y ciertamente, el informe, además del relato horrendo, incluye nombres y personajes diversos con sus respectivas participaciones en la masacre: el entonces coronel y ahora general del ejército retenido en el Campo Militar No. 1, José Rodríguez; el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y el segundo de la PGR, Tomás Zerón, ahora refugiado en Israel. Por lo pronto, estas revelaciones ya han tenido algunas consecuencias:

-Un irracional linchamiento de Peniley, a quien las hordas digitales pagadas de amlovers han acribillado a tuitazos; como es su costumbre, con insultos y descalificaciones, aunque sin argumentos, salvo aquel injusto y absurdo de “maten al mensajero”. En otra escala, las quejas de Alejandro Encinas, el encargado presidencial para el caso, de que esta revelación entorpece el “avance” de las investigaciones: ¿cuál? Y que lastima a los padres y familiares de los 43: ¿alguien cree que puedan sufrir más con la verdad que con la imaginación y la incertidumbre de ocho largos años?

-También se ha evidenciado una nueva fractura en el gobierno de la 4T por los señalamientos velados y el cruce de acusaciones abiertas o encubiertas entre Encinas y el Fiscal —bueno pa'l pleito— Gertz Manero, atribuyéndole culpabilidades uno al otro por su falta de resultados, así como la cancelación de órdenes de aprehensión a inculpados, principalmente militares.

-Para efectos de la gobernabilidad en el país, la arrogancia y negligencia del presidente López Obrador lo han llevado a un pantano de arenas movedizas: en el ejército están furiosos por el curso de los acontecimientos. Y él sabe que el ejército ha sido el principal aliado en su gobierno. Pero tampoco quiere cargar con el fracaso de uno de sus principales compromisos de campaña con probables efectos electorales, que es lo que más le importa. Por eso, en su ya acostumbrado y ambiguo lenguaje dijo que lamenta la filtración, pero mejor que se sepa la verdad. Para luego espetar furioso: “Sí, están involucrados algunos militares, pero no todo el ejército. ¿O qué querían, debilitar a toda la institución?

La pregunta es, ¿si López Obrador lo tiene tan claro, porque no nos dice de una vez por todas lo que sabe sobre los 43 y cierra el expediente? Porque, como gritó una madre en la marcha: “su tiempo se acaba, Presidente”.

Periodista. ddn_rocha@hotmail.com

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