El presidente López Obrador adora el protagonismo. Le encanta hacer historia. Pues ya la hizo. Suscribió el más lamentable comunicado de todos los tiempos en contra de la Unión Europea. No es poca cosa. Nos expone ante el mundo. Y de la peor manera posible.

A ver: el Parlamento Europeo es una prestigiosa institución representativa de la diversidad de países que lo integran y con el cual México tiene convenios desde hace décadas. Y que en el pasado reciente se ha pronunciado condenando, por ejemplo, el caso oprobioso de los 43 de Ayotzinapa. Ahora, concretamente, este organismo plural, citando fuentes internacionales como Reporteros sin Fronteras y la propia Secretaría de Gobernación, estableció que fuera de los territorios declarados “de guerra”, México es el país más peligroso para ejercer el periodismo con 30 periodistas asesinados en lo que va del gobierno de López Obrador y ya ocho tan solo en este año. Por lo que el propio Parlamento Europeo solicitó muy enérgica, pero comedidamente, que “el gobierno de México adopte todas las medidas necesarias para garantizar la protección y la creación de un entorno seguro para los periodistas y los defensores de los derechos humanos”.

La respuesta del presidente López Obrador, redactada —según él mismo relató— en un vuelo, junto a su “consigliori” golpeador de medios, fue rabiosa y furibunda: como siempre, agarró parejo contra los 607 que votaron a favor del exhorto a México e ignorando a los 73 que se abstuvieron y a los dos que votaron en contra: los llamó a todos borregos y golpistas “que se suman a la estrategia reaccionaria contra la Cuarta Transformación”, aunque sin explicarles de qué se trata la 4T; bueno, aquí tampoco lo ha hecho. Pero fue mucho más allá: los acusó de enviar un panfleto, de injerencistas y hasta de armamentistas, por enviar armas a Ucrania para defensa de su territorio. Por cierto, cada vez crece la percepción de que AMLO —a pesar de lo lejos que nos quedan— se siente más cerca de Putin y Xi Yinping que de Biden y Trudeau, con todo y lo molesto que le resulta el Temec.

Porfirio Muñoz Ledo, el hombre que le puso la banda presidencial a López Obrador, lo definió así: “es una comedia de equivocaciones… es incomprensible el lenguaje que utilizó el presidente hacia los eurodiputados… su respuesta iracunda, injuriosa, confusa y desproporcionada no va de acuerdo con un Jefe de Estado”. Para añadir: “tal vez se deba a la fatiga del arduo trabajo y la ansiedad de ganar la revocación de mandato”. Punto.

A propósito, aquí adentro, el Presidente ha vuelto a plantear una disyuntiva que divide y confronta a los mexicanos. Al estilo de los Pinochet, los Videla y los Maduro, inventa un enemigo externo que lo cuestiona no solo a él y su gobierno, sino que “atenta” contra su ente favorito que es “el pueblo de México”. De paso, arrasa con nuestra imagen en el ámbito internacional y con una de sus “corcholatas” para el 2024: un canciller llamado Marcelo Ebrard que, a pesar de su estatura física, ahora parece un enano de circo. Bien concluyó el Parlamento Europeo en su contrarréplica a la respuesta estomacal lopezobradorista: “se descalifica por sí misma”.

Periodista.
ddn_rocha@hotmail.com

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