AMLO: ¡Que pasen los desgraciados!

Ricardo Rocha

Si algo tenemos que agradecerle unánimemente al presidente López Obrador, es que mantenga tan viva nuestra capacidad de asombro. Cuando ya creímos haberlo visto todo, vuelve a sacudir nuestras mañanas con ocurrencias impredecibles. Algunas mueven a risa o hasta carcajadas. Otras preocupan seriamente. Pero esta reciente nos ha dejado estupefactos. Jamás hubiéramos imaginado que de las entrañas de la Presidencia de la República iba a surgir un engendro como la nueva sección “Quién es quién en las mentiras de la semana”.

Me llamó la atención el que se le comparase con “Ventaneando”, lo cual me pareció absolutamente injusto. El programa de Paty Chapoy es entretenimiento puro. No busca ofender ni denigrar a nadie.

En cambio, el mamotreto presidencial es una copia de “Laura en América”, inspirada en ese ejemplo de moral pública llamada Laura Bozzo. La peruana que estuvo varios años en arresto domiciliario por corrupción con el gobierno del sátrapa Fujimori. Bozzo mancilló la televisión con un programa dedicado a exaltar las miserias de los seres humanos. Donde privaban la denostación, la vileza y antes que todo ello, el prejuicio: “¡Que pase el desgraciado!”.

Pues eso intenta hacerse desde la 4T: un juicio sumarísimo bajo el criterio exclusivo del gobierno lopezobradorista; un aplastamiento semanal de la libertad de expresión; un tramposísimo “análisis” de la información desde la óptica perversa del poderoso; una prejuiciada sentencia siempre condenatoria. Solo que aquí, estará dirigida a los medios de comunicación y los periodistas. Por eso se impone el plural: “¡Que pasen los desgraciados!”.

Paradójicamente, el nuevo embate oficial es mentiroso en sí mismo. El propio presidente ha dicho que es “una interpretación muy ventajosa que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señale que su ‘Quién es quién en las mentiras’ afecta la libertad de expresión y la democracia… que no quieren que haya un diálogo circular, que nada más ellos quieren tener el monopolio de la verdad”. ¿Diálogo circular? ¡Si se trata de un monólogo de linchamiento! ¿Monopolio de la verdad? Por favor, un poquito de historia y sociología para saber que eso es una utopía cuya persecución es inútil. Se quiera o no.

A manera de ejemplo, López Obrador cargó contra EL UNIVERSAL por las denuncias de espionaje a comunicadores: “Ese periódico se dedica a difamar y pertenece al hampa del periodismo” ¿Cuál hampa? ¿Quiénes la conforman? Y por qué, si atenta contra su régimen no presenta una demanda formal y se deja de quejas e insultos: “Se ponen todos de acuerdo para cuestionar al gobierno sin pruebas”. ¿Sin pruebas? ¿Y el video de Pío? ¿Y su prima, la contratista? ¿Y las investigaciones sobre crímenes y corrupción en su círculo cercano? ¿Y las 50 mil mentiras que le han documentado? ¿Quién es el que acusa sin pruebas?

Lo digo porque yo lo encaré en su mañanera del 28 de mayo del 19, cuando me acusó mentirosamente de recibir dinero ilegal de Peña Nieto. Sin embargo, al final le expresé con toda sinceridad que lo invitaba a tomar un café a mi departamento con un grupo de colegas para dialogar con discreción, sinceridad y buena fe. Sigo esperando su respuesta.

La verdad es que el presidente está furioso porque quiso estrangular económicamente a medios y periodistas para ponernos de rodillas y ha fracasado rotundamente. Que entienda de una vez por todas que aquí estamos. De pie y listos para el debate.

 

Periodista. [email protected]

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