Explosiva inició la semana con dos bombazos noticiosos apenas ayer lunes. En Reforma: “Apuntan a Nieto por propiedades”; un recuento de inmueble y un auto por un total de 40 millones de pesos; quiero suponer que el diario investigó la autenticidad de las indagatorias a pesar de que consigna que fueron presentadas a través de una denuncia anónima ante la Fiscalía General de la República.

De lo que no tengo la menor duda es de la fortaleza de la cabeza de EL UNIVERSAL y del trabajo de mis colegas Francisco Reséndiz —a quien reitero mi abrazo solidario— y Diana Lastiri: “UIF investiga la riqueza del fiscal Gertz Manero”. A la que se añaden datos escalofriantes: baste un envío de 4 millones de dólares de una cuenta del Bank of America y transferencias también millonarias en pesos, dólares y euros de aquí para allá y de allá para acá; y un dato que parece cosmético, pero que podría enriquecer sustancialmente la Enciclopedia de la Picaresca Política Mexicana, es que tan solo “entre 2014 y 2015, la UIF detectó la compra de 122 vehículos de lujo por más de 109 millones de pesos, en su mayoría Mercedes Benz y destacando un Rolls Royce”, pagados al contado. Yo, al igual que usted que me lee o me escucha, me resistía a creer el dato. ¿Quién en su sano juicio compra 122 automóviles? A Menos que, los deudos de su hermano con quienes sostiene una alevosa y dispareja disputa judicial desde el poder —también por dinero y fortunas— tengan razón cuando aseguran que el Dr. Gertz Manero es un “enfermo mental de poder”.

El mismo lunes, la UIF emitió un brevísimo comunicado para decir que el reporte de EL UNIVERSAL sobre Gertz era completamente falso. Mientras que Nieto tuiteó que no tenía nada que esconder. Aunque los dos diarios reiteraron información sobre irregularidades en cuantiosas operaciones inmobiliarias de ambos personajes. Lo notorio es que en el caso de Nieto el presidente López Obrador se limitó a comentar “son ataques”. Pero no dijo una sola palabra sobre el caso Gertz. Parece olvidársele que se trata de su Fiscal General de la República. Cuya probidad o deshonestidad no es una anécdota, sino un asunto de Estado.

Por si faltaran menudencias en este caldo penoso, aquí algunos ejemplos de la opacidad y la inmundicia que ya hiede bajo las carísimas alfombras del Palacio Nacional: reservas de Sedena por cinco años del Plan Maestro —si lo hay— del aeropuerto de Santa Lucía y otros tantos por indagatorias en el caso del General Cienfuegos; reserva la Presidencia de la República, por cinco años, todo lo relacionado a la intención de venta, mantenimiento y rifa del Avión Presidencial; opacidad para el caso de la liberación de Ovidio Guzmán, el hijo del Chapo; igual para todo lo que se refiera a la compra y montos de vacunas por Covid 19 durante la pandemia; Fonatur reserva también por 5 años toda información sobre costo, financiamiento y funcionamiento del Tren Maya. ¡Vaya! silencio absoluto sobre Pío y otros parientes. Todas, señales ominosas que hacen pedazos el discurso contra la corrupción, que ha justificado decisiones tan disparatadas como la cancelación del aeropuerto en Texcoco y la falta de medicamentos para niños con cáncer.

Además de lo podrido, Shakespeare también fue profético cuando estableció que los imperios —y este lo es— se resquebrajan por dentro.

Periodista.
ddn_rocha@hotmail.com

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