Las verdades a medias

Ricardo Homs

La narrativa creada para cabildear la contrarreforma eléctrica ante la ciudadanía está construida con verdades a medias, pero como son comunicadas magistralmente de forma emocional y simple, sin información comprometedora de por medio, logra alto impacto público.

Todo indica que México es el país de las verdades a medias, principalmente en la política.

Hoy empiezan a salir videos rebosantes de patriotismo, que pretenden dar un sentido heroico a lo que será el peor error cometido en México por un gobierno, en los últimos años.

Vincular esta contrarreforma con la expropiación petrolera efectuada por Lázaro Cárdenas y la expropiación eléctrica de López Mateos, es demagogia.

Cuando se nacionalizó el petróleo eran las épocas en que las compañías petroleras extranjeras realmente tenían el control total del territorio donde operaban y del producto que extraían y los gobiernos en México eran débiles frente a las grandes potencias mundiales.

En contraste, hoy existe toda una legislación que mantiene el control de la industria a favor del gobierno y además, lo que se concesiona tiene múltiples restricciones prefijadas en contratos minuciosos realizados por abogados de alto nivel profesional que protegen la soberanía de nuestro país respecto al hidrocarburo.

El caso de la expropiación de la industria eléctrica por parte del presidente Adolfo López Mateos también responde a las necesidades del contexto del momento.

Sin embargo, lo que no se dice de ambas expropiaciones es que el control de los beneficios simplemente pasó a otras manos, que son las de los sindicatos. Los sindicatos de ambas compañías, PEMEX y CFE fueron los que gozaron de todos los privilegios y los trabajadores sindicalizados también.

El despilfarro sindical hizo época. Por ello los sindicatos de las paraestatales eran controlados por su Comité Ejecutivo Nacional con mano férrea, incluso ejerciendo violencia contra los disidentes, pues el objetivo era que se eternizaran el mayor tiempo posible, lo que sucedió durante varias décadas.
¿Cómo se evitará el surgimiento de nuevas mafias sindicales que pretendan controlar a la CFE y beneficiarse en lo individual? El conflicto sindical en Dos Bocas nos alerta sobre este grave problema.

Además, siempre fue un secreto a voces, que en los tiempos de antes las utilidades de PEMEX eran la “caja chica” del presidente en turno y seguramente las de CFE también.

Regresar a los tiempos del control total donde el gobierno manipulaba la economía ¿no significará también el regreso de los privilegios para quienes nos gobiernan?

Sin embargo, que el presidente tenga razón respecto a los excesos cometidos por beneficiarios de los contratos derivados de la reforma eléctrica del presidente Peña Nieto, no cabe duda; el caso Odebrecht lo confirma.

El diagnóstico presentado por Rocío Nahle, secretaria de energía el lunes pasado en la mañanera es revelador, pues refiere a malas prácticas caracterizadas por el abuso. Ante esto surge la pregunta… ¿Qué espera el gobierno federal para demandar aq los protagonistas de estas acciones abusivas?

Que la corrupción debe ser castigada, es una petición ciudadana. Todos estamos de acuerdo en ello.
En contraste, la impunidad del caso Lozoya y de los otros implicados de alto nivel, es evidente.
Sin embargo, la corrupción se combate con un sistema que impida las malas prácticas, pues como dice el dicho popular: “con el arca abierta hasta el justo peca”. Con buenas intenciones y declaraciones emotivas no se logra cambiar la realidad cotidiana.

Según el ranking del organismo internacional World Justice Project (WJP), la corrupción ha avanzado. México ocupa en el ranking general del año 2021 el lugar 113 del total de 139 de los países evaluados.

Sin embargo, en la clasificación denominada “ausencia de corrupción”, en el 2021 llegamos a estar ubicados en el 135 de 139. Esto quiere decir que del total de países evaluados, sólo cuatro nos superan en corrupción en todo el mundo.

La contrarreforma significa eliminar los avances que México había alcanzado en su política de reconversión hacia las energías limpias, que ahora representan el futuro. ¿Y el costo en salud pública?

Este será altísimo para todos los mexicanos, pues con un mayor consumo de energías sucias, volveremos a la polución atmosférica que cada vez iba disminuyendo, principalmente en las grandes metrópolis de nuestro país donde era un problema muy grave.

Por otra parte, es irresponsable la declaración del director general de la CFE, Manuel Bartlett respecto a que México no pagará indemnizaciones a las empresas afectadas. Él toma como ejemplo, una vez más, lo sucedido en 1938 con la nacionalización de la industria petrolera, pues él asegura que nuestro país no pagó ninguna indemnización a las empresas extranjeras afectadas.

Seguramente él olvida que en estos casi 83 años el mundo evolucionó hacia la interdependencia global que hoy es determinante. Además, México ha firmado convenios y tratados comerciales que estipulan castigos y penalizaciones caras por la rescisión de contratos. Los tribunales internacionales con toda seguridad nos obligarán a pagar, bajo la amenaza de sanciones más severas que seguramente este gobierno no querrá arriesgar.

También se nos olvida que detrás de estos contratos hay todo un sistema financiero que se verá afectado por la rescisión de estos. Sólo por mencionar un caso, diremos que los trabajadores mexicanos se verán afectados porque muchas de sus “afores”, las que garantizan su retiro laboral digno y seguro, tienen invertido parte de su capital, que en realidad es de los trabajadores, en estas inversiones bursátiles.

Que se debe revisar la situación jurídica del mercado de energía eléctrica para castigar abusos, con la ley en la mano, es definitivo. Sin embargo, una contrarreforma tan drástica como la que quiere
el presidente López Obrador, sustentada más en una actitud políticamente reivindicadora que con un enfoque técnico y jurídico, significará un retroceso de alto impacto para el país, por sus repercusiones en la productividad, en las finanzas y en la confianza de la comunidad internacional sobre nuestro estado de derecho. La desconfianza frenará las inversiones.

La experiencia que significó un cambio tan drástico como el de la industria farmacéutica, donde había un sistema de prácticas de alta corrupción heredadas del gobierno del presidente Peña Nieto es reveladora.

El desmantelamiento de un sistema de salud eficiente, aunque posiblemente corrupto, para dar paso al INSABI, nos muestra que la medicina puede ser peor que la enfermedad, pues hoy nos enfrentamos al desabasto y las compras apresuradas a sobre precio.

Lo que México necesita no son nuevos sistemas, ni contrarreformas, sino mejores sistemas de control para evitar la corrupción y para ello sólo se requiere voluntad política.

LA SEDUCCIÓN DEL PODER

El libro “El ocaso de la democracia”, de Anne Applebaum, nos remite a una compleja pregunta: ¿Qué sucede con los grandes intelectuales, gente inteligente que es capaz de analizar con gran profundidad el contexto sociopolítico, pero no se resiste a la seducción del poder? ¿Por qué gente brillante y talentosa termina alabando los autoritarismos que critican en otros protagonistas?

Es sabido de la amistad que unió a Gabriel García Márquez con Fidel Castro. Además otros grandes pensadores, intelectuales y artistas también fueron amigos de este dictador cubano.

Hoy vemos cómo importantes intelectuales siguen apoyando, tanto a Maduro como a Díaz Canel, e incluso aplauden las incongruencias de la 4T, que son francamente restrictivas.

Seguramente es la seducción emocional que ejerce el poder. Parece ser que el intelectual, frente a la cercanía con el poder político, puede volverse vulnerable.

¿A usted qué le parece?
 

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