La leyenda negra española

Ricardo Homs

Parece ser que en 2021 el tema étnico, ubicado dentro del contexto de la conquista, dominará la agenda pública, reabriendo heridas que aún hoy duelen y sangran al más leve raspón. Sin embargo, este tema podría llegar a tener fuerte impacto en el ámbito electoral, generando un ambiente de reivindicación y conflicto social, favorable a la manipulación del voto en las elecciones de junio del 2021.

Los indicadores están a la vista. Por una parte, grupos radicales amenazaron con dañar, o derribar, la estatua de Cristóbal Colón y todas las que se vinculasen con el hecho histórico denominado conquista, precisamente aprovechando el simbolismo del 12 de octubre, día en que se conmemora el descubrimiento de América.  

A su vez, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, propuso una consulta ciudadana para definir si se volvía a colocar en su ubicación original de la glorieta del Paseo de la Reforma la estatua de Cristóbal Colón, aprovechando que se retiró para darle mantenimiento. Este monumento ha estado en esa ubicación desde 1877, antes de que esa calzada se denominase Paseo de la Reforma.

La diputada Teresa Ramos Arreola se sumó a la propuesta de la jefa de gobierno de nuestra ciudad. Esto evidentemente se alinea, aparentemente de modo espontáneo, con la petición de disculpas que solicitó el presidente López Obrador al Papa Francisco en una carta entregada en el Vaticano a principios de este octubre, cuestionando la evangelización, así como las reiteradas peticiones de disculpas a la monarquía española por la conquista de nuestro territorio.

Sin embargo, queda en evidencia el desconocimiento popular respecto a nuestra historia, como resultado de la manipulación gubernamental iniciada desde hace muchísimos años.

La conquista de nuestro territorio no debemos interpretarla como tal, pues los quizá 850 españoles que participaron en el asedio y capitulación de Tenochtitlán no hubiesen podido enfrentarse a los más de 100 mil guerreros aztecas que custodiaban la capital de su imperio.

Quienes sí lo hicieron fueron los 136 mil guerreros tlaxcaltecas, totonacas, cholultecas, texcocanos y de otras etnias, que como una coalición se rebelaron contra el cruel sometimiento que contra ellos ejercían los mexicas, o aztecas. Por tanto, fue una insurrección o revuelta indígena, de los pueblos sometidos por los aztecas en contra de sus opresores, en la cual Hernán Cortés asumió el liderazgo, como si fuese el director técnico de nuestra selección nacional en un campeonato mundial de futbol. A final de cuentas los partidos los ganan los jugadores y ellos se llevan el mérito del triunfo.

Si Hernán Cortés hubiese actuado contra la voluntad de los caciques aliados, que con sus hombres participaron de la conquista de Tenochtitlán, con toda seguridad después de haber logrado su objetivo de derrotar al enemigo común, siendo estos sus opresores mexicas, entonces hubiesen degollado a Cortés y sus 850 soldados y nuestra historia sería diferente.

Nuestra tradición histórica, intencionalmente tergiversada por nuestros gobernantes, ha ocultado hechos como lo sucedido en 1495, tan solo tres años después del descubrimiento de América, cuando llegó a Sevilla un buque enviado por Cristóbal Colón con 500 indígenas en condición de esclavitud, bajo el argumento de que eran prisioneros de guerra. La reina Isabel dio órdenes de liberarlos y enviarlos de regreso con sus familias, lo que sucedió tiempo después, pero de inmediato prohibió, a partir de esa fecha, la esclavitud de indígenas.

La reina Isabel inició el proceso de creación de un conjunto de normas que protegieron a los nativos de los pueblos originarios recién descubiertos. Estipuló que los indígenas seguirían siendo propietarios de las tierras que poseían antes de la llegada de los españoles. También que no se practicaría la esclavitud y quedaba prohibido el maltrato a los nativos. Además, exigió la creación de programas de salud para los nativos y sus familias, con especial atención en niños, mujeres y ancianos. Ella murió en 1504 pero sus sucesores respetaron su voluntad y le dieron continuidad.

De esta forma vemos que en 1540 el rey Carlos I de España, conocido también como Carlos V de Alemania, solicitó a la Universidad de Salamanca un análisis jurídico de lo que se denominó “libertad de conciencia”. Los juristas de esta universidad determinaron que era ilegal imponer a los pueblos originarios de los nuevos territorios la religión católica. El rey ordenó que a nadie se le obligase en contra de su voluntad, a adoptar el cristianismo.

En 1542 Carlos I abolió oficialmente la esclavitud para los indígenas y creó las “leyes nuevas”, para proteger los derechos de los pueblos originarios.

En 1549 prohibió el trabajo forzado y se legisló que debía ser voluntario y que los indígenas que laborasen tendrían derecho a un salario, que su jornada laboral no excedería de ocho horas diarias, así como la obligatoriedad del descanso dominical.

En 1680 se recolectaron todas estas normas jurídicas vigentes y se integraron oficialmente en “Las leyes de Indias”.

Seguramente habrá habido españoles que ignoraron estas disposiciones obligatorias impuestas por la corona española, del mismo modo que hoy sigue habiendo funcionarios públicos que ignoran las leyes y siguen practicando la corrupción.

Esta visión humanista impuesta por la reina Isabel de España tan sólo unos pocos años después del descubrimiento de América, que fue compartida por sus sucesores, contrasta con la actitud de los colonizadores ingleses y franceses que llegaron a América, quienes fueron eliminando a los pueblos nativos para despojarlos de sus tierras. A quienes sobrevivieron, los confinaron en “reservaciones”.

A su vez, cabe destacar que si frailes como Bartolomé de las Casas y otros religiosos se encargaron de denunciar ante la corona española cuando descubrían abusos, fue porque existía todo un sistema jurídico que protegía al indígena.

Es muy conocida la existencia de la denominada “leyenda negra española”, que consistió en una campaña de difamación instrumentada por los países enemigos de la corona española. Esta es el sustento de esta visión reivindicadora que llega hasta nuestros días como parte de la historia oficial mexicana, la cual consistía en difundir aspectos negativos de la época virreinal.

Podríamos concluir que, si bien deben haber existido abusos y excesos por parte de particulares españoles, estos lo hacían al margen de la ley, pues la política de estado de la corona española siempre privilegió la protección al indígena, lo cual está documentado en los libros de historia.

Insistir en que el Estado Español y El Vaticano respondan por agravios que hubiesen cometido sus súbditos en esas lejanas épocas, al margen de la ley, justificaría que hoy los países a los cuales pertenecen extranjeros que han sido víctimas de desaparición forzada por bandas criminales y quizá de policías, responsabilicen, e incluso demanden, al gobierno actual por los delitos cometidos por la delincuencia organizada. El Estado Mexicano tiene la responsabilidad y obligación de proteger a quienes estamos en este territorio, mexicanos y extranjeros.

Son muchísimos los extranjeros que han desaparecido en estos dos últimos años en México, sin que las autoridades competentes siquiera den respuestas satisfactorias.

Es un hecho que no pasará inadvertida, en agosto del año próximo, una fecha tan significativa como son los 500 años de un hecho crucial en la historia de México, como fue la capitulación de Tenochtitlán ante una coalición de pueblos indígenas enemigos del imperio azteca y liderados por Hernán Cortés y su minúsculo grupo militar. Esto puede ser interpretado desde una visión negativa, reivindicadora y de conflicto, excepcionalmente peligrosa en el contexto de violencia que vivimos hoy, añadiendo además el escenario electoral que dominará la agenda pública del 2021, o entonces, verlo de modo constructivo, como una oportunidad de despertar un ánimo social de integración y orgullo por nuestra identidad mexicana.

La visión constructiva podría ser la gran oportunidad, única cada 500 años, de conmemorar la fundación de lo que hoy es la Ciudad de México, la capital del país y canalizar el tema étnico hacia el nacimiento de nuestra identidad mestiza, que es lo que representa el México de hoy.

Más vale no despertar al tigre, pues de un zarpazo puede destrozar a quien cree que es su domador. Muchos grupos radicales están en busca de causas o pretextos para desquiciar el orden público a través de la violencia y vandalismo y esto parece ser una tendencia global. No es lo mismo tolerar disturbios desde el rol de oposición, que desde la responsabilidad de gobierno y con el mandato constitucional de preservar la tranquilidad y el orden, así como el respeto a la ley.

Recordemos que cuando las pasiones son profundas, se vuelven peligrosamente incontrolables y este tema es de esos. La tentación de emprender una cruzada por reivindicaciones antiguas para ganar las elecciones intermedias del 2021 es una apuesta de alto riesgo.
¿Y a usted qué le parece?

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