Renata Zilli

Vivimos en un mundo cada vez más polarizado. Más allá de la diversidad en criterios, la polarización socioeconómica debe ser entendida como un fenómeno mucho más profundo caracterizado por la erosión y el desplazamiento de las agendas políticas centristas mientras que, por otro lado, se privilegian los extremos del espectro ideológico. Esto es sumamente grave, especialmente para las sociedades que se componen por una amplia clase media, pues la evidencia demuestra que esta será la más vulnerable ante los cambios tecnológicos venideros.

La polarización ideológica puede tener su origen en el ámbito económico y suele ser más evidente en los países industrializados. Por ejemplo, economistas como Daron Acemoglu y David Autor, entre otros, han demostrado a través de evidencia empírica el cambio estructural en la demanda de trabajo en Estados Unidos y su relación con la polarización. Entre sus principales hallazgos demuestran que, durante las dos últimas décadas, las oportunidades laborales se han concentrado únicamente en los sectores de mano de obra no calificada y en la altamente calificada, en detrimento del sector que desempeña labores de habilidades medias. Es decir, existe una marcada tendencia que concentra al crecimiento en oportunidades laborales en los extremos de la distribución del empleo.

A diferencia de las funciones que desempeñan los extremos -alto y bajo- de la distribución, las actividades que involucran habilidades intermedias comparten un elemento en común: la vulnerabilidad de ser sustituidas por la automatización. A medida que los costos en la tecnología continúen disminuyendo, aumentarán los incentivos para sustituir el trabajo por capital. Y si bien los modelos económicos actuales ya dan cuenta de la sustitución en los factores de producción, los nuevos estudios empiezan a demostrar que el mayor impacto ha incurrido sobre la población de ingresos medios.

Desde luego existen otros elementos más allá del tecnológico que explican la polarización del empleo y los ingresos, como la competencia global y la deslocalización internacional de las empresas. Cada vez existe más evidencia que demuestra que bajo el paradigma de economía post-fordista caracterizada por el encadenamiento productivo global, la transferencia y el desplazamiento de actividades desde países industrializados (del centro) hacia economías emergentes (periferia), se dio para aquellas que involucraban precisamente las tareas rutinarias. Las de habilidades e ingreso medio.

Varios expertos ya han advertido anteriormente sobre las implicaciones de este fenómeno. Por ejemplo, el economista venezolano, Moisés Naím, ha hecho énfasis en que el crecimiento exponencial de la clase media global (42% del total de la población mundial pertenece a este sector) tendrá amplias consecuencias políticas, dibujando así, una nueva “línea de falla” (fault line) entre las clases medias globales. Es importante señalar que este choque no se dará necesariamente de manera externa en la arena internacional, como sugerían las tesis de la pequeña burguesía o del choque de civilizaciones. En esta ocasión la beligerancia de clase acontecerá muy probablemente al interior de los países. La elección presidencial de Estados Unidos en 2016 y 2020 -considerando los 74 millones que votaron a favor de un segundo término de Donald Trump- es un ejemplo de la materialización ideológica en un cambio de la estructura económica, y en lo particular, de los sectores poblacionales más afectados por la globalización y la afluencia tecnológica.

Por supuesto, los cambios profundos en política difícilmente obedecen a una sola causa. No obstante, resulta interesante observar los hallazgos de un grupo de economistas (MIT, Harvard, Lund y Zurich) que demuestran la correlación entre aquellas zonas más afectados por el influjo de importaciones chinas de 2004 a 2016 en Estados Unidos y la polarización ideológica en estas áreas. Las tres conclusiones que proporcionan son contundentes (i) en los distritos más afectados durante este periodo se observó un giro a la derecha, medido en el incremento en el consumo hacia medios de comunicación conservadores como Fox News, (ii) se incrementaron las donaciones y contribuciones de campaña provenientes de grupos de interés “radicales” tanto de izquierda como derecha y se contrajeron las de los moderados y (iii) quizá lo más contundente: aumentó la probabilidad relativa de elegir a un miembro del partido republicano al Congreso local o estatal. Esto se materializó en la obtención de “un carro completo” del mismo partido en la elección de 2016. Entonces, la evidencia empírica de estos estudios demuestra, que la exposición al choque de las importaciones fue un factor que contribuyó en alejar al sentimiento político del centro.

Desde tiempos de Aristóteles, la clase media ha sido vista como la base de una sociedad democrática. De ahí que muchos se cuestionen hasta qué punto el deterioro de ésta, representa una amenaza para la democracia liberal. Ciertamente, la clase media no solo es propia de las democracias, pero sí resulta un elemento fundamental para su estabilidad debido a su condición -y virtud- como garante de la movilidad social ascendente. Por ello, se vuelve imperativo atender la advertencia del Banco Mundial sobre el incremento en la pobreza global, donde 8 de cada 10 “nuevos pobres” serán de países de ingreso medio como resultado de la pandemia por la COVID-19. Entonces, un aumento en la pobreza de esta dimensión se traduce en un atentado a la esencia y estabilidad de toda sociedad democrática.

Para México, el acontecer en Estados Unidos y el mundo le debe servir como aprendizaje y hoja de ruta. Es cierto que los modelos económicos ortodoxos han fallado en dar respuesta y soluciones a las necesidades básicas para la mayoría de la población, pero es igual de necesario incluir en el diagnóstico el factor tecnológico. El distanciamiento social, aceleró la tendencia preexistente hacia la digitalización de la economía y los negocios, situación que impactará no solo a quienes desempeñan actividades rutinarias, sino también a las pequeñas y medianas empresas que logren sobrevivir la crisis por el confinamiento. En México, de acuerdo con el INEGI el 42.4% de la población pertenece al ingreso medio y por ello, resulta imperativo la construcción de una agenda especializada en atender las demandas y necesidades de este vasto sector. Quizá aún estamos a tiempo.

Perfil

@renata_zilli

Licenciada en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey, Maestra en Relaciones Internacionales y Comercio Internacional por la Universidad Macquarie y candidata a Maestra en Economía Internacional y Estudios de América Latina por la Universidad Johns Hopkins School of Advanced Internacional Studies (SAIS).

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