Por Efraín Morales López

Durante décadas, dejamos que el crecimiento urbano, industrial y agrícola avanzara mientras nuestros ríos se deterioraban y miles de personas terminaron viviendo junto a cuerpos de agua contaminados, rodeadas de malos olores, insectos y con la preocupación constante por la salud de sus familias.

En esa obscuridad neoliberal, perdimos la memoria antigua de nuestros pueblos originarios. El agua dejó de ser origen y destino. La convirtieron en mercancía y negocio.

Hoy, bajo la conducción de la presidenta Claudia Sheinbaum, la recuperación de ríos contaminados se ha convertido en una causa ambiental y social al mismo tiempo. Una tarea que combina infraestructura, regulación, innovación tecnológica y justicia para las comunidades que durante años cargaron con el costo de la contaminación.

Así conmemoramos el Día Mundial del Agua, reconociendo que recuperar nuestros ríos no es sólo una tarea ambiental, es una responsabilidad con la salud, el bienestar y el futuro de millones de personas.

Desde la Comisión Nacional del Agua trabajamos para recuperar algunos de los ríos más contaminados del país: el Lerma-Santiago, el Atoyac y el Tula, así como los ríos Tijuana y Sonora. La estrategia es clara: atender de fondo las causas de la contaminación, mediante una intervención integral que no solo corrige descargas, sino que restituye la funcionalidad de los sistemas hídricos y avanza en la recuperación ambiental de las cuencas.

En esa ruta de restauración, el gobierno de México ha decidido integrar a la presa Endhó, para que deje de ser símbolo del olvido y se convierta en un referente de recuperación ecológica. Un punto de encuentro entre tecnología y naturaleza, con control ambiental, monitoreo científico permanente, aprovechamiento de bioenergía y un proyecto de economía circular.

Hemos aprendido que sanear ríos y presas no es sólo mover el lodo, controlar las plagas, retirar la basura industrial, ni sembrar caminos verdes en sus orillas. Es algo más profundo. Es limpiar la historia que se acumuló en sus aguas. Es devolver dignidad a los lugares que fueron olvidados. Es, en el fondo, volver a respetar la vida.

Por eso trabajamos en la construcción, rehabilitación y reingeniería de plantas de tratamiento de aguas residuales; la instalación de colectores, emisores y sistemas de conducción; el desarrollo de humedales y el aprovechamiento del agua tratada, entre otras obras y acciones, en beneficio de 11.5 millones de habitantes del Estado de México, Sonora, Baja California, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nayarit y Querétaro.

No se trata de acciones aisladas ni de un simple proyecto ambiental. Es la oportunidad de reconciliarnos con nuestros ecosistemas y de demostrar que el desarrollo no tiene por qué construirse a costa de la naturaleza.

Habrá quienes digan que recuperar ríos contaminados es demasiado complejo o que tomará muchos años. Y es verdad. No hay soluciones mágicas para problemas que se dejaron crecer durante décadas.

Pero también es cierto que hoy México cuenta con algo que antes no tenía: una política hídrica con rumbo claro, coordinación entre los tres órdenes de gobierno y una sociedad cada vez más consciente de que el agua es un derecho.

Con innovación, inversión y justicia social, la Comisión Nacional del Agua construye un nuevo futuro del agua en México.

Director General de la Comisión Nacional del Agua

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