La desaparición de la Organización de los Estados Americanos propuesta por López Obrador

Rafael Medina Martínez

En la pasada conmemoración del natalicio de Simón Bolívar en el Castillo de Chapultepec, ante más de 20 cancilleres de América Latina, López Obrador propuso la sustitución de la OEA por “un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador a petición y aceptación de las partes en conflicto” y “construir algo semejante a la Unión Europea”.

En 1973 la OEA pasaba por la peor crisis desde su creación, la mayoría de los países latinos miembros, la consideraban ineficiente entre otras cosas por la influencia de Estados Unidos sobre sus decisiones, por lo que querían expulsarlo del organismo. A propuesta del Embajador mexicano Rafael de la Colina señaló ante la Asambela General que México proponía crear una comisión especial para desparecer o reformar a la OEA, y con el consenso de la mayoría se acordó realizar la “Conferencia de Tlatelolco” en la ciudad de México, para lograr su cometido.

La conferencia dio inicio en febrero de 1974 en la cancillería mexicana con la asistencia del Presidente Luis Echeverría y el Secretario de Estado Henry Kissinger. Así mismo aglutinó a todos los cancilleres de países miembros, dando un duro golpe al organismo regional por parte de los países del “tercer mundo”. A la cumbre no fue convocado el Secretario General de la OEA Galo Plaza, quien confirmó en Washington que no solicitó ni siquiera su asistencia como observador en la conferencia.

La cumbre duró dos días sin más acuerdos que seguir dialogando por una solución viable a la realidad latinoamericana, con la clausura del Canciller Emilio O. Rabasa quien enfatizó que con esa unidad “Estados Unidos no tratará de imponer sus preferencias políticas, y no intervendrá más en los asuntos internos de los demás países”.

Luis Echeverría fue uno de los grandes críticos de la OEA, como líder del “tercer mundo” propuso la sustitución por otro organismo regional que solamente albergara a los países de América Latina. En una entrevista con el diario Le Monde, el reportero le preguntó sobre dicha crisis y Echeverría contestó: “¿La OEA? ¿Todavía Existe? Hay que rehacerla sobre bases diferentes, teniendo en cuenta las orientaciones actuales. Es necesario construir una nueva organización regional que no excluya a nadie y que incluya naturalmente a Cuba y Canadá”.

Sin lugar a dudas la OEA soportó los crisis y siguió adelante, Echeverría sí entendió la diplomacia global, y sí fue un líder indiscutible del “tercer mundo”, logró grandes reformas internacionales como la Carta de Derechos Económicos de los Estados aprobada en la ONU y logró un destacado liderazgo en los países pobres que formaban un bloque opositor a la potencia norteamericana en el periodo de la Guerra Fría.

Hoy López Obrador emula las decisiones de Luis Echeverría, copió exactamente el mismo guion en ésta y muchas políticas más del pasado, pero en un mundo que es diferente al de hace 50 años, sus acusaciones irresponsables en contra de la OEA lo exhiben porque ni siquiera sabe por qué la quiere desaparecer, de seguro le molesta que la OEA no apoye dictadores y por eso la quiere sustituir por un organismo que sí los apoye y los perpetúe, esto sólo muestran a México como una país bananero gobernado por un hombre de corte dictatorial que cree vivir en las épocas oscuras y siniestras de Trujillo, Somoza y Noriega.

Estamos de acuerdo en que la OEA no es perfecta tiene sus deficiencias y necesita una profunda reforma política, como también la necesita las Naciones Unidas y la misma Unión Europea, pero esos organismos funcionan, mantienen un orden y un equilibrio, gracias a su existencia se han evitado guerras y conflictos mayores, aunque han fallado en ocasiones, también han sido cruciales en mantener la estabilidad en sus regiones y la paz mundial. Por lo que una reforma sí es necesaria pero no una sustitución.

Para López Obrador es muy fácil denostar a quien no lo apoya sin importar fronteras, y para ello se apoya en su ejército de mercenarios pagados en las redes sociales para que aplasten a sus contrarios o para que aplaudan sus barbaridades, su mayor estrategia es torcer y tergiversar la realidad para “engañar” a la humanidad y justificar sus aberraciones; pero podrá engañar a los ingenuos, a sus becados y sobornados, pero nunca podrá engañar a las viudas, a los deudos del crimen ni a los niños con cáncer.

Obrador ha denostado a la prensa extranjera, a los organismos internacionales y también ha minimizado al Presidente Joe Biden, ha sido altanero, bravucón y desafiante con él con sus declaraciones y actitudes sin ningún motivo que lo amerite, su comportamiento no ha sido el de un Jefe de Estado, cree que el Presidente Biden es tibio y timorato, el hecho de que su temperamento no sea como el de Donaldo Trump –al que Obrador temía y respetaba implacablemente–, no quiere decir que Biden se quede de brazos cruzados, tarde que temprano va a llegar a su límite de tolerancia y va actuar, por eso es mejor no hacerse el valiente, López Obrador debe dejar de lucirse con los dictadores y respetar más al Presidente de Estados Unidos que jamás ha sido ofensivo con México y sólo ha respetado y apoyado a los mexicanos.

Finalmente su propuesta de desaparecer la OEA y hacer una nueva organización integrada sólo con países latinos, ha nacido muerta, como todas sus demás absurdas propuestas como la también anunciada creación “Agencia del Espacio” sobre todo cuando le ha quitado el dinero a la ciencia y la tecnología robándole el futuro, el crecimiento y la modernidad al país para comprar votos y conciencias. Con todas estas ocurrencias políticas copiadas y pirateadas del pasado, lo único que va a provocar es que México sea un país aislado del mundo, y sea catalogado como parte del bloque de los países socialistas que no aportan nada bueno al mundo y sólo dañan a la humanidad.
 


Rafael Medina Martínez
Analista Internacional

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