Después de la participación de México en el Mundial de futbol -extraordinaria y que nos dejó a todos muy contentos y motivados por los logros alcanzados- desde el gobierno se construyó una oficina gubernamental de gestión a cargo de Gaby Cuevas, con un papel relevante al coordinar los esfuerzos de todo el gobierno federal y los estatales.
Los visitantes a las sedes mundialistas quedaron muy complacidos, el público aficionado apoyó vehementemente al equipo seleccionado dentro y fuera de la cancha y, como lo afirmamos la semana pasada, el desempeño deportivo de los seleccionados fue impresionante, gracias a la dirección de Javier Aguirre, obtuvimos resultados muy favorables y dejó sembrada una semilla de superación y esperanza.
Sin duda estamos muy motivados porque en una actividad popular los mexicanos somos competitivos en el orden mundial.
Como lo expresamos hace una semana el gobierno debe intervenir y no dejar solamente a los privados -cuya natural aspiración es el lucro- la representación nacional del futbol.
Para seleccionar a los jugadores pensamos que debe articularse una Comisión nacional o un órgano que los seleccione y prepare con antelación.
Para nutrir a ese grupo de deportistas es necesario el fomento de escuelas de futbol en todos los municipios y la realización de torneos estatales y nacionales que permitan identificar nuevos valores deportivos.
Es tarea de los legisladores federales liderados por el eficaz Diputado Ricardo Monreal la discusión y aprobación de legislación deportiva que asegure una representación permanente de nuestro país en las justas futbolísticas.
Pues, día con día, irá desapareciendo de la conversación pública la prioridad del futbol.
Los otros temas que nos afligen siguen ahí, inmóviles, sin darnos tregua y al parecer atorados en la aplicación de soluciones.
Hace un par de meses Pedro Aspe -quien se doctoró en Economía en una de las más célebres universidades mundiales- impartió una conferencia sobre la economía mexicana.
Aspe habla de tres grandes y profundos problemas de nuestra economía Primero: Déficit presupuestal estructuralmente alto.
Significa que hemos empujado hacia arriba el gasto corriente lo cual implica que cada día nuestro presupuesto de gasto público es más improductivo.
Aquí la crítica sustancial de quienes asumen el paradigma del neoliberalismo, es que se ha privilegiado el régimen de apoyos sociales. Esta segunda nómina -así llamada por Aspe- significa hoy 3 puntos del PIB, un gasto enorme en el que descansan los pilares de la política social de la 4T.
Otro grave error de nuestra política de gasto que subraya el ex funcionario federal es enviar cada vez más recursos presupuestales a Pemex por el orden de 400 mil MDP, recursos que Pemex agradece con menor producción, menor exportación, menores ingresos, mayor endeudamiento y corrupción.
En esta parte podemos asumir que los arcos de dispendio, consecuentemente, provocan menor inversión pública en infraestructura física y deterioro en las condiciones de vida del capital humano.
Si el país gasta en subsidiar a Pemex, menos recursos seguirá habiendo para hospitales, escuelas y universidades.
Sin mejorar la educación nuestros hijos tendrán pocas oportunidades laborales.
Segundo: Deuda pública alta, creciente y elevado déficit fiscal.
El documento de Pedro Aspe señala que por primera vez en los últimos 50 años nuestra deuda va alarmantemente hacia arriba, vamos a rebasar el 60% del PIB.
La construcción del Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas no muestran tasa de retorno.
Una deuda pública y privada tan elevada nos llevará a perder el grado de inversión de acuerdo con las casas calificadoras, situación que ya les ocurrió a otros países como Brasil, Colombia y Sudáfrica, lo que no es especulación.
Una deuda tan inmensa conlleva que las tasas de interés suban, el tipo de cambio se ajuste a la alza, esto es, el dólar costará más y por ende, todo lo que importamos, con el efecto de desacelerar el crecimiento económico.
Justo el tema del crecimiento que es el indicador más relevante de la economía se ve afectado por los niveles de endeudamiento.
Tercero: Bajo crecimiento económico.
Nuestro crecimiento anual hoy es de 0.8 %.
¿Por qué no crecemos? Respuesta, por qué sigue sin haber inversión, pública y privada.
Los privados acuden a tomarse la foto en Palacio Nacional, aplauden y prometen, pero parece que en la realidad no invierten y siguen recelosos de que fluyan sus pesos hacia el país.
Les pesa la falta de seguridad jurídica del Estado de Derecho, en pocas palabras, les aterran las resoluciones de las ministras y los ministros del acordeón.
Llevamos 16 meses acumulados con caídas medidas respecto al año anterior.
La renegociación del T-MEC generó incertidumbre, ahora cada año de aquí al 2036 los Estados Unidos estarán condicionando su aplicación, mientras el régimen preferencial de aranceles que tenemos está a revisión.
Ahora factores estrictamente políticos y diplomáticos estarán en la mesa de negociación con los americanos, incluida nuestra política de seguridad nacional, con una espiral de presión cada vez mayo para que sea alineada a la de Washington.
Por ahora los empresarios mexicanos prefieren invertir en USA o comprar pisos en Madrid.
Tenemos un problema de productividad porque la economía informal es la que está creciendo, no paga impuestos y no ahorra para el financiamiento de sus pensiones futuras; el gasto médico lo absorberá el Estado, claro con otro universo de servicios deteriorados.
Y en materia de competitividad, innovación y estrategia nacional de Inteligencia Artificial vamos tarde, por el deterioro del sistema educativo, en donde las plazas magisteriales están todavía en el pantano del activismo.
La única forma leal que tenemos para avanzar es la educación, participemos con energía en cultivarla por todas las vías y a su vez, exigir una educación de calidad para nuestras niñeces, adolescencias y juventudes.
Si en futbol podemos ¿por qué no en Educación?
Pedro Isnardo De la Cruz es Doctor en Ciencias Políticas y Sociales y profesor en la UNAM. Publicó en 2017 Decisiones estratégicas presidenciales en EUA: El aprovechamiento de la ocasión en crisis de Seguridad nacional y Terrorismo. George W. Bush y Barack Obama (2001-2012).
Juan Carlos Reyes Torres es Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana, con estudios en Ciencia Política y Administración Pública por la UNAM y profesor de Teoría del Estado.
Coautores de Para entender la 4T (2019), con el sello editorial de Stonehenge México.
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