En cada época las diferentes generaciones enfrentan innumerables retos; en nuestros días el acelerado desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) constituyen importantes desafíos. Para personas adultas mayores la brecha digital representa un reto mayúsculo, al enfrentar barreras significativas para acceder y utilizar las TIC’s; la exclusión tecnológica limita su participación en la sociedad y en el acceso a servicios esenciales de salud, educación, información gubernamental y posibilidades de consumo en general, lo que aumenta su vulnerabilidad, particularmente en zonas rurales, si consideramos que están mayormente expuestos de sufrir fraudes o estafas en línea.

Para las personas adultas, a mi juicio, el mayor reto es la hiperconectividad que desencadena fatiga mental, ansiedad, estrés y aislamiento social; además de que la sobrecarga de información puede llevar a la dispersión, dificultades para concentrarse y una mala toma de decisiones. La adicción tecnológica es un problema real en nuestros tiempos que trae consigo consecuencias significativas para la salud mental y física que repercuten en el tejido social.

Las niñas, niños y adolescentes, de acuerdo a estudios recientes y especialistas, están en un riesgo potencial. El Parlamento de Francia aprobó en julio de 2026 una ley pionera en la Unión Europea que prohíbe el uso de redes sociales a los menores de 15 años, una medida se aplicará en dos fases: desde el 1 de septiembre de 2026 no se podrán abrir cuentas nuevas, y a partir de enero de 2027 se eliminarán las existentes; y que apunta directamente a los algoritmos adictivos y a la publicidad, ambos son el núcleo del negocio digital.

México no está al margen del debate que se ha abierto en el mundo sobre las consecuencias que tiene en las personas menores de edad el uso abusivo y sin supervisión de las TIC’s. Como acertadamente lo señaló la Presidenta de la República, aunque durante años la tecnología se concibió como una aliada clave de la educación pública, hay un cambio en la tendencia global, pues hoy la prioridad es volver a lo esencial, leer en papel y escribir a mano, porque el trazo manual, lejos de ser un rezago, activa mecanismos neuronales y de coordinación psicomotora fundamentales para el desarrollo cerebral.

Y es que como se ha demostrado, los algoritmos no son neutrales, incorporan decisiones, prioridades e intereses humanos, por lo que los dispositivos digitales no son una herramienta, sino que toman decisiones, interactúan, estimulan y moldean nuestras conductas. Los contenidos digitales los deciden las plataformas e influyen en la manera en que entendemos la realidad.

Coincido con Jonathan Haidt y Arturo Béjar en la necesidad de separar a las y los estudiantes de sus celulares durante la jornada escolar en todos los grados, y proteger a las personas menores de 16 años de las redes sociales no solamente por sus contenidos y efectos, sino porque a través de éstas se cometen diversos delitos como trata de personas y abuso sexual. Además, existen retos y tendencias virales que ponen en riesgo tanto la integridad como la vida de la niñez, adolescencias y juventudes, así como de quienes están en su entorno.

El uso de las TIC’s se erige como un gran desafío para el gobierno, la sociedad y las familias, porque la realidad es que los creadores de contenido y algoritmos responden a intereses de mercado y no al de la humanidad. Por supuesto que la ciencia y la tecnología han reportado innumerables beneficios a la humanidad; sin embargo, también tenemos una alta dependencia de éstas, aunque paradójicamente no sepamos prácticamente nada. La adicción y la ignorancia digitales son la fórmula perfecta para el desastre social.

Si el uso de la tecnología no contribuye a la libertad, a la creatividad, al desarrollo de pensamiento complejo y a la solidaridad, entonces no debe estar en manos de la niñez. La educación digital y tecnológica va mucho más allá de saber usar un dispositivo, comprar en línea o conectarse a una red social. La pregunta obligada es, ¿quién le metió el pie a la era del conocimiento?

Activista social. @larapaola1

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