“La cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir”, afirmó con verdad Milan Kundera.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), es el medio de transmisión de conocimiento y el producto resultante de ese conocimiento, tanto pasado como presente. Es un elemento facilitador e impulsor del desarrollo sostenible, la paz y el progreso económico, de ahí que los derechos culturales son derechos humanos.
Reconocer, proteger, salvaguardar, promover y difundir los bienes culturales de México, tanto materiales como inmateriales, es una obligación, una manera de defender la Soberanía nacional y de mantener viva el alma del pueblo.
El desarrollo no debe entenderse solamente bajo una visión economicista, es necesario ir más allá. Por eso me parece de vital importancia hacer eco de las acciones que tienen un alto significado, pero, que tras la coyuntura quedan en el olvido. Tal es el caso, de la reformas votadas hace varias semanas en el Senado de la República a la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, cuyo objeto es fomentar el patrimonio cultural inmaterial de la nación mexicana.
Entre los elementos de una de estas reformas, destaca que se establece el Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación mexicana, como un instrumento que permite dar a conocer, identificar, reconocer, visibilizar, describir, diagnosticar, así como sustentar la protección, a través de la salvaguardia, de las manifestaciones del patrimonio cultural inmaterial presente en el territorio nacional.
Asimismo, incorpora la Declaratoria de Urgencia, como un acto jurídico, cuya finalidad es otorgar mecanismos para proteger las manifestaciones del patrimonio cultural inmaterial que se encuentren en riesgo de extinción, plagio, desaparición, deterioro o transformación irreversible.
Es necesario garantizar a todas las personas, pueblos y comunidades el acceso, participación, creación, transmisión y disfrute de la vida cultural en condiciones de libertad, dignidad e igualdad, de otra manera más que un derecho sería un privilegio.
En una óptica amplia, el ejercicio de los derechos culturales implica no sólo el acceso a bienes y servicios, sino también el respeto a la diversidad cultural, la libertad de creación, la preservación de la identidad cultural y la autonomía de los pueblos para definir sus propias expresiones simbólicas, espirituales, lingüísticas y artísticas.
Bajo el anterior orden de ideas, debo mencionar que otra de las reformas, reconoce la gastronomía mexicana, particularmente en su vertiente tradicional, al constituir un elemento central del patrimonio cultural inmaterial de la nación, cuya relevancia fue confirmada internacionalmente, tras la declaración de la cocina tradicional mexicana, particularmente la del estado de Michoacán, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2010.
Declaratoria que promovió el turismo, la economía local y contribuyó a un renovado orgullo y una mayor transmisión intergeneracional de saberes, por lo que consignar en la ley la preservación y revitalización de la cocina tradicional como una acción que deben fomentar y promover los tres niveles de gobierno, es un acierto.
Activista social
@larapaola1
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