A escasas semanas del silbatazo inaugural de la Copa del Mundo 2026, la Ciudad de México se encuentra atrapada bajo un domo de calor y contaminación. En las últimas semanas, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) ha emitido restricciones de la Fase I de contingencia atmosférica por ozono, reactivando el Doble Hoy No Circula ante un sistema anticiclónico que castiga al Valle de México. Este escenario meteorológico recurrente plantea una interrogante para las autoridades locales y la compleja maquinaria comercial de la FIFA: ¿Qué sucederá si los niveles de contaminación colapsan la ciudad el día de un partido en el Estadio Banorte?
Jugar fútbol de alto rendimiento a más de 2,200 metros sobre el nivel del mar es, de por sí, un reto fisiológico enorme. Hacerlo bajo una alerta ambiental que supera los 150 puntos en el Índice de Calidad del Aire (IMECA) constituye un potencial riesgo, tanto para los futbolistas como para los asistentes. Las directrices de salud pública son inequívocas: ante estas concentraciones tóxicas de ozono y partículas suspendidas, toda actividad masiva al aire libre debe suspenderse. Sin embargo, la logística operativa de un Mundial opera bajo un modelo financiero implacable ¿cómo respondería la FIFA con interrupciones de último minuto por emergencias locales?
Un encuentro de esta magnitud moviliza a decenas de miles de espectadores internacionales, detona decenas de millones de dólares en derechos de transmisión pautados al segundo y activa toda una enorme cadena de valor local. Reprogramar o mudar un juego mundialista en un lapso de 24 horas no solo representaría una pesadilla logística sin precedentes en la historia del torneo, sino una catástrofe financiera para el tejido empresarial. Las pequeñas y medianas empresas (pymes) de los sectores de hospitalidad, turismo, movilidad y alimentos, que han apostado su capital y tecnología proyectando una derrama económica histórica, serían las primeras víctimas de un paro súbito ocasionado por la ausencia de protocolos ambientales preventivos.
A nivel local, el antecedente existe y no debería ser ignorado bajo el entusiasmo mundialista. En mayo de 2019, la Liga MX se vio forzada a trasladar una semifinal entre el América y León a la ciudad de Querétaro luego de que la capital del país se ahogara bajo niveles críticos de partículas PM2.5. Pero la FIFA no responde a la misma lógica corporativa que la liga nacional. De acuerdo con los análisis internacionales más recientes sobre la respuesta climática del organismo rector del fútbol mundial, sus protocolos para la suspensión de partidos por mala calidad del aire no son claros. En 2025, cuando el humo de los incendios forestales amenazó a las ciudades sedes en Canadá y Estados Unidos, quedó en evidencia que no existen guías públicas claras sobre qué umbral de calidad del aire forzaría inevitablemente la cancelación de un encuentro de la Copa del Mundo.
Esta opacidad nos dirige a una inminente colisión institucional. Si en junio el Valle de México amanece bajo condiciones ambientales severas —impulsada además por el denso tránsito vehicular que inyectará el propio turismo deportivo—, presenciaremos una prueba de fuego para la autonomía local. Por un lado, la obligación ineludible de la CAMe y el gobierno capitalino de proteger la salud ciudadana decretando contingencia ambiental en la metrópoli; por el otro, la presión aplastante que exige que el torneo no se detenga por ningún motivo.
La salud respiratoria de los ciudadanos y los atletas no negocia con patrocinadores. A un mes de que el mundo ponga sus ojos en México, es necesario conocer cuál será el protocolo. La certidumbre operativa de las empresas mexicanas y la salud pública del Valle de México no pueden, ni deben, estar sujetas a negociación en el altar del entretenimiento global.
Dr. Pablo Necoechea
@pablonecoechea pablonecoechea@gmail.com https://www.linkedin.com/in/pablodavidnecoechea/
Pablo Necoechea es experto en innovación, ESG y sostenibilidad empresarial. Es Licenciado y Maestro en Desarrollo Económico por la UPAEP, Maestro en Innovación y Competitividad por Deusto Business School, Maestro en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Economía y Gestión de la Innovación por el programa interuniversitario de la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Politécnica de Madrid. Ha sido investigador en temas de energía y sustentabilidad en el European Centre for Energy and Resource Security (EUCERS) del King's College London, consultor senior en firmas especializadas, y funcionario público en proyectos de innovación y desarrollo sostenible. En el sector privado, ha sido profesor en programas de maestría en la Universidad Anáhuac Norte, Tec de Monterrey y EGADE Business School, y ha ocupado cargos como Director ESG y de Sostenibilidad en Grupo Televisa, así como Director de Sostenibilidad y Cambio Climático en el Tec de Monterrey, y Director Regional de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey para la Ciudad de México y la Región Centro Sur.
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