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Mexicana apoya a mujeres para jugar fútbol, en Ecatepec

Jazmín Trenado considera el deporte como una válvula de escape que puede alejar a las niñas y jóvenes de Ecatepec de sus contextos violentos e inseguros.
15/02/2020
00:30
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Texto: Aline Espinosa
Fotos: Germán Espinosa
 

Antes de cumplir su sueño de ser futbolista, Jazmín Guadalupe Trenado, enfrentó varias dificultades. La principal: ser agredida desde pequeña por querer patear un balón. Pero su determinación la llevó a enfrentar los prejuicios y representar a México en Holanda

Tras la muerte de su papá y sin más opciones de cómo lograr su objetivo, Jazmín, quien en ese entonces tenía 15 años, decidió rendirse y olvidar el fútbol. La oportunidad de retomar su camino se presentó hasta varios años después.

Ocurrió afuera de un bar. Una entrenadora retó a Jazmín a demostrar la fama que tenía de “buena goleadora” en un campeonato. De aceptar, ella le daría el uniforme y dinero para sus pasajes, pero la mayor recompensa la obtendría si llegaba a las finales

Luego de ganar tres torneos en el municipio de Tlalnepantla; pasó a las nacionales en Guadalajara, enseguida a las finales, y pronto la joven pisó una cancha poco habitual para ella: un estadio en la ciudad de Amsterdam, Holanda. Evento que fue patrocinado por la asociación de fútbol, Street Soccer.  

“Ver mis logros y jugar al otro lado del mundo me hizó tomar conciencia que todas las lágrimas, el dolor y el coraje lo encaminé a decir: ‘sí puedo, tengo talento, no importa mi género’, expresa la joven de 25 años a EL UNIVERSAL.  

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Hasta ese momento, la futbolista sólo había mostrado su talento a escondidas de su familia y en las canchas del Estado de México donde las porterías eran delimitadas por piedras.

Ella junto con otras siete mujeres fueron galardonadas con la copa mundial de la Homeless World Cup 2015  (la copa de los sin techo) tras hilar varios partidos sin perder. Vencieron a las selecciones femeniles de Chile, Inglaterra, Francia, Estados UnidosArgentina y otras.

En su regreso a México, Jazmín vio en el fútbol una válvula de escape para que las ecatepenses dejen sus contextos de adicciones, inseguridad y violencia. Por ello todos los días sale en busca de soñadoras para acercarlas a las organizaciones y así ellas puedan tener otras opciones de vida.  

“Este deporte me ha dado muchas cosas. Si no existiera en mi vida, no sé qué me hubiera pasado. Me salvó”, expresa Jazmín, quien además usa sus redes sociales para difundir convocatorias de partidos y promover el derecho de las mujeres a anotar un gol.

Camino al anhelo

Desde los nueve años a Jazmín le dijeron que como futbolista no llegaría lejos. Se lo mencionaron varias personas, en particular su madre, quien le pedía aprender a cocinar y limpiar pues “eso eran cosas de mujeres, no el fútbol, y mucho menos el deporte”. 

Pero a la “Bebé”, como es llamada por ser la más joven de sus amigos, no le importó. Debajo de su cama guardaba los balones que su tío Francisco le regalaba en “Día de Reyes”. Él y sus  primos eran los únicos que la animaban a luchar por cumplir su sueño

En un afán por mejorar sus habilidades, Jazmín buscó  iniciar su formación como futbolista sin que su familia se diera cuenta. Trató de integrarse al equipo de su primaria, pero los profesores le negaron estar en un espacio que consideraban, era para hombres

Entonces, decidió entrenar sola. Cada día, Jazmín escondía un pants y un balón en su mochila, los encargaba a un zapatero, y después del colegio se dirigía a la calle donde por cuatro horas trataba de copiar los trucos de fútbol que veía en la televisión. 

“Muchas veces intenté jugar con otros niños, pero me ignoraron. Me decían: ‘eres una manflora, aléjate’. Mis únicos cinco amigos sí me aceptaban y abogaban por mí cuando se oponían a que jugara", cuenta la “Bebé”

Por esta razón, se exigió a sí misma ser más brusca, ruda y fuerte: características que los árbitros le pedían para aceptarla dentro del campo. Sólo así pudo pisar una cancha.“Tenía 13 años, en lo único que pensaba era en patear un balón. Sí me sentía mal, pero luchaba contra la corriente”, añade.

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En una ocasión, mientras Jazmín “echaba una cascarita”, un hombre le apostó darle dinero para unos tenis si le anotaba tres goles a su hijo. El juego empezó y ella salió victoriosa, sin embargo la felicidad le duró poco al ver los golpes que el señor le dio al niño.      
 
De esta forma la pequeña futbolista obtuvo sus primeros tenis. Algo que deseaba desde chica, pero sin el apoyo de su familia no tuvo cómo comprarlos.  

Estos se volvieron su amuleto junto con el número ocho de su playera para ganar diversos juegos: su primer torneo, llamado “Fútbol por la paz”, y así sucesivamente durante tres años

En ese tiempo -describe la joven- los partidos eran mixtos y se consideraban lugares seguros para las mujeres, sin embargo no lo eran. Los jugadores, familiares de ellos y los árbitros las insultaban, escupían en sus tenis o las empujaban durante 40 de los 90 minutos de un partido.

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A pesar de que ninguna jugadora denunció las agresiones, los juegos se cancelaron sin razón. Jazmín perdió el objetivo de su vida, no tenía dinero para encontrar otro sitio donde practicar y la repentina muerte de su padre la deprimieron y se refugió en el alcohol. 

Pasó de tomar tres cervezas a botellas enteras y se olvidó de su meta por siete años. Afuera de un bar, una mujer que no conocía la desafió a mostrar sus habilidades y obtener buenas recompensas si dejaba su adicción.

Días antes de fallecer, una amiga de la “Bebé” la recomendó como una “promesa de la cancha”, por eso aquella mujer la buscó por las calles de Ecatepec, Estado de México

La pasión por imaginarse dentro de una cancha hizo a Jazmín aceptar la propuesta, de manera que buscó el apoyo de su mamá y sus 15 hermanos. Esta vez no deseaba mantener en secreto lo que hacía vibrar su cuerpo

“Sin darme cuenta logré mi sueño. Representar a México en otro país y sentir el amor de mi familia hizo que todo valiera la pena. Aunque no pude entrar a las fuerzas básicas por falta de dinero”, expresa Trenado

Hoy, Jazmín se define como una buscadora. Divide su vida en: jugar partidos informales, trabajar como coordinadora de actividades culturales en el Instituto Mexiquense de la Juventud y reclutar a quienes aspiren a patear un balón.

Son casi 40 mujeres y niñas ecatepenses a las que gracias a su acompañamiento y a la ayuda de las organizaciones están trazando un camino en el fútbol. Todas ellas se organizan para protegerse en los traslados a los partidos con el fin de no ser parte del número de mujeres que desaparecen o asesinan en su municipio. 

Datos del Secretariado Ejecutivo demuestran que en Ecatepec, del 2015 al 2019, se contabilizaron mil 258 carpetas de investigación por homicidio doloso contra mujeres, es decir, más de uno al día. 

En ese mismo periodo sólo se reconocieron 299 casos de feminicidio. Cantidad que “no representan la realidad de la violencia contra las mujeres, ya que son maquilladas”, según especialistas consultadas por este medio. 

El costo del futbol 

Para Claudia Pedraza, especialista en género y fútbol, la violencia contra las mujeres en este campo se mantiene de distintas formas. Desde no gozar las mismas oportunidades que un jugador a no tener espacios seguros y con buena infraestructura para practicar

En su opinión el fútbol está pensado para hombres por lo que la presencia de las mujeres se considera como un “acto transgresor” a su masculinidad. De manera que el talento de ellas siempre es demeritado, su participación no es bien aceptada y “su cuerpo es sexualizado en los medios”. 

Además, expresa, los clubes de fútbol tienen sus estadios alejados de las ciudades, en consecuencia las mujeres se ven obligadas a solventar todos sus gatos si desean tener un futuro en este deporte. 

Considera que la creación en 2016 de la Primera División Femenil de México y la lucha de las mujeres ha traído algunos avances como que las niñas puedan imaginarse como futbolistas, pero las condiciones que les aseguren llegar a ser una siguen sin existir.

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Actualmente hay cerca de 45 futbolistas mexicanas que juegan en Europa y Estados Unidos como Charlyn Corral, Kenti Robles, Pamela Tajonar, Mónica Flores y muchas otras que han evidenciado las desigualdades que enfrentaron al desarrollar su trayectoria

Para impulsar estos progresos, dijo la especialista, se debe trabajar en cambiar la visión de la sociedad para que  cualquier actividad deportiva deje de ser considerada como un “privilegio para las mujeres”. 

En ese sentido, las futbolistas amateur, Alejandra Mejía y Jessica Gallegos,  coinciden que el fútbol es un deporte muy caro, pero aún más para las mujeres porque no hay patrocinios destinados para ellas y deben costear sus uniformes, las tobilleras y los tenis que pueden llegar a costar mil 400 pesos al mes.  

Destacaron que es importante invertir en “equiparse bien”, pues esto evita que las jugadoras “trunquen” su carrera por lesiones.

Por ese motivo, Jazmín desea crear una organización para que las ecatepenses puedan practicar deporte y expresar de manera libre sus gustos por el arte, la música y demás aficiones.  

 “Tuve la dicha de lograr mi sueño. Eso quiero para más mujeres, que nunca se rindan”, concluyó.

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