Por Rosanety Barrios
“Serenidad y paciencia, mi querido Solín”. Kaliman.
Una vez más, la dirección general de Pemex cambia de titular. Como siempre ocurre con los cambios de gabinete, la salida está acompañada de una serie de calificativos, en contra casi siempre y de vez en cuando a favor, de la gestión de quien sale y una serie de apuestas sobre la que será la del que llega.
Normalmente se espera que la persona designada sepa de petróleo. Bueno, eso está muy bien para los casos de las empresas petroleras, pero Pemex jamás ha sido una empresa. Nada en su diseño institucional lo promueve. De hecho, es justo al revés, sexenio tras sexenio, todos los gobiernos han buscado que el control de las decisiones de Pemex, recaiga en el gobierno federal.
Es decir, el director de Pemex, como el resto de los miembros del gabinete, son elegidos bajo criterios políticos, lo que se espera de ellos es que sean capaces de ejecutar los objetivos establecidos por la agenda política, pero para efectos del conocimiento específico, debería estar el equipo técnico.
En una Secretaría de Estado, en ese pasado del que ya nadie quiere acordarse, el equipo técnico se formaba bajo el Servicio Profesional de Carrera, pero en el caso de Pemex, una empresa con una actividad económica específica, los empleados, especialmente aquellos que sostienen la operación diaria, dependen del sindicato y de las plazas de confianza y esos nombramientos normalmente no se alteraban con el nombramiento del director general, por más que trajera a su equipo.
Si la Dirección General de Pemex no tiene facultad alguna para nombrar o remover a los empleados que llevan la operación diaria, ¿no resulta por demás ingenuo pensar que esa persona va a ser capaz de modificar los problemas estructurales de la institución?
Bueno, pues a esto que planteo, le pido a mi amable lector que considere lo siguiente: La producción de petróleo es un resultado de la tecnología aplicada a la geología y los precios del petróleo se definen por la oferta y la demanda de todo el planeta tierra. Es decir, el ingreso petrolero se obtiene de la interacción de dos variables fuera del control de todo el mundo en la Secretaría de Hacienda, y aún así, cada año esas dos variables se convierten en una constante dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación: los ingresos petroleros esperados en el año que corresponda.
¿Qué carambas puede hacer la dirección general de Pemex, que es nombrada por el Ejecutivo Federal frente a esta aberración matemática donde una variable multiplicada por otra variable es igual a una constante? Yo sé que el PEF se ajusta a lo largo del año, que existen coberturas para el precio, que esa constante no lo es tanto, pues, pero mi punto no es matemático, es conceptual. Mi planteamiento es relativo a la gobernanza de Pemex.
En una empresa de buen tamaño y seria, la dirección general ejecuta todos los días las operaciones que permitan que la estrategia planteada por un Consejo de Administración profesional, sujeto a evaluación por los accionistas, se cumpla a carta cabal y si eso no ocurre, tiene facultades para solicitar la renuncia y nombrar a la persona sustituta.
Pemex, que no es empresa, no opera así. Solo la persona titular del Ejecutivo Federal puede remover a la titular de la dirección general y está claro que esa decisión también es política.
Si el Consejo de Administración de Pemex está conformado por puras secretarías de Estado, los llamados consejeros independientes tampoco son expertos en el tema petrolero y sobre todo, ninguno de ellos puede contradecir las órdenes del Ejecutivo Federal, entonces no hay duda, la dirección general está regida por una agenda política y los empleados sindicalizados y de confianza que llevan la operación, seguirán ahí, carentes de incentivos reales para una operación sostenible de largo plazo, y tratando de evitar todos los días que los alcance un recorte, de esos que llegan de vez en cuando. Punto. No hay más.
Así ha sido siempre, solo que ahora sí ya no hay petróleo, las instalaciones industriales se caen a pedazos, los costos laborales son tan relevantes que hasta las pensiones fueron recortadas y los proveedores saben que para que les paguen, pueden pasar un par de años, así que sus servicios se ofrecen con un sobrecosto por riesgo cada vez más alto.
¿Es posible cambiar la gobernanza de Pemex por una profesional e independiente del poder ejecutivo?, ¿se puede aspirar a un consejo de administración que responda a los accionistas? ¿Pemex puede tener accionistas de verdad y dejar atrás la metáfora sin sentido ya, de que es de los mexicanos? La nueva dirección general en definitiva no podrá hacer ningún cambio que corrija los errores estructurales de diseño que he descrito. No importa si es o no petrolero, financiero, abogado o Kalimán. Así que, con serenidad y paciencia, preparémonos para seguir esperando el día en el que ahora sí, ya no haya de otra.

