A meses de los Juegos Olímpicos, se empiezan a escuchar voces y pronósticos referentes a los resultados que nuestro país debe obtener en París 2024.

Estoy convencido de que dar pronósticos, con base en la estadística y al trabajo realizado en el ciclo olímpico rumbo a los Juegos, es una obligación de la autoridad deportiva del país, pero no estoy de acuerdo que le cuelguen medallas con nombre y apellido a nuestros atletas.

No estoy de acuerdo que se le cuelguen medallas a clavadistas, tiradores de arco, entre otros mencionados, porque ellos mismos saben de las posibilidades que tienen para lograr una presea, pero no debemos aumentar la presión, señalándolos como ganadores antes de la competencia.

No hay que presionarlos más. Hay casos contundentes que nos hacen ver que no es buena la presión al deportista previo a un evento tan importante. Ellos deben estar concentrados en prepararse bien, buscar a como dé lugar cumplir con todos sus entrenamientos y actividades previas a los Juegos.

La autoridad debe proporcionarles todo lo que se requiera para llegar a los Olímpicos en magníficas condiciones, como su llegada con un importante número de días de anticipación al inicio de la competencia para adaptarse conforme a un plan de trabajo y de acuerdo a cada deporte. Eso es lo que deben de hacer las autoridades y no colgarles las medallas.

Hay antecedentes tristes de lo peligroso que es ponerle nombre y apellido a los pronósticos de medalla. Les voy a contar una historia que seguramente muchos jóvenes no conocen. Fue hace más de 55 años, cuando el nadador mexicano Guillermo Echeverría, en el campeonato internacional de Santa Clara, rompió el récord del mundo en los 1500 metros (que tenía Mike Burton), y se generó un alboroto a su alrededor.

Claro que parecía normal que tras vencer a uno de los grandes de la época como Burton, todos pensáramos en grande, pero qué fue lo que pasó: 20 días después, Burton rompió el récord que había hecho Echeverría, en los trials de Estados Unidos.

Al tiempo en que esto pasaba, Felipe Muñoz también ganó en Santa Clara la prueba de 200 metros pecho, misma en la que obtuvo el oro en México 1968.

¿Cuál fue la diferencia de que Guillermo no tuviera éxito en los Olímpicos de México? Técnicos y medios de comunicación no cuidamos a Echeverría de la presión que significa tener unos Juegos tres meses después de una gran marca. Por el contrario, alimentamos las posibilidades de triunfo, aumentando la presión hacia Guillermo. Mediáticamente se vanagloriaba todo lo que hacía Memo y todo eso hizo que se le acumulara una presión tremenda. Incluso, el único evento al que asistió el presidente Gustavo Díaz Ordaz fue a los 1,500 metros de Memo.

A Felipe Muñoz nadie lo tomaba en cuenta, ya que pese a ganar su competencia, no había roto el récord del mundo. Ya en México 1968, Muñoz gana los 200 pecho antes de que compitiera Guillermo, y cuando le toca a Echeverría participar, ya traía en su mente todo lo que se le había acumulado de presión, porque entendía que debía ganar como fuera.

Después de que quedó en sexto lugar, lo abuchearon injustamente los aficionados porque les habían metido en la cabeza que no había forma de que no ganara el oro.

Este es un ejemplo claro de lo que la presión puede afectar a los deportistas. Ellos ya saben lo que deben hacer y sus posibilidades, así que no sumemos mayor presión a su camino rumbo a París 2024. Es bueno hacer pronósticos, pero sin nombre y apellido, porque solamente cargamos de una tensión innecesaria a estos mexicanos y mexicanas que por supuesto quieren dejar el nombre de nuestro país en alto.

Profesor

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