En los últimas semanas se ha hablado más de las decisiones arbitrales, de las polémicas que rodean a Argentina y hasta de la supuesta cercanía entre la FIFA y la Albiceleste que del propio futbol que generan. Las redes sociales se han llenado de teorías, sospechas y discusiones que parecen no tener fin. Pero en medio de todo ese ruido hay una realidad que resulta imposible ignorar: Lionel Messi sigue siendo un ejemplo de profesionalismo y de perseverancia.

Podrá haber quien cuestione muchas cosas alrededor de la Selección Argentina. Es parte del futbol y de un Mundial donde las emociones siempre se viven al límite, pero lo que resulta mucho más difícil de discutir es la actitud de Messi dentro de la cancha.

A sus 39 años está por disputar otra final de la Copa del Mundo, algo que muy pocos futbolistas en la historia pueden presumir. Y no llegó ahí por nostalgia, por marketing o por el peso de su nombre. Sigue siendo determinante porque nunca dejó de competir… Ese quizá sea su mayor legado.

Cuando Argentina pasa momentos complicados, Messi no desaparece. No agacha la cabeza ni espera que alguien más resuelva el problema. Sigue pidiendo el balón, sigue corriendo, sigue intentando esa jugada que puede cambiar un partido. Incluso cuando el físico ya no responde como hace una década, mantiene intacta esa mentalidad que distingue a los grandes deportistas.

Es imposible no admirar esa forma de entender el futbol. Muchas veces se habla de sus ocho Balones de Oro, de la Copa del Mundo, de las Champions League, de la Copa América o de los cientos de goles que ha marcado. Todo eso forma parte de una carrera extraordinaria. Sin embargo, lo que verdaderamente inspira no son únicamente los trofeos, sino la capacidad de levantarse una y otra vez.

Porque Messi también ha perdido finales, ha sido blanco de constantes críticas despiadadas y ha escuchado durante años que jamás alcanzaría el legado de Diego Armando Maradona. En lugar de responder con palabras, lo hizo jugando. Volvió con Argentina, ganó todo lo que le faltaba y terminó escribiendo una historia que para muchos incluso supera la del propio Diego.

Hay otro detalle que merece reconocimiento: su patriotismo. Pocas figuras han defendido tanto la camiseta de su país como él. Nunca eligió el camino sencillo, jamás renunció a la Selección en los momentos más difíciles y siempre volvió convencido de que representar a Argentina era un privilegio.

Más allá de las polémicas que puedan existir alrededor de la Albiceleste o de la FIFA, Messi deja una enseñanza que trasciende cualquier discusión. La grandeza no consiste únicamente en ganar, sino en negarse a rendirse cuando todo parece estar en contra. Y si algo ha demostrado durante casi veinte años es que el talento abre puertas, pero la perseverancia es la que construye las leyendas.

Profesor deportivo

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