Después de un largo viaje de cerca de 20 días acompañando a un grupo de jóvenes nadadores de acuática nelsonvargas Estado de México, regreso con muchas satisfacciones. No solamente por las medallas obtenidas en los International Children’s Games de Hualien, Taiwán, sino por todo lo que representa para un deportista vivir una experiencia internacional de esta naturaleza a una edad tan temprana.

México tuvo una actuación destacada en la natación. Óscar Alejandro Hernández Rosales consiguió dos medallas de plata en los 100 y 200 metros mariposa; Ánder Mauricio Vera Reyna obtuvo plata en los 100 metros dorso y bronce en los 50 metros dorso. A ellos se sumó el relevo 4x100 metros libre masculino, integrado por René Arturo Juárez Castillo, Juan Pablo Burgos Moctezuma, Óscar Alejandro Hernández Rosales y Federico Sebastián Martínez Saucedo, que también logró subir al podio.

Son resultados que nos llenan de orgullo, pero detrás de ellos existe algo que considero indispensable reconocer: estos jóvenes realizaron el viaje gracias al esfuerzo de sus padres. Las familias financiaron el 100 por ciento de esta experiencia. Cuando hablamos de formación deportiva en México pocas veces mencionamos todos los sacrificios que hacen los padres para que sus hijos puedan entrenar, competir y representar dignamente a nuestro país.

Pero el viaje no podía quedarse solamente en competir. Aprovechamos que estábamos en Asia para llevar a nuestros nadadores a Beijing y conocer dos escenarios que forman parte de la historia del deporte mundial: el Nido de Pájaro y el Cubo de Agua, instalaciones emblemáticas de los Juegos Olímpicos de 2008.

Para un joven nadador, entrar al lugar donde Michael Phelps consiguió ocho medallas de oro en unos mismos Juegos Olímpicos es algo que difícilmente olvidará. Una cosa es conocer esa historia mediante videos o fotografías y otra muy diferente estar parado frente a la alberca donde ocurrió.

Siempre he pensado que la formación de un deportista debe ir mucho más allá del entrenamiento. El deporte también significa cultura, educación, disciplina, convivencia y conocimiento. Si después de realizar un viaje de miles de kilómetros no aprovechamos para ofrecerles esas experiencias a nuestros jóvenes, estaríamos desperdiciando una oportunidad extraordinaria.

Regresamos además después de un periodo muy positivo para el deporte mexicano. Los Juegos Centroamericanos y del Caribe dejaron nuevamente a México como protagonista y la natación realizó una aportación muy importante al medallero nacional, con 22 medallas de oro.

Los resultados están ahí y debemos celebrarlos. Sin embargo, también debemos entender algo que he repetido durante muchos años: en el deporte no podemos vivir de lo que ya conseguimos. Los Centroamericanos terminaron, los Children’s Games terminaron, las medallas ya están guardadas... ahora, debemos comenzar nuevamente.

En unas semanas inicia una nueva temporada y los retos serán mayores. Vendrán competencias internacionales de mucha mayor exigencia como Campeonatos Mundiales, Juegos Panamericanos y finalmente el gran objetivo que aparece en el horizonte: los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

Antes de comenzar este nuevo ciclo tendremos un evento que para nuestra organización resulta fundamental. Los días 21, 22 y 23 de agosto realizaremos el 42 Congreso Internacional de Natación y Fitness. Son ya 42 años impulsando un encuentro que busca actualizar y profesionalizar a entrenadores, especialistas y personas relacionadas con el deporte. Tendremos ponentes nacionales e internacionales de primer nivel, provenientes de México, España y Brasil, entre otros países, porque si queremos mejores atletas también necesitamos mejores entrenadores y profesionales cada vez más preparados.

Personalmente tendré la oportunidad de participar con una ponencia y aprovecharé ese espacio para presentar un proyecto que desde hace tiempo considero necesario: la creación del Museo de la Natación Mexicana y del Salón de la Fama de la Natación Mexicana.

Ambos serán inaugurados el próximo 10 de octubre junto con nuestra sucursal de Polanco, en el marco de la conmemoración que cada año realizamos alrededor de los Juegos Olímpicos de México 1968. La principal idea de estos proyectos es la de preservar nuestra historia y que las nuevas generaciones sepan quiénes construyeron la natación mexicana, quiénes representaron al país, quiénes rompieron récords y quiénes abrieron el camino que hoy recorren nuestros jóvenes.

México 1968 representa además una referencia inevitable cuando hablamos del futuro del deporte nacional. En aquellos Juegos Olímpicos nuestro país consiguió nueve medallas: tres de oro, tres de plata y tres de bronce. Han pasado casi seis décadas y esa sigue siendo la mayor cosecha mexicana en unos Juegos Olímpicos. Hoy las autoridades deportivas mexicanas consideran posible acercarnos e incluso superar esa cifra en Los Ángeles 2028 y por supuesto que me gustaría verlo.

Pero para conseguirlo debemos entender que una medalla olímpica no comienza a construirse cuando el atleta llega a la Villa Olímpica. Se construye muchos años antes. Empieza con un niño entrando por primera vez a una alberca, continúa con entrenadores preparados, padres comprometidos, competencias nacionales, experiencias internacionales y organizaciones capaces de acompañarlo durante todo su desarrollo.

Precisamente por eso el viaje a Hualien fue mucho más importante que las medallas. Ver a estos jóvenes competir, respetar las reglas, convivir con deportistas de otros países, conocer otra cultura y después caminar por instalaciones donde se escribió la historia olímpica les deja una enseñanza que ningún entrenamiento puede ofrecerles.

Ha sido un año intenso y de resultados importantes para la natación mexicana. Podemos estar satisfechos, pero nunca conformes, pero ahora empieza otra vez el trabajo. Los Ángeles 2028 parece todavía lejano, pero para el deporte de alto rendimiento está prácticamente a la vuelta de la esquina. Si México quiere romper aquella histórica marca de 1968, debemos trabajar desde hoy y hacerlo desde abajo.

Los grandes resultados comienzan precisamente ahí: con nuestros niños y jóvenes. Después de lo que vi en Hualien, existen razones para tener esperanza, pero la historia del deporte también nos ha enseñado que el talento por sí solo nunca será suficiente y ese trabajo tiene que comenzar hoy.

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