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Del amor y sus lecturas

15/02/2020
01:50
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No puedo eludir la fecha corazón, el San Valentín que asedia y que me provoca recorrer algunas lecturas donde el amor, en alguna de sus facetas, es central. Curiosamente de novelas deliberadamente sobre el amor, como aquel best seller Love Story que fue novedad en mi adolescencia y se acompañó con una película muy taquillera, sólo recuerdo el llanto que me provocó. Sufrí. Quizás el mejor rasero para saber si estamos ante una experiencia literaria memorable son los detalles que recordamos. No recuerdo nada de ese libro, ni al autor, sólo el llanto.

En cambio:

Del amor idealizado: El Quijote de Cervantes y sus acrobacias en el monte, que Sancho debía atestiguar para contarle a Dulcinea cómo su amo había perdido la cabeza por ella.

No olvido la escena donde Emma (Madame Bovary, de Flaubert) acude a comprar el veneno para ratas. La desilusión es total, la pasión romántica no es una realidad sostenible.

De los dilemas del adulterio o el amor confuso: Anna Karenina viendo por la ventana del tren que será su verdugo; la conversación a bordo del barco en la entrañable novela La última escala del Tramp Steamer, de Álvaro Mutis, o la acertada descripción del gozo sensual y su cercanía con el corazón de Constance en El amante de Lady Chatterly, de D.H. Lawrence. Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós, describe en el Madrid decimonónico los dilemas del amor de Carlos Santacruz, entre dos mujeres de clases sociales y personalidades distintas.

De la sensualidad del amor: Infaltable El amante, de Margueritte Dura (la película también es sensacional), la ternura, la belleza, el silencio. Todo está entre esos dos jóvenes que se inician en artes amatorias, que no están exentas de comprometer el corazón. Dafnis y Cloe, de Longo, es también una novela del descubrimiento del deseo entre dos pastores adolescentes. El Quinteto de Mogador, de Alberto Ruy Sánchez, celebra la belleza perenne del rito amatorio. Es libro de cabecera.

Sobre la imposibilidad de que los cuerpos se amen despojándose de la moral represora y la sexualidad timorata, cuando los años 60 inauguraban el derecho al placer en hombres y mujeres, Playa Chesyl, de Ian McEwan. (Otras novelas de McEwan exploran las obsesiones del amor y sus consecuencias, como Amor perdurable, donde un hombre que se obsesiona con otro arguye que el destino los ha reunido cuando salvaron al niño en el globo aerostático).

Del enamoramiento: “El beso”, de Chejov, da cuenta de el estado alterado, de la invención del amor que resulta de sentirse elegido por un beso equivocado. En La Plaza del Diamante, de Mercé Rodoreda, el momento en que Colometa baila con el chico que será su marido, que estará en el frente durante la Guerra Civil, es de una transparente dulzura difícil de olvidar.

Del amor que perdura, García Márquez nos regaló El amor en los tiempos del cólera, donde la escena fluvial al final de la novela acomoda los avatares de la vida cotidiana y el enamoramiento, para felicidad de Fermina Daza. (Mientras la leía bauticé así una de las muñecas de mis hijas, imitando a mi madre que puso a los perros que alguna vez tuvimos nombres de personajes de Fortunata y Jacinta, de Galdós).

Del amor que se acaba: La mañana debe seguir gris, de Silvia Molina, es dulce y dolorosa, la joven entusiasmada y la muerte del poeta. Todo a la vez. Suave melancolía. Y el cuento “Intimidad”, de Raymond Carver, cuando aquel hombre no resiste visitar a su exmujer a quien ha mandado sus artículos publicados sin cesar a lo largo de los años, y se hinca y le toma la bastilla del vestido y dice “perdón”.

Y El túnel, de Sábato, que comienza con la confesión del protagonista de que mató a la mujer que más amaba…

Propongo que añadan los suyos: sus amores y lecturas.

Mónica Lavín (DF, 1955) es autora de novelas, cuentos y crónicas. Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, Narrativa de Colima por Café cortado y Premio Iberoamericano de Novela Elena...

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