La remodelación que dio lugar al aspecto actual de Paseo de la Reforma y las avenidas Juárez e Independencia cumplió veinte años el pasado 25 de marzo. Aunque siempre fueron calles destacadas, se requirió todo un proyecto para hacer de ellas un atractivo turístico.
Las flores de temporada en el camellón, los recorridos del “turibús”, las amplias banquetas y más detalles que hoy hacen todo un paseo de cualquier recorrido en la zona llegaron cuando el entonces Distrito Federal apostó por una ciudad más recreativa.

Esta ocasión, Mochilazo en el Tiempo comparte la transición que vivió la CDMX para contar con el corredor turístico Reforma-Alameda-Centro Histórico.
Una remodelación para disfrutar la CDMX
No se puede poner en duda el estatus de Reforma como la avenida insignia del país. Al ceremonial desfile del 16 de septiembre se le suman eventos ocasionales, como las celebraciones futboleras, y otros anuales como la Marcha del Orgullo LGBTQ+ o el desfile de catrinas por el Día de Muertos.
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Con o sin día feriado, el paisaje urbano suele tener un cierto encanto estético que convence tanto a capitalinos como a visitantes de tomarse una foto en el camellón de la avenida, con “el Ángel” detrás. Dirían los jóvenes, es un lugar “instagrameable”.

Aunque hoy se trata de actividades cotidianas para la CDMX, a inicios de los años 2000 no era el caso. Cuando el Gobierno del Distrito Federal (GDF) anunció el plan para atraer turismo a la ciudad y darle prioridad a Reforma y la Alameda Central, las dudas y la crítica no tardaron en llegar.
Era marzo de 2001 cuando Julieta Campos, secretaria de Turismo del DF, dio a conocer el proyecto de la administración del entonces jefe de gobierno de la capital, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Se contemplaba remozar asfalto, banquetas, camellones y jardineras, pero también mejorar la seguridad de la zona y generar empleos.

Para entonces, decía la funcionaria, esta ciudad era un destino popular para hombres de negocios, pero no para vacacionistas, entonces había que dar una nueva imagen a la zona.
El GDF hizo mancuerna con la inversión privada, de modo que no fuera necesario depender del presupuesto de la administración de AMLO, por lo que el proyecto arrancó con relativa libertad, aunque sí hubo opiniones en contra.
Un punto muy cuestionado era la intención de abrir cafeterías con mesas al aire libre, que los restauranteros rechazaban porque, al situarse sobre las aceras, creían que tendrían grandes pérdidas con las marchas o protestas que son comunes sobre Reforma y Juárez.
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Sin embargo, el GDF tenía un plan más ambicioso que cambiar el mobiliario urbano e implementar cafeterías: se contemplaban también centros comerciales, hoteles de cinco estrellas, edificios residenciales y el reordenamiento del tráfico.
Para los aspectos urbanos se encargó un Plan Maestro de Desarrollo a la Facultad de Arquitectura de la UNAM, mientras que plazas como Reforma 222 y Parque Alameda (con sus departamentos contiguos) quedaron en manos de los inversionistas a través de licitaciones.
El cambio llegó a Eje Central, pero con retrasos
Contra reloj, diciembre de 2001 cerró en el DF con algunas luminarias, árboles y adoquines nuevos como adelanto de las obras en Reforma, mientras que las nochebuenas engalanaron, por primera vez, el tramo entre el Ángel de la Independencia y la Palma (hoy Ahuehuete). También se celebró el inicio de los cimientos de Reforma 222, se puso en marcha la llamada “policía turística” (que contaba con agentes bilingües) y se presentó el prototipo del autobús turístico o “turibús”.
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Sin embargo, el GDF no se dio abasto para cumplir con sus propias fechas. La “nueva cara” de Reforma, que López Obrador quería entregar por completo en 2004, avanzó con menos velocidad de lo esperado y se inauguró por tramos, los primeros dos en 2003 y los últimos dos en 2006.

El primer tramo fue de la Fuente de Petróleos Mexicanos hasta la calle de Lieja, donde se ubica la Torre BBVA. Aquí se realizó una rehabilitación para reparar el piso de aceras y camellones y se arregló la jardinería.
El resto sí fue una remodelación más radical, por lo que en mayo de 2003 AMLO inauguró el tramo sólo de la Torre BBVA al cruce con avenida Insurgentes. La novedad fueron las casi 400 mil plantas nuevas con una red de riego, nueve palmeras, cerca de 200 luminarias peatonales y banquetas más amplias con rampas.

En las siguientes etapas también los automovilistas del DF verían los cambios, pues fue con este mismo proyecto que se decidió crear una glorieta en la esquina de Reforma y Bucareli, a la par que se reordenaron cruces peatonales y entradas vehiculares.

Con esas obras, la remodelación por fin alcanzó el tramo en que el proyecto abordaba la avenida Juárez, ya era el año 2005. Con la candidatura de AMLO para la presidencia, a inicios de año era claro que Juárez y la Alameda los estrenaría su sucesor.
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A lo largo de 2005, el cambio de banquetas y asfalto en el tramo de la hoy llamada “glorieta del caballito” al Eje Central desquició la circulación.
Esta última fase renovó también la avenida Independencia, famosa por el Teatro Metropolitan, la cual recibió su propia “manita de gato” junto con las calles que la conectan a Juárez, como Luis Moya, Revillagigedo, Dolores y López.
La imagen actual de la avenida Juárez nació en esta época con la restauración del Templo del Corpus Christi, de la Plaza Santos Degollado (junto al Barrio Chino) y con la construcción del Hotel Hilton, de la plaza Parque Alameda y del habitacional Puerta Alameda, en Revillagigedo 18.
Por fin, el 25 de marzo de 2006, el entonces jefe de gobierno, Alejandro Encinas, cortó el listón en Independencia, donde señaló que las obras atendieron los daños y el abandono que provocó el terremoto de 1985.
A pesar de que la ceremonia se manejó como conclusión del proyecto, tanto el conjunto arquitectónico de Reforma 222 como la Plaza Juárez, donde hoy se ubica la Secretaría de Relaciones Exteriores, se abrieron al público años después.
De lo que no hay duda es que el proyecto tuvo suficiente visión como para que veinte años después, ya no el DF, sino la CDMX fuera un destino recreativo y hasta corredor cultural de variadas exposiciones para mexicanos y extranjeros.






