Desde México 1986, para la afición futbolera es habitual que cada mundial de futbol cuente con una personalidad femenina que amenice la justa, todo a raíz de un comercial cervecero para TV en el que destacó una joven artista.
Hoy les llaman “novia del mundial” y la primera fue Mar Castro, que por entonces comenzaba su carrera escénica. Con su figura escultural, su playera recortada y una actuación sutil pero sensual, Castro acaparó la atención del público mexicano.
Para ella, aquella popularidad fue un dilema entre las apariencias, que fascinaron a los fans, y sus intereses artísticos fuera de la pantalla.
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Mochilazo en el Tiempo recuerda la fiebre por el spot de TV y las andanzas de Mar Castro, artista que nació en España, llegó a México de adolescente y hoy vive en Los Ángeles.
Más amada que Hugo Sánchez
En medio de la agenda mundialista del 86, la cervecera Carta Blanca buscó extras para grabar un comercial destinado a la televisión mexicana, en el que se vería un estadio con una multitud echando porras.
Aunque en teoría todos en pantalla eran extras, la cámara hizo un discreto enfoque a la chica con la playera que mostraba el logo de Carta Blanca, que resaltaba por la belleza natural y el rítmico contoneo de la intérprete.

No era casualidad, pues según contó la propia Mar Castro a este diario en 2006, el plan original de Carta Blanca era grabar con “la Princesa Lea”, una popular vedette de la época y a la que descartaron de último momento por su edad.
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Gracias a la agencia en la que trabajaba, Castro obtuvo el trabajo y el camarógrafo -al que la anécdota sólo nombra como “El Coyote”- se encargó de destacarla cuando la fanaticada salía a cuadro coreando el clásico ¡chiquitibum a la bim bom ba!
En la misma entrevista de 2006, Mar Castro explicó que había mucha gente usando la misma playera, y como el camarógrafo le había avisado que la enfocaría, a ella se le ocurrió recortar la prenda para destacar entre la multitud.

El resultado fue que en unos días su memorable actuación en el spot ya estaba en boca de todos, sin importar la duda de quién era la sensacional chica.
En las páginas de EL UNIVERSAL, el “Reportero Cor” la bautizó como La Señorita Chiquitibum. Según escribió, ella se “impuso con su alegría, la curva del cuerpo, la cintura de avispa, el traje veraniego, la sonrisa franca”.
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“Ya no sabemos para quién es la porra, si a los seleccionados nuestros o a la mágica moza. Es en todo caso una heroína”, esa era la fiebre por La Señorita Chiquitibum, según Cor.

A finales de junio del 86 nuestra reportera de Espectáculos, Alma Quintana, visitó el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, donde se presentaba Sonata de espectros, con Mar Castro como “la cocinera gorda”.
Lo que una semana antes era una puesta en escena con diez espectadores se convirtió en un completo sold out: ni una plaza libre en las butacas y una muchedumbre de nuevos fanáticos invocando a La Chiquitibum a las afueras del recinto.

Se sabe que el grueso de los futboleros son caballeros y Quintana lo entendía, pues dijo que “bastantes aficionados pueden asegurar que se hizo más amada que el mismísimo Hugo Sánchez”.

El “bonito accidente” de ser La Chiquitibum
La repentina popularidad tenía a Mar Castro tan alegre como nerviosa. Lo dijo en confianza para EL UNIVERSAL porque, un mes atrás, la reportera de nuestro diario, Alma Quintana, había cubierto otra puesta en escena que contaba con Castro en el elenco.
“Mar Castro es tímida, pero como la conocimos en la obra de Kiman el Grande en el año 3000 se muestra más abierta con nosotros”, anotó la reportera, mientras la actriz se peinaba antes de ir a un coctel que le organizaron.

Lo primero que Quintana quiso saber era cómo se sentía Mar, de 20 años, con la fama que le llegó de la noche a la mañana. Sin dejar de arreglarse, la actriz respondió tan sincera como aguda:
“Siento tantas cosas: alegría, nervios, ansiedad, son muchas cosas. Creo que esto durará unos días, quizá dos meses, y después nadie me tomará en cuenta... ¡si no hago algo!, ¡algo importante!”.
Alma pensó que era una idea pesimista, pero la joven aclaró: “aman a un personaje que hice, no a Mar Castro... aman a la Señorita Chiquitibum... y eso para mí ha sido un bonito accidente; pero nada más”.

Dijo además que no quería explotarse como imagen de una firma de cerveza, como tampoco pensaba en sí misma como una mujer sexy. En cambio, se mostró muy enfocada en su esfuerzo como actriz de reparto:
“A mí me hubiera gustado que todas las entrevistas y las fotografías y las visitas a estudios de televisión se hubieran generado por mi personaje en Sonata. La cocinera gorda. La del papelito que tú has visto”, le insistió a la reportera.
Mar Castro se mantuvo firme en su opinión de la fama mundialista. Por las mismas fechas la entrevistó en TV el conocido periodista Jacobo Zabludovsky y ella lo reiteró: la popularidad le habría sabido mejor si hubiera llegado por un personaje teatral.

La vida después del Mundial México 86
Posicionarse en el mundo de la actuación era más que una meta profesional de Mar Castro. Como muchas a su edad, luchaba con la opinión de sus padres, aunque en la entrevista se notaba que su dedicación no era una etapa.
Invertir media hora en caracterizarse como “la cocinera gorda” valía la pena, dijo, porque incluso un personaje así “es vital en la obra: represento el mal, soy un personaje que no permite que haya amor a su alrededor”.

Con el paso de los años, Mar Castro continuó su carrera como una artista que nunca “se colgó” de la fama como La Señorita Chiquitibum.
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En cuanto pasó la fiebre por México 1986 comentó que prefería que la llamaran sólo “la chica del mundial” (y al menos en las páginas de este diario, el mote genérico de “novia del mundial” aparecería hasta 2010).
Entre los años 80 y los 2000, Mar Castro participó en producciones de la pantalla grande y chica, como la telenovela El camino secreto (1986) o la película Amor y básquetbol (2000).

A veinte años del mundial que la popularizó, EL UNIVERSAL la entrevistó de nuevo y compartió su trabajo ya en 2006:
“Mucha gente ha creído que no hago nada, que estoy parada, pero no es así; estoy muy activa: hago conciertos, produzco discos, hago programas de televisión y soy dueña de una compañía productora de espectáculos”.
En 2016, Mar Castro abrió una cuenta de Instagram y en diez años ha compartido tanto fotos personales como recuerdos de su vida en el espectáculo. Aunque no es muy activa y no sube contenido sobre su vida laboral, su perfil es toda una galería de nostalgia.
Castro optó por esa faceta de productora, pero la afición se quedó con la idea de tener una “novia del mundial”, una joven carismática que la haga de porrista para todo México -que no sólo para los seleccionados en la cancha.
Ironías de la vida, en años recientes se reporta que modelos o creadoras de contenido muestran interés por ganarse ese lugar en el corazón de los mexicanos, pero ninguna se ha “viralizado” como la primera, como la que no quiso ser “la chica del mundial”.

