Texto: Liza Luna
En cualquier circo a comienzos del siglo XX, uno podía toparse con un letrero que invitaba a admirar a los “artistas más pequeños del mundo”. Rodeadas de lupas y con cadenas alrededor del cuello, robando el protagonismo a leones y elefantes, minúsculas pulgas chupasangre tiraban de pequeños carruajes como si fueran poderosas bestias de carga o vestían atuendos de gala para un baile con orquesta.
Los llamados circos de pulgas asombraron a miles de curiosos durante varias décadas, revelando las supuestas habilidades circenses de la Pulex irritans o pulga humana, un animal que en cualquier otra situación daría asco o comezón.
Cabe aclarar que las pulgas no son estrellas natas de circo. Su presencia en el espectáculo se debió a su reducido tamaño y facilidad de crianza, pues sólo comían sangre y no ocupaban espacio como otros animales circenses.
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Sobre sus acrobacias, podemos afirmar que se lograron gracias a tratos crueles, como pegarlas a una superficie y hacer que se movieran como si estuvieran danzando. En palabras del sitio web Bizarro Bazar y “visto desde la perspectiva de la pulga, el circo parece un lugar de crueldad y terror, donde un carcelero sádico y gigantesco somete a sus prisioneros a una interminable serie de torturas”.

Presentación de un antiguo circo de pulgas. Fuente: YouTube/British Pathé.

Las pulgas pertenecían al espectáculo desde hace siglos
¿Por qué no vemos arañas bailando con diminutos vestidos o a grillos anotando un gol con una pelota de algodón? Desde hace siglos, el mundo circense aseguró y prometió que la Pulex irritians era la estrella perfecta para espectáculos minúsculos, considerándola “más inteligente y dispuesta” que otros insectos.
La Pulex irritans es un espécimen sorprendente, menos caprichoso que sus compañeras. Del tamaño de una abeja, seis patas y capaz de saltar 200 veces su altura, la pulga humana puede vivir en diferentes sitios, alcanzando de un brinco a su restaurante andante preferido para chupar sangre y esconderse sin ser descubierta, mientras que las pulgas de perro y gato deben habitar entre el pelaje de su huésped.
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De acuerdo con el sitio web The American Scholar, en 1578, el herrero inglés Mark Scalliot realizó una pequeñísima y detallada artesanía: una cerradura y una llave minúsculas que pesaban menos de un gramo. Para generar más asombro, el herrero encadenó tales objetos al cuello de una pulga, demostrando lo diminuto de su obra.

Esta acción miniatura inspiró a otros relojeros y joyeros a crear artículos que requerían de una lupa para apreciarse, y a usar a la Pulex irritans como modelo estrella.
Pero la fama de las pulgas humanas no se conformó con el modelaje. En 1830, el italiano Louis Bertolotto dio el salto para establecer el primer circo pulgoso, con “una sátira de la vida diaria a través de las pulgas”, según describió el sitio NewScientist.
Bertolotto vistió a estos insectos con minúsculos atuendos de damas y caballeros o de combatientes de la batalla de Waterloo, encadenándolas por el cuello o torso y logrando que se movieran a su voluntad. NewScientist afirmó que las pulgas circenses del italiano podían tirar de “una carroza diminuta, un buque de guerra completamente equipado o bailar al son de una orquesta de doce músicos [también pulgas]”.
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Estos shows no requerían de alguna arena o gradas, bastó con una sencilla mesa que tuviera todos los artículos miniatura que moverían las pulgas y un par de lupas para los espectadores. Por unos cuantos centavos, uno podía arremolinarse alrededor del sencillo escenario y ver a estos insectos hacer sus trucos.

De acuerdo con Andrea Buhler, en su investigación A Historical Examination of the Study of the Flea, el show de Bertolotto se llamó Exhibición Extraordinaria de Pulgas Trabajadoras y se ubicó en la Regent Street de Londres, Inglaterra. Como parte de su acto, el domador de insectos entregaba un panfleto de 24 páginas a todos sus visitantes, retratando los descubrimientos que obtuvo tras interactuar con la Pulex irritans y parte del adiestramiento que implementó con sus “artistas”.
Uno de los datos más interesantes fue cómo alimentaba a las pulgas, permitiendo que le chuparan sangre de su brazo.
La Exhibición Extraordinaria de Pulgas Trabajadoras sólo “contrató” a estrellas hembras, por considerarlas más inteligentes que especímenes masculinos. “Las seguidoras del movimiento por los derechos de las mujeres se alegrarán de saber que todas mis tropas consisten en pulgas hembras, pues considero a los machos inútiles, […] excesivamente testarudos y totalmente reacios a trabajar”, afirmó el italiano.
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El circo pulgoso de Bertolotto tuvo gran éxito en Europa y América, pero también ganó algunos detractores. Varios naturalistas aseguraron que no existía tal cosa como “adiestrar o educar” a una pulga y que los presuntos actos circenses que realizaban en realidad eran “intentos de escapar de sus cadenas”.


Para ser pulga circense, tenían que pasar por algunas pruebas
Louis Bertolotto fue el “profesor” más reconocido en el mundo de pulgas circenses –a los domadores de estos insectos se les hacía llamar “profesor” por sus conocimientos casi científicos de la Pulex irritans–, pero para el siglo XX hubo otros hombres que destacaron con su espectáculo de estrellas pulgosas.
Uno de ellos fue el suizo William Heckler. Según apuntó el libro Wild Tigers & Tame Fleas de Bill Ballantine, el espectáculo de Heckler era muy sofisticado, con artistas de seis patas importados desde Europa, “traídas en el cuerpo de un marinero confiable o algún otro portador humano cooperativo”.
Ballantine asistió a uno de los espectáculos de Heckler, en un establecimiento de Nueva York. A diferencia de otras compañías pulgosas que se movían con circos itinerantes, el “profesor” suizo ya tenía local fijo y cobraba 25 centavos la entrada.
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Siendo un lugar reducido, no entraban más de 10 personas, así que tenían hasta 12 presentaciones por día y con la garantía de que, si alguna estrella de seis patas sufría algún accidente, de inmediato saldría otro insecto a completar el acto.

Para pertenecer a esa compañía circense, cada espécimen debía completar tres pruebas. En la primera, Heckler metía a las candidatas a un frasco de vidrio y lo acercaba a una fuente de calor; al aumentar la temperatura, algunas pulgas saltaban sin control, mientras otras recorrían el frasco de manera organizada en busca de un punto frío; esas eran las primeras seleccionadas.
La segunda eliminatoria involucró un estrecho tubo de 30 centímetros de alto y sólo las pulgas que lograran saltarlo eran finalistas. La última prueba implicó encerrar a estos insectos en un frasco transparente durante largo rato, dejando que se golpearan la cabeza y cuerpo con cada brinco que daban.
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“Después de una larga y triste experiencia, y tal vez mucho dolor, la pulga decide no volver a saltar tan alto", describió Ballantine en su libro. Una vez que la pulga logra esta prueba, Heckler le colocaba un arnés de cobre alrededor del cuello para integrarla con sus demás artistas pulgosos.

Los domadores de pulgas como William Heckler lograban que sus estrellas realizaran actos circenses gracias a sus diminutas cadenas, con un agarre que no debía ahorcarlos, pero tampoco darles libertad de movimiento. También era común usar líquidos irritantes o golpeteos en la mesa, aprovechando los intentos de escape del insecto para simular que realizaban un espectáculo a voluntad.
De acuerdo con Ballantine, el adiestramiento practicado por el “profesor” suizo duraba tres semanas y cada pulga sólo dominaba un truco durante su corto tiempo de vida.
A fin de aprovechar todas las características de sus pulgas, Heckler destinó a los especímenes más grandes a jalar un carrusel o carruaje; las más ligeras eran bailarinas y aquellas que tuvieran las patas más largas eran pateadoras o corredoras de carreras.
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Al igual que Bertolotto, el domador suizo escribió un folleto de 16 páginas para sus presentaciones llamado Puli-cology, donde detalló algunos datos que aprendió sobre estos insectos y los trucos que les “enseñó”.

El mundo de las pulgas circenses también tuvo dinastías, como la familia Ruhl, responsable de llevar el primer espectáculo con Pulex irritans a Estados Unidos a mediados del siglo XIX. En su edición del 21 de enero de 1926, EL UNIVERSAL ILUSTRADO publicó una entrevista con el “profesor” Othon Ruhl, uno de sus miembros.
El entrevistado interactuó con las Pulex irritans desde la infancia, pues “tuve la paciencia de juntar algunas pulgas vivas y observarlas de cerca hasta conocer un poco de sus costumbres. De ahí salió mi cariño, mi pasión por ellas”, afirmó.
Ruhl sintió gran afecto por sus estrellas y aseguró que estos “animalitos despreciados” tienen nobles sentimientos; incluso sostuvo que “el mundo de las pulgas es más amable que el mundo de los hombres”.
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Según comentó a EL UNIVERSAL ILUSTRADO, sus conocimientos sobre pulgas eran tan amplios que con un solo vistazo a través de la lente de aumento podía discernir si una pulga era inteligente o tonta. Para ese entonces, su circo contaba con 350 estrellas de seis patas y aseguró que 12 de ellas eran verdaderas maravillas de la naturaleza.


En México se inventaron las pulgas vestidas
Este curioso entretenimiento tuvo gran audiencia en Europa o Estados Unidos, y México no se quedó atrás. Según recuperó EL UNIVERSAL en el 2010, entre el siglo XIX y comienzos del XX, la Ciudad de México albergó presentaciones diarias de compañías pulgosas, cuya entrada costaba de 10 centavos y permitía el acceso a toda la familia.
Pero, los mexicanos no se conformaron con ver a la pulga en espectáculos de circo y también aprovecharon su diminuto cadáver para vestirlo y venderlo como artesanía.
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Según recuperó Grethel Delgado para el sitio EsBarrio, a finales del siglo XIX, monjas de Taxco, Guerrero idearon las pulgas vestidas. A especímenes muertos, ya fuera de Pulex irritans o de Ctenocephalides canis que habita en perros, se les disecó con alcohol, se cubrieron de esmalte y, con mucha paciencia, se les colocaron pequeñísimos trajes típicos, vestidos de novia o cualquier atuendo que se pudiera confeccionar con esas dimensiones.

Según apuntó Brendan Lehane en su libro The Compleat Flea, “en México, la iglesia ha sido mecenas del arte de las pulgas”. De acuerdo con sus datos, las monjas dedicaban mucho tiempo a hacer confecciones miniatura y, “en lugar de modelar personas microscópicas, encontraban modelos ya hechos en el mundo de los insectos”.
Este tipo de artesanía en miniatura se transmitió a otros pobladores, quienes “ponían a sus hijos a atrapar las criaturas de perros, gatos y de ellos mismos” para vestirlos y venderlos por unos cuantos centavos.
En julio de 1927, EL UNIVERSAL ILUSTRADO describió a las pulgas vestidas como artesanías tan únicas que se vendieron en sitios exclusivos de Estados Unidos y con el sello Made In Mexico, hechas por hábiles artistas rústicos que tenían la paciencia de vestir insectos tan diminutos.
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En la actualidad ya no se realizan este tipo de recuerditos y sólo unas pocas están bajo resguardo del Museo Universitario del Chopo, así como de otros recintos internacionales como el Carnegie Museum of Natural History en Pensilvania, Rothschild Zoological Museum en Inglaterra y el Museum of Childhood en Edimburgo.


De igual forma, los circos de pulgas dejaron de ser un espectáculo exitoso después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los nuevos hábitos de higiene disminuyeron la presencia de estos insectos en la vida cotidiana y el cine o televisión se convertían en principales medios de entretenimiento.
Según apuntó la BBC, el último circo de pulgas vigente es el Flohzirkusun de Alemania, aún abierto para amenizar las festividades del Oktoberfest. En repetidas ocasiones enfrentó la pérdida de sus estrellas debido a los cambios de temperatura, como ocurrió en abril del 2013 cuando toda la compañía circense de 300 Pulex irritans murió de frío y fue muy complicado encontrar reemplazos.
De acuerdo con el sitio BizarroBazar, desde 1930 existen “circos de pulgas sin pulgas”, siendo espectáculos que jubilaron a estos insectos y optaron por ilusiones ópticas con imanes para simular la presencia de la Pulex irritans sin la necesidad de encadenar a más de estos seres de seis patas o correr riesgos de perder a sus artistas diminutos.
Estos circos sin pulgas aprovechan la magia y engaño para evitar el maltrato que miles de insectos sufrieron durante décadas, aunque nunca serán tan llamativos como solía ser admirar a una pequeña chupasangre actuando para los humanos.

Presentación de un circo de pulgas sin pulgas. Los trucos se realizan con ayuda de imanes o por medio de aparatos sincronizados. Fuente: YouTube.
- Fuentes:
- Hemeroteca EL UNIVERSAL
- Ballantine, W. (1958). Wild Tigers & Tame Fleas. Nueva York: Rinehart.
- Buhler, A. (2017). Fanciful but not Forgotten, a Historical Examination of the Study of the Flea 1840-1930. EU: University of Wisconsin Milwaukee.
- Cockerill, T. (s.f.). Mexican dressed fleas. En Dr Tim Cockerill.
- Delgado, G. (11 julio 2017). El arte de vestir a las pulguitas es auténticamente mexicano. En EsBarrio.
- Flohcirkus - Oktoberfest Guide
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- Harding, D. (s.f.). Dressing Fleas. En Carnegie Museum of Natural History.
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- Lawton, G. (18 diciembre 2012). Fleadom or Death: Reviving the glorious flea circus. En NewScientist.
- Lehane, B. (1969). The Compleat Flea. London: Murray Publishing.
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